A propósito del caso del muchacho trujillano que se cortó los genitales por considerarlos extraños a su cuerpo, recupero este post en que expliqué el llamado Desorden de identidad de la integridad corporal. No puedo saber si este es el caso, pero se le parece bastante. Juzguen ustedes.

["Las vidas de estas mujeres consideradas escandalosas no han sido otra cosa que pequeños episodios revolucionarios vetados por la inseguridad de los varones de su tiempo"].

Un trío de jóvenes arquitectos estadounidenses diseñó el que podría ser el edificio del futuro: una estructura autosostenible que aprovecha la luz solar y el agua de la lluvia para funcionar, y que crece como las plantas que la envuelven.

La evolución tecnológica parece llevarnos de vuelta a vivir entre los árboles. El caso más evidente es un edificio diseñado a manera de una enorme enredadera o uno de esos troncos formados por varias ramas enrolladas entre sí, típicos de los bosques tropicales. Se llama La Torre del Injerto (The Graft Tower) y no sólo plantea un nuevo concepto para construir las viviendas del futuro, sino que propone un cambio radical en la idea de lo que debe ser la vida en las ciudades.
Hartos de ver cursiladas promovidas por brujas de bisutería y psicoterapeutas de manual para dummies, los miembros de este club mantenemos el derecho a ver el lado extraño de las cosas. Aquí unos apuntes.

En los Balcanes existe la tradición de que si una mujer desea conquistar a un hombre específico, debe recoger un poco de tierra en la que su víctima haya estado parada, ponerla en una maceta y sembrar allí una caléndula. Se supone que a medida que la flor se desarrolla, el receptor del hechizo caerá enamorado de la autora. Considerando las cosas que vienen a continuación, esta parece una rareza infantil.
Estoy siguiendo la serie de J.J. Abrams con un interés inusual: ocurre que hace unos años pude visitar esa prisión que alguna vez fue considerada la más dura del mundo. Aquí unos apuntes al vuelo sobre lo que recuerdo.

Hay una celda arreglada para suavizar la imagen de Alcatraz. Es un cubículo del tamaño de un compartimento de tren, con una cama, un lavatorio, una repisa y una pequeña mesa atornillada a la pared. La cama luce un cobertor de tela áspera, doblada con cuidado. La vista de los curiosos que llegan a este punto suele saltar de un libro a un cepillo de dientes, una camisa colgada en la pared, una toalla. Más que el lugar de encierro para un convicto, parece la habitación de un recluta, acaso el dormitorio de una persona tranquila y austera. Ningún dato te da señas sobre su último dueño, de modo que con frecuencia escuchas a los visitantes especular en medio de risas, como quien comenta la escenografía de una película de policías y ladrones. Pero el silencio de los objetos desentona con los antecedentes de sus usuarios: quien haya dormido allí estuvo alguna vez entre los criminales más peligrosos de Estados Unidos, gente que llegaba derivada de otras cárceles en las que ya no la aguantaban porque se portaba demasiado mal. Por ejemplo, el interno que terminaría apuñalando a Al Capone con unas tijeras tras una disputa casual.
La escritora Susan Sontag decía que los artistas son como héroes que viajan a los confines del subconsciente para explorar la esencia del ser humano y que sus obras son los trofeos de ese viaje. Algunas de esas creaciones son reflejos de la belleza que las inspira y resultan fascinantes para cualquiera de nosotros, pero cada cierto tiempo uno de esos exploradores sacude la escena artística con piezas excepcionalmente crudas, de un impacto que puede herir sensibilidades y escandalizar conciencias. En este grupo está el artista chino Cao Hui.

Una visita a Oaxaca, la capital de la gastronomía mexicana, es un viaje de descubrimiento. En pocos lugares, un solo bocado supone un acto tan radical como cruzar una frontera, romper un prejuicio y rescatar una tradición. Todo a la vez.

Alguna vez corrió la noticia de que el ahora fallecido líder norcoreano era un ícono de la moda. Aquí un apunte recordatorio a sugerencia de los miembros de este club.

Los genios de la tecnología comparten una afición con los parasicólogos: todos quieren leernos la mente.

Mientras las series de televisión se empeñan en resolver secuestros y asesinatos ficticios, existen espacios dedicados a recopilar los objetos utilizados en delitos verdaderos y a recordar a los hombres que los cometieron.

Si has tenido alguna experiencia -razonablemente coherente- de telepatía, envía un mail con detalles del caso a la dirección elclubdeloinsolito@gmail.com. Es para una investigación sobre el tema.
Una muchacha que nació sorda acaba de experimentar la recuperación de oído gracias a la ciencia. Hace ocho semanas le pusieron un implante que le permitió escuchar su propia voz por primera vez en la vida. Ella misma colgó el video del momento preciso en que le activan el aparato. Francamente conmovedor. Te hace pensar en lo que tienes y no valoras. Tal vez todos deberíamos nacer sordos y aprender a escuchar.
Khemmikka Na Songkhla es una terapista alternativa de Bangkok que ofrece tratamientos de belleza y salud a punta de cachetadas. Sea terapias faciales e incluso para aumento de busto, se la puede ver repartiendo lapos a pacientes confiadas en que su vida va a cambiar radicalmente y para bien. La mujer incluso les ofrece cursos para aprender a meter cachetadas terapéuticas.
Un divertido programa del cable dice que el planeta quedará completamente a oscuras una semana después de que los humanos hayan desaparecido de las calles. Con el tiempo –décadas o siglos, esperemos– las grandes construcciones comenzarán a colapsar a causa del desuso, y la naturaleza recuperará el espacio perdido durante centurias. La extinción de la especie ha dejado de ser negocio de esotéricos para convertirse en comidilla de sociólogos y científicos pop. Pero aquí las malas noticias: no hay que especular demasiado, las ciudades fantasma son cosa del presente.

La mezcla es confusa, pero apreciable para esta comunidad de amantes del emprendedurismo freak. Todo empieza con un equipo de fútbol español que necesita tener garantizadas nuevas generaciones de seguidores. Entonces se le ocurre crear un banco de esperma que servirá para cultivar a sus futuros socios. ¿Cómo garantizar que la gente acuda a donar con entuisiasmo? Pues con una película que une los tópicos más recurrentes de la cultura pop: el porno y los zombies. Complicado? Aquí el trailer que lo explica todo.
[17.09.11]
El Laboratorio de Máquinas Creativas de Cornell realizó el experimento de poner a conversar a dos Chatbots inteligentes para ver qué resultaba. Pues bien, todo parece indicar que la guerra de los sexos se traslada al mundo cibernético. Aquí una conversa reveladora.
Este sondeo de había hecho esperar. Hace tres años, este club consultó a los internautas sobre quién debía ser considerado el peruano más inteligente de la historia. Tras una avalancha de opiniones, el ganador fue Santiago Antúnez de Mayolo, eminente ingeniero, físico y matemático. Tras el Premio Nobel obtenido el año pasado por Mario Vargas Llosa, cabe preguntarse por mentes brillantes brillantes en distintos campos que podrían traernos la segunda medalla.

Pues sí, existe una especie de sociedad secreta (no tan secreta, pero igual de fervorosa) de gente que adora este tipo de tela como si fuera el Santo Grial. Los miembros del The Corduroy Appreciation Club, alrededor de tres mil quinientos, tienen un peculiar aprecio por los trajes confeccionados con ese material y, por el contrario, detestan a quien se atreva a presentarse ante ellos con algo de terciopelo encima.
Aquí un reportaje sobre una de sus reuniones anuales, en la que todo asistente debe llevar al menos dos prendas de corduroy o estará mal vestido y deberá retirarse.
(Recomiendo ver los tres primeros minutos; pero también, a partir del 04:52, una nota al hombre más elegante del mundo: el legendario periodista Gay Talese habla sobre su célebre estilo al vestir).
Put This On, Episode 7: Personal Style from Put This On on Vimeo.
La pasión pelotera en el Perú es pariente natural de la astrología: casi siempre los lectores de cartas resultan más acertados que los comentaristas deportivos y no hay que pasar por alto el hecho de que el único hombre capaz de levantar nuestros bonos responde al cariñoso apelativo de El Mago. Así las cosas, no es extraño que, ajustando nuestros niveles de bipolaridad anímica, nos proyectemos a debutar en canchas instaladas fuera de la órbita terrestre. Y ojo que esta no es otra nigromancia de los especialistas en aplacar a la hinchada: resulta que un equipo de físicos ya hizo los cálculos de lo que tomaría organizar un campeonato mundial digno del Supercholo.

El escritor británico G.K. Chesterton decía que todos los hombres de la historia que han hecho algo con el futuro tenían los ojos fijos en el pasado. Los anarquistas de la sociedad de consumo han convertido esa advertencia en una celebración del reciclaje: ropa que parece robada de los baúles de Julio Verne, muebles idénticos a los de las fotos de la bisabuela, artefactos de la era digital que lucen engranajes y tuercas. Un nuevo fetichismo nos quiere convencer de que el siglo XXI será más glamoroso a medida que nos haga parecer anticuados.
