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    <title>El Blog de la Copa América</title>
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    <updated>2008-01-15T16:46:56Z</updated>
    <subtitle>MIGUEL VILLEGAS. Perú. Periodista a ratos. Dice que quiere ser cronista pero ni él mismo lo cree. Estudió Comunicaciones en una universidad de Lima y se graduó –con honores– en la tribuna popular del Estadio Nacional. Estrenó traje de enviado especial en Cerro de Pasco, a 4.380 m.s.n.m., se comió el 0-5 de Perú bajo los 45 grados de Barranquilla y hace poco estuvo en México persiguiendo a Luis Horna, el tenista más importante e impredecible del país. Terminó recogiendo los pasos del Chavo del Ocho en Acapulco. Hoy está en Venezuela, a dónde ha viajado con el objetivo de gritarle un par de cosas a Hugo Chávez y traer la Copa América de vuelta a casa luego de 32 años. Si no lo hace, le ha prometido a su viejo no volver. </subtitle>
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    <title>EL DIEZ</title>
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    <published>2007-07-08T02:36:40Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:46:56Z</updated>

    <summary>Juan Carlos Mariño es hijo de Uribe aunque lleve el nombre de su peor enemigo. El técnico lo cobijó en Cienciano y le dio pasaporte de selección. Quienes todavía creen en la justicia en el fútbol asumen que por su...</summary>
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        <![CDATA[<p>Juan Carlos Mariño es hijo de Uribe aunque lleve el nombre de su peor enemigo. El técnico lo cobijó en Cienciano y le dio pasaporte de selección. Quienes todavía creen en la justicia en el fútbol asumen que por su talento. Los mal pensados –que siempre son mayoría- dicen que fue para elevar su ego y sentirse el entrenador que borró del mapa al 'Chorri' y encontró su sucesor.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El volante, claro, no tiene la culpa. Mezquinar su costado artístico, su habilidad, es una patada artera para los que confiamos –todavía– en el fútbol lírico. Obvio, mi ideal es once Mariños envueltos en el espíritu de Paolo Guerrero. Eso no existe. Y el volante de Cienciano no merece cárcel ni deportación por eso.</p>

<p>Lo hizo bien ante Uruguay, de hecho una producción que trajo al presente la vieja figura de Roberto Palacios en 1997. Luego, cuando le tocó asumir el liderazgo ante Bolivia, mandó dos veces la pelota a la cabeza de Pizarro y el partido terminó 2 a 2. </p>

<p>Frente a la Argentina, ahí donde hizo la secundaria y donde tenía que graduarse de jugador, simplemente desapareció.</p>

<p>En su primera Copa América, Mariño se sumó al grupo de jugadores seleccionables. El balance del clon de ‘Tripita’, el viejo cómico ambulante, tiene que ser positivo. Además, ya está dicho, Perú no está para esos lujos. El segundo pie derecho del país tiene que estar en el grupo para las Eliminatorias. Ya jugamos sin Solano y ya vimos lo que pasó.</p>]]>
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    <title>MI MARCIANO FAVORITO</title>
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    <published>2007-07-08T02:36:40Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:46:06Z</updated>

    <summary>El de hoy, más que de países, es un choque entre sus educaciones: La Argentina, que le pone en el biberón de los pibes generosas dosis de testosterona (huevos, pues). Brasil, en donde los &apos;bajitos&apos; aprenden a hacer acrobacias al...</summary>
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        <![CDATA[<p>El de hoy, más que de países, es un choque entre sus educaciones: La Argentina, que le pone en el biberón de los pibes generosas dosis de testosterona (huevos, pues). Brasil, en donde los 'bajitos' aprenden a hacer acrobacias al mismo tiempo que matemáticas. La final de esta tarde alcanza niveles que superan al fútbol y se olvidan de la cédula de identidad. De hecho, no hay forma de explicar el aluvión de periodistas que arrasará con los palcos de la cancha hoy y que, en el caso de los colegas de Emiratos Árabes, Somalia, Rusia o Antillas Neerlandesas, apenas saben pronunciar Messi o Robinho. Pero que quieren una entrada. Y que se van a pelear con todo el mundo por obtener, como tuve que hacer yo para conseguir la mía.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El técnico y escritor Ángel Cappa me dice desde Madrid que Lionel Messi ya sabe de la empinada escalera que subió Maradona hasta la gloria y que, consciente o inconsciente de eso, la 'Pulga' salta dos peldaños por el precio de uno. La sensación en Maracaibo, más allá de que todo el mundo periodístico quiere que sea un encuentro abierto, con muchos goles, casi prohibido para pacientes con dolencias del corazón, es una sola: quieren saber quién será el mejor de la Copa América. No el equipo, sí el jugador. La interrogante ha planteado dos respuestas. M de Messi, R de Robinho. Marquemos la correcta, pues.</p>

<p><br />
El caso del goleador de la Copa (6 tantos) es increíble: llegó al aeropuerto de Maiquetia silbando bajito, consultado a cada momento por qué no lo acompañaban dos de sus mejores cómplices, Kaká y Ronaldinho. Es muy probable que se marche de Venezuela con excesivo sobrepeso, producto de los elogios que arrancó su talento. </p>

<p><br />
Brasil y Argentina. Alfio Basile ha confirmado al mismo equipo, que en realidad es un equipazo. Dunga, desde la otra orilla, alinearía a Fernando en lugar de Gilberto Silva, el capitán suspendido. </p>

<p><br />
Así las cosas, solo queda ir a la cancha o solo resta prender la tele Y esperar que se repita, en versión corregida y mejorada, la final de Lima. Carlitos Tevez ha dicho que no se olvida cómo lo 'cargaron' los brasileños en Lima. Es argentino. Habla en serio. <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>SER PERIODISTA PERUANO EN VENEZUELA ES...</title>
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    <published>2007-07-04T20:23:48Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:45:15Z</updated>

    <summary> ... Ir a la concentración de Perú en el hotel La Pedregosa todos los días y esperar que no haya ninguna novedad. Es decir, que a ninguno le haya dado por pensar en sus caballos, ni que otro hable...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="prensa.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/prensa.jpg" width="350" height="263" /></p>

<p>... Ir a la concentración de Perú en el hotel La Pedregosa todos los días y esperar que no haya ninguna novedad. Es decir, que a ninguno le haya dado por pensar en sus caballos, ni que otro hable como si sus oyentes fuésemos especialistas en filosofía barata y zapatos de goma. No ha pasado, felizmente. Pero hay que estar atentos…<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p></p>

<p>...Cantar en Himno Nacional de pie, como si estuvieras en Tiwinza y no en el precioso Metropolitano de Mérida o en el increíble Pueblo Nuevo de San Cristóbal.</p>

<p><br />
...Colgar una banderola peruana en el estadio –cuando nunca en tu vida lo has hecho– y darte un abrazo cholo (con beso y groserías) delante de una voluntaria venezolana que según tus parámetros de belleza pierde su tiempo aquí pues tendría que postular para Miss Universo.</p>

<p><br />
...Esperar que Claudio Pizarro despierte, como la noche del martes ante Bolivia, aunque uno no crea necesariamente que volverá a pasar. Y sacar pecho por él, y preguntar al tipo que tienes al costado en la sala de prensa de Mucumbarila ¿cuántos jugadores de tu país jugaron y jugarán en el poderoso Chelsea?, y decir, con alguito de soberbia, que está un peldaño por encima del apagadazo Diego Forlán, por ejemplo.</p>

<p><br />
...Saludar a diario a Paolo Guerrero, un tipazo, un jugadorazo, un ejemplo, y preguntarle, con mucho miedo, si no le duele algo, si está bien de los tobillos, si no tuvo pesadillas. Y con más miedo aún esperar la respuesta. Que será, casi siempre: “Sí, viejo, todo bien…”. A pesar de que en el partido anterior lo hayan molido a patadas o que el árbitro, esos condenados que nos tocaron en lo que va de la Copa América, no le cobre goles hechos.</p>

<p><br />
...Aprender de la caballerosidad de Leao Butrón, un arquero que pocas palabras y grandes gestos, que puede estar almorzando, hablando por teléfono a larga distancia con sus hijas en Lima, pero se da diez segundos y te da la nota y se queda media hora contigo preguntándote si sabes algo de la San Martín.</p>

<p><br />
...Comer mal y caro. Beber bien y barato.</p>

<p><br />
...Volverse loco con las chicas venezolanas, otra prueba más de que los seres celestiales existen.</p>

<p><br />
...Extrañar tu casa, tu cama, tu novia, a tus viejos y a tus pulgas. Extrañar mi escritorio en la redacción del diario más importante e influyente de Lima (en el que, según he leído, no merezco trabajar). Extrañar la combi que tomo a diario. Extrañar al tipo que no tenía blog.</p>]]>
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    <title>QUIERO CHIFA</title>
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    <published>2007-07-02T01:24:17Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:44:33Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="IMG_2161.JPG" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/IMG_2161.JPG" width="350" height="263" /></p>

<p>Espero que mi novia no lea este post: He descubierto la impotencia. Mi impotencia. El platillo era delicioso, tenía la mejor pinta que he visto en los últimos siete días. Olía rico y su sabor debía ser digno de esta tierra, San Cristóbal, en donde cada mujer es una postal. Salivé, busqué la billetera, hice cuentas y dije que sí. Quiero comer. Quiero comerte.</p>]]>
        <![CDATA[<p>“Si usted quiere esta costilla, le va a costar 21 bolos, señor”. Maielé ha visto mi cara de hambruna y ha dado el primer paso. Tiene ojos verdes, cabello oscuro, usa un blue jeans Kosiuko y usa, también, un hilo dental negro que sobresale, jala, invita, atrae, transtorna. Maielé –así tiene escrito en un solapero– trabaja en ROS Chinese Food como mesera. La costilla a la que se refiere es una de cerdo en salsa (de tamarindo, peruanicémos), parte de un combo espectacular de arroz frito con pollo a la cebolla sin picante. Bah, chaufa menú combinado adornado con nuggets. Comida peruana por fin. O lo que se le parezca. Estoy en Venezuela hace ocho días y he castigado al estómago a punta de Frescolita (gaseosa con sabor a Kola Inglesa), Pepsi vinotinto (Pepsi combinada con vino), Ice Tea (té helado), agua (gasificada), Trident (de fresa), aire (de Mérida primero, de San Cristóbal después), pollo de brasas (pollo a la brasa) y ansias, muchísimas ansias.</p>

<p>Este chifa venezolano es lo más hermoso que he visto en esta tierra de mujeres terribles y sabrosamente perfectas.</p>

<p>Maielé sirve un combo que tiene pinta de combazo. Pago 21 mil bolívares, sigo salivando, tomo un taxi aunque quiero que sea un avión. Ya en la habitación 103 del hotel Incret, sospecho que olvidé pedir algo pero... naaa, no me hago caso. Tiro la mochila y me lanzo de cabeza sobre la bolsa de papel en la que traigo la primera comida decente de esta vida venezolana. Desagraciada sorpresa: Maielé, en respuesta a mi antojadiza forma de (ad) mirar el hilo dental que ella deja ver apenas se voltea, no me ha puesto cubiertos. Nada. Ni palitos chinos, ni nada.</p>

<p>Espero que mi novia lea este post: de los 78 kilos con los que ella me dejó en el aeropuerto Jorge Chávez de Lima, volverán 70. Ha ganado. Sigo bajando. A pura impotencia.</p>]]>
    </content>
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    <title>FELIZ DÍA</title>
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    <published>2007-06-29T18:46:11Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:43:37Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="CHELA1.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/CHELA1.jpg" width="350" height="467" /></p>

<p>El perfil de este blog dice que soy un periodista a ratos. Es cierto. Hace tres noches (27 de junio) Venezuela festejó nuestro día y bueno, aunque no hay mucho que festejar aquí porque ser hombre de prensa es mala palabra, yo sí lo hice. Tarde, es decir, anoche, dos horas después de llegar al estado Táchira, ciudad San Cristóbal, e instalarme en uno de los exóticos hoteles que en esta época de fútbol tiene habitaciones libres.</p>]]>
        <![CDATA[<p>A 60 kilómetros de esta ciudad, el taxista y nuevo amigo, Marcos Tulio Rodríguez (0058-416- 7746729), me dijo, después de certificar que lo que cuelga en mi pecho es una credencial de la Copa América, y después de recordar que hace 72 horas hubo fiesta en Mérida para todos los periodistas de Venezuela y el mundo, y que èl no pudo dormir por semejante bullaza, <em>“Feliz día, ¿no?”</em>. Yo le respondí, aturdido por el viaje y con mi mejor cara de imbécil <em>“Sí, está bueno porque todavía no llueve...".</em></p>

<p>Él se echó una carcajada y antes de llegar a La Fría, un pueblito en donde hace un calor de los diablos todo el año, estacionó el auto en donde viajábamos el reportero gráfico Lino Chipana y yo, y cumpliendo diez puntos su rol de anfitrión, nos invitó una Polar Ice a cada uno. Unita. Tres mil bolívares, nomás. Una sola cerveza para festejar el día del periodista en casa ajena y de paso, para no extrañar tanto a la que fabricamos en el Perú.</p>

<p>El perfil de este blog dice que soy un periodista a ratos. Reconocido y agasajado publicamente por este taxista bonachón al que llevaba cuatro horas de conocido, lo he recordado. Feliz día, Miguel Villegas Morillo. No te vayas a olvidar jamás de esta fecha. Prometido.</p>]]>
    </content>
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    <title>DE BOLETO</title>
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    <published>2007-06-28T01:13:04Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:42:55Z</updated>

    <summary> Más que un recolector, soy un fetichista. Lo he descubierto hace unas horas, cuando no quería moverme del estadio esperando que los once de Perú repitan el 3-0 como si estuviera frente a la Sony de mi casa. Lo...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="boletoa.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/boletoa.jpg" width="350" height="467" /></p>

<p>Más que un recolector, soy un fetichista. Lo he descubierto hace unas horas, cuando no quería moverme del estadio esperando que los once de Perú repitan el 3-0 como si estuviera frente a la Sony de mi casa. Lo he descubierto un poco tarde, aunque lo sospechaba hace mucho. Sobre todo cuando quiero encontrar algo importante en un cajón y me topo con lo menos importante de cajón. No sé, el boarding pass del primer viaje que hice con carnet de periodista, el croquis a mano de la universidad en donde trabajaba quien luego sería mi novia o la etiqueta de un Levi’s 501 que me costó un año de propinas en 1995. Están, también, una factura del Bembo’s de 200 soles, una pelota Golty desinflada sin haber recibido puntapié o claro, esa vieja camiseta del club Huracán, el <em>equipazo de barrio </em>que supo hacer de mí un pésimo número 5. Y así.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Los souvenirs heroicos escasean, pero abundan los otros. Esos que han resistido el paso de los años con el único objetivo de ser desaparecidos del mapa cuando llegue el día de la revancha. Que no avisa y puede tocarte a 3.438 kilómetros de tu país, una tarde de junio del 2007.</p>

<p>De esos que te recuerdan que eres un perdedor en el sentido más pelotero de la palabra, tengo uno que es mi favorito. Es el ticket electrónico <em>made in Colombia </em>que recuerda el debut oficial de Freddy Ternero como técnico de la selección y mi estreno como periodista internacional. <em>Fue en Barranquilla y fue 0-5.</em> Y fueron noches de insomnio y un viaje de retorno bastante rabioso porque a nadie le gusta escuchar a un par de fofos –de primitivo conocimiento futbolero– murmurar que ese chiquillo peruano es el fanático más perderdor en la historia universal del balompié.</p>

<p>Por eso, el boleto de entrada al Perú 3 Uruguay 0 del martes significa tanto. Viniendo de Lampa con Miro Quesada, no todos los días se festeja una victoria que hace la bulla de diez. Por eso, he decidido limpiar mis cajones a la vuelta, botar toditas las baratijas y reemplazarlas por este ticket. <em>Ya ni me acuerdo del 0-5 en Barranquilla.</em> Estoy pensando en los cinco boletos que vienen hasta la final de la Copa. </p>]]>
    </content>
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    <title>La cucaracha racing</title>
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    <published>2007-06-27T03:02:06Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:42:11Z</updated>

    <summary> No es el país de Servando y Florentino ni de las Misses ni del Puma. Ya no. Venezuela es el altar mayor del reggaeton, esa música chiclosa que hace su guarida en tu cabeza y se queda alojada, largas...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="cuca.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/cuca.jpg" width="350" height="467" /></p>

<p>No es el país de Servando y Florentino ni de las <em>Misses</em> ni del Puma. Ya no. Venezuela es el altar mayor del reggaeton, esa música chiclosa que hace su guarida en tu cabeza y se queda alojada, largas noches, sin permiso. Tanta es la devoción por el ritmito que ha hecho millonario, por ejemplo, al ilustre William Omar Landrón, un tanque portorriqueño mejor conocido como Don Omar, que en el estadio Metropolitano de Mérida en donde estoy hace dos horas –el reloj de la <em>notebook</em> dice que son las 3:45 p.m.- no ha sonado una sola melodía del himno de esta patria rica. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Nada. Es curioso viniendo del país más militarizado de esta parte del continente. No suena el himno. No. Aquí todos escuchan, por unos parlantazos inubicables, un mix de Tito 'El Bambino', Tego Calderón e Ivi Queen. Aquí en la cancha o en el lugar de moda, <em>La Cucaracha Racing</em>, al que los venezolanos le dicen el templo. Del reggaeton, obvio. ¿Mano al pecho? Ja. Mano en tu cadera, mami. </p>

<p>Los minutos pasan, el tono no cesa. Raya. Loquea. Pero entusiasma. Incluso yo, que no bailo ni muerto, sigo escuchando atentamente la propuesta indecorosa de Ivi Queen: “Dile a tu vecina que lo mueva ahora”. Mi vecina en la cuarta fila, asiento 324 de la tribuna preferencial, es uruguaya y hace una hora ha recibido tres pepazas. Que suban el volumen y ella lo escuche, porfa.</p>

<p>Si así va a ser la previa de todos los partidos de Perú en la Copa América, con reggaeton, con reggaeton, reggaeton. Atraco. Y bailo.</p>]]>
    </content>
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    <title>¿Él  también juega, no?</title>
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    <published>2007-06-26T00:59:19Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:40:33Z</updated>

    <summary> En la Copa peruana fue el Chasqui y claro, explicarlo de vuelta sería ocioso. Y aquí no hay ninguno. Esta de Venezuela ha elegido, luego de una convocatoria nacional en la que participaron todos los niños en edad escolar,...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="Guaki.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/Guaki.jpg" width="350" height="383" /></p>

<p>En la Copa peruana fue el <em>Chasqui</em> y claro, explicarlo de vuelta sería ocioso. Y aquí no hay ninguno. Esta de Venezuela ha elegido, luego de una convocatoria nacional en la que participaron todos los niños en edad escolar, un ejemplar que habla maravillas de cuánto saben de política estos enanos: <em>una guacamaya</em>. Es decir, un loro. Es decir, una especie que suele repetir cosas sin sentido. <em>Es decir un hablador</em>. Un boconazo. Es decir.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>La mascotita ésta anda por calles, paneles, taxis y camisetas. Y acabo de percatarme de que es famosísimo aquí. Tanto como el único presidente en Sudamérica que tiene nombre de galán de telenovela venezolana: Hugo Rafael. Ese mero que está cuidando mis 75 kilitos, una grabadora digital –perdón, <em>la IC Recorder</em>– que no sé usar y mi cepillo de dientes Oral B. Ese mero que, orodondazo, ha sugerido con el mayor de los respetos que hoy despachará a la Bolivia de su choche Evo Morales y luego, el 15, cenará al Brasil de su adú Lula. El mismo que el otro día infló el pecho y casi sin respirar, lo dijo:</p>

<p>–<em> “Cuidado Lula. Será un 3-0 en la final, anótenlo”.</em></p>

<p>Por lo demás, je, el hombre más poderoso de Venezuela –y de Mérida, obvio– no se ha metido en esto del fútbol. <em>Todavía.</em> Un amigo venezolano –cuyo nombre no revelaré por estrictas medidas de seguridad y porque, dice, todavía quiere a sus costillas en su sitio– me ha dicho que la elección de Guaki, el lorito este, es un cachetazo irónico para la mal ganada fama del mandatario: <em>“Un lorito parlachín como símbolo de la Copa de Hugo, qué bueno estuvo esso pue”</em>. El amigo es de Mérida y eso significa que no lo quiere mucho al Comandante: hace unas semanas se desbarató aquí un complot para asesinarlo. No lo quieren ni en foto carnet.</p>

<p><br />
En fin. Mejor será no acercarnos mucho a Guaki (ni al amigo). El que he visto todos los días en la puerta del Mucumbarila –la sala de prensa donde paso el día y parte de la noche– mide cinco metros, tiene un pico que bien podría arrancarme la cabeza y la mirada perdida del militar a punto de ir a combate. <em>Mejor de lejitos.</em> El que no he visto, salvo en los afiches del Gobierno Bolivariano Revolucionario, es peor. Y está en San Cristóbal, para mi buena suerte.</p>]]>
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    <title>Yo no vuelvo</title>
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    <published>2007-06-25T00:40:55Z</published>
    <updated>2008-01-15T16:39:23Z</updated>

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        <name>Miguel Villegas</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="LIMA1.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/elblogdelacopa/LIMA1.jpg" width="350" height="263" /></p>

<p><br />
Mi viejo me lo dio hace quince años, con el pretexto de que no había tenido tiempo para comprar un regalo y con el pretexto de que así y solo así aprendería el saludable oficio del ahorro. Yo no era lo que soy ahora y no quería serlo, tampoco. Se supone que iba a escribir un libro, que mi novia se lo iba a entregar a una editorial importante, que esta iba a tocar la puerta de mi casa y que, luego de agotar la tercera edición, sería famoso.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>No ha pasado (todavía).<br />
Pasará.</p>

<p><br />
Desde 1992, el billete ha viajado por toda mi casa y por tres países. Ha estado dentro de unas zapatillas blancas de educación física que ya no me quedan, envuelto en el pañuelo que llevé a mi fiesta de promo, caleta y calientito en la panza de una Pantera Rosa de peluche. Ha pasado migraciones en Barranquilla, ha tomado sol en Viña del Mar, ha buscado al Chavo del Ocho en Acapulco. Estuvo a punto de pagar mi última borrachera universitaria. Pudo entrar en la caja chica del Queirolo, el día que publiqué mi primera nota en El Comercio pero ahí estuvo otro billete para salvarlo. Siempre ha estado ahí, en el bolsillo más chiquito del blue jean, cumpliendo su chamba, haciendo méritos, fungiendo de guardaespaldas.</p>

<p><br />
Mi viejo me lo dijo esa mañana de noviembre:</p>

<p>- <em>“Yo sé que estos 50 dólares los vas a saber usar”</em></p>

<p><br />
Es cierto. El billete que me dio mi viejo en 1992 ha llegado a Mérida hace unos minutos con la firme intención de quedarse: voy a usarlos para pagar la penalidad de cambio de fecha para el vuelo de regreso. La despedida ha sido solemne. Demasiado diría. No ha sido triste, no. Ha sido el desprendimiento natural de una etapa que tiene que irse. El reloj dice que ha llegado la hora de no ser segundos. La primera vez que cubrí como periodista una Copa América ha sido la última en la que hinché por Argentina. <em>Es hora de cambiar de camiseta</em>. Por eso, yo a Perú no regreso el 6 de julio, como está escrito en la reserva. Yo a mi casa vuelvo con la Copa el 16.</p>]]>
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