Los genios de la tecnología comparten una afición con los parasicólogos: todos quieren leernos la mente.

“¿Qué estás pensando?”, dice la pregunta más famosa de internet y millones de usuarios la respondemos cada día en trance casi hipnótico. Mark Zuckerberg, el geek que reinventó nuestra manera de hacer amigos, parece sentir el mismo placer de invadir nuestra privacidad que Uri Geller, el célebre mentalista que dobla cucharas a distancia y manda mensajes con el pensamiento. No debe ser casual que Geller haya sido llamado, entre muchas cosas, el “Psíquico del ciberespacio”: fue cuando pasó de las presentaciones de televisión a tener una columna en un sitio web. Aún bajo el reinado de la trinidad WWW, leer la mente es un talento sexy: “El descubridor del nuevo campo de energía que conecta una mente con otra en la telepatía […] merece un premio Nobel, y probablemente lo obtendría”, ha escrito con desdén el catedrático de Oxford Richard Dawkins, un biólogo evolucionista que no cree en telépatas. La ironía es que, hasta donde parece, los científicos están más cerca de alcanzar la telepatía que los amantes de lo paranormal.
PIONEROS DE LO EXTRAÑO
Sigmund Freud se quejaba de que en veintisiete años de recibir a gente extraña en su diván nunca le hubiera tocado un caso irrefutable de trasmisión de pensamiento. En cierta ocasión, un paciente le contó por carta que había presentido el parto de su hija mientras dormía. En el sueño, el hombre no solo había percibido el nacimiento de su nieto –a la hora exacta en que ocurría en realidad–, sino que había visto que llegaban gemelos y que uno de ellos era pelirrojo, tal como sucedió. “Me satisfaría mucho si lograse convencerme y convencer a los demás de la existencia de procesos telepáticos mediante observaciones fidedignas; pero no se puede negar que los datos anexos a este sueño son demasiado escasos”, escribió el padre del complejo de Edipo en un artículo de 1922.
Otra paciente le relató que había escuchado la voz de su hermano llamando a su madre en el momento exacto en que, le contó después una enfermera, él agonizaba con las mismas palabras tras ser herido en la guerra. Freud lo atribuyó a que el testimonio evidenciaba el complejo de Electra. El fundador de la psicología de las profundidades se proclamó neutral sobre esta línea del ocultismo, pero dejó un mandato que sus herederos se han encargado de desobedecer: “[…] es el psicoanálisis quien puede fomentar el estudio de la telepatía, aproximándonos, con ayuda de sus interpretaciones, al entendimiento de muchos elementos incomprensibles que presentan los fenómenos telepáticos, o demostrando que otros fenómenos, aún dudosos, son, en efecto, de índole telepática”. Lo triste es que por lo menos hasta fines de los setenta, el de los psicólogos estadounidenses era el gremio científico más renuente a aceptar los fenómenos psi.
A pesar de ese boicot por desgano, el territorio de lo inexplicable ha sido cartografiado con más rigor por exploradores de bata blanca que por médiums. Al botánico J.B. Rhine se le atribuyen los primeros estudios serios sobre la telepatía, en el primer tercio del siglo XX. “Fuera de los círculos de la parasicología, Rhine no es bien recordado ahora, pero en su tiempo fue el Einstein de lo paranormal”, asegura Stacy Horn, una escritora estadounidense que hace poco rescató la extraordinaria historia escondida de sus archivos en el libro ‘Unbelievable’ (HarperCollins, 2009). En una época en que el público todavía reverenciaba a los médiums y sus supuestas fotografías de fantasmas, Rhine y su esposa, doctorados ambos por la Universidad de Chicago, canalizaron su talento a la búsqueda de pruebas científicas de la vida después de la muerte: no solo desenmascararon a la mentalista favorita de Sir Arthur Conan Doyle, sino que fundaron el Laboratorio de Parasicología de la Universidad de Duke, que durante años se convertiría en uno de los centros de investigación paranormal más importantes del mundo.
Rhine pensaba que, de ser ciertas, las percepciones de los médiums no eran contactos con los muertos, sino mensajes mentales de personas vivas. Para estudiarlos, el catedrático apeló a la estadística con el fervor de un ludópata: realizó cientos de pruebas en que un sujeto “emisor” observaba tarjetas marcadas con cinco posibles figuras (estrella, círculo, ondas, cuadrado o cruz) y trataba de transmitir cada imagen con el pensamiento a un sujeto “receptor”, que debía adivinarla. A más aciertos, más evidencias.
Pero su método no podía gustar a todos: siempre es más fácil desconfiar de alguien que, entre otras cosas, persigue fantasmas. Y sin embargo, para cuando una conspiración de escépticos lo empujó al retiro, hacia los años sesenta, J.B. Rhine ya había captado el interés de buena parte de la comunidad científica y cultural, desde el propio Albert Einstein hasta el psiquiatra Carl Jung o el escritor Aldous Huxley. También, faltaba más, de varias corporaciones y de las fuerzas armadas.
(Continua...)
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[Este es un adelanto del artículo "El pensamiento es un arma de guerra", que acabo de publicar en el nuevo número de la revista Cosas Hombre].
Cronista. Es editor de publicaciones. Fue editor general de la revista Etiqueta Negra. Es autor del libro de no ficción: «Sombras de un rescate: tras las huellas ocultas en la residencia del embajador japonés» (2007), publicado el sello editorial Planeta. Ha sido becario del Edward R. Murrow Program for Journalists, organizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el Aspen Institute, y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. En diciembre del 2006 recibió el premio anual de Derechos Humanos y Periodismo otorgado por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú. Una de sus crónicas fue escogida por la revista colombiana Gatopardo entre las diez mejores historias publicadas en diarios de América Latina en el 2004. Es coautor de: «La muerte se escribe sola» (2006), una novela basada en hechos reales publicada por Agenciaperu y la editorial Aguilar. Es uno de los cronistas incluidos en la antología «Locos, malos y virtuosos» (2007), de Editorial Recreo. Trabajó como reportero en los diarios El Comercio y La República.
2 Comentarios
Espero la segunda parte!
solo Jesus podia leer el pensamiento.
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