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    <title>Ejecutivas</title>
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    <updated>2010-03-16T15:43:52Z</updated>
    <subtitle>En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía &amp; Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!
Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de &quot;Mujeres Batalla&quot; (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.</subtitle>
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    <title>María Eugenia de la Puente: “Estoy muy identificada con mi patria”</title>
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    <published>2010-03-16T12:46:54Z</published>
    <updated>2010-03-16T15:43:52Z</updated>

    <summary>Hija de un guerrillero muerto cuando ella tenía diez meses de nacida, creció en Cuba y México. Regresó, hoy brilla como empresaria. Su mayor compromiso, empero, es lograr que el trabajador peruano interiorice los favores de una gestión de calidad....</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Hija de un guerrillero muerto cuando ella tenía diez meses de nacida, creció en Cuba y México. Regresó, hoy brilla como empresaria. Su mayor compromiso, empero, es lograr que el trabajador peruano interiorice los favores de una gestión de calidad. Solo así –asegura- el país saldrá adelante</strong></p>

<p><object width="480" height="295"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/OKC1AbV_avc&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/OKC1AbV_avc&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"></embed></object></p>

<p>La empresaria que el año pasado facturó unos 30 millones de soles, acaba de recibirse como administradora. Lo hizo por cumplir con el formalismo, pues el oficio ya lo había aprendido en la cancha. María Eugenia De la Puente tampoco terminó el colegio en una escuela, pues su madre maestra consideró que sus hijos se formarían mejor en casa. </p>

<p>Nació un año antes de que su papá, al frente de la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucinaria (MIR) partiera al Cusco para iniciar una revolución con el apoyo del campesinado. Su padre murió en el intento. Ella, a la cabeza de Dentilab del Perú, una empresa que fabrica productos médicos descartables, no solo da trabajo a cientos de peruanos, está formando a ciudadanos que juntos podrían lograr un Perú mejor.</p>

<p><br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Está levantando una nueva fábrica en Lima Norte. En esos 7.000 metros cuadrados está habilitando espacios para dar trabajo a minusválidos. ¿Por qué lo hace?</strong><br />
Porque esa es la obligación de todo empresario. Esa debería ser parte de nuestra responsabilidad social empresarial; y algo por lo que no se nos tendría que dar un reconocimiento o un valor especial. Nosotros vamos a hacer rampas, en mi planta actual no puedo contratar a personas con parálisis o algún problema en las piernas porque no tengo rampas, solo escaleras. <br />
 <br />
<strong>Estudió en México. Allá, con su hermano y su madre fundaron una hoy reconocida industria de dispositivos médicos…</strong><br />
Sí, es la primera empresa mexicana en dispositivos médicos.<br />
 <br />
<strong>Si todo marchaba tan bien allá, ¿por qué regresó al Perú?</strong><br />
Porque soy muy… no sé si usar la palabra nacionalista (ríe)… pero esa es la palabra. Yo soy una persona muy identificada con mi patria.<br />
 <br />
<strong>Vendió sus acciones y con ese dinero abrió aquí la empresa. No tenía conocimientos, no había hecho una carrera.</strong><br />
Entre comillas no tenía conocimientos, porque yo estaba muy preparada en temas de administración: yo inicié Dentilab en México con mi hermano y con mi mamá, nosotros nos iniciamos como importadotes y yo gané bastante experiencia en importaciones y comercialización de productos; y, en el proceso, nos fuimos convirtiendo en fabricantes.<br />
 <br />
<strong>Todo lo aprendió sobre la marcha.</strong><br />
Sí, porque yo empecé a trabajar a los 16 años. <br />
 <br />
 <strong>Su labor, sin embargo, no es únicamente empresarial. También trabaja con gremios de agricultores, pescadores…</strong><br />
De enfermeras, asistentas sociales… ¡Yo manejo un tema muy lindo! Hace siete años fuimos la primera empresa de dispositivos médicos en obtener un certificado de calidad (ISO), y cuando pregunté cuántas empresas certificadas había en el Perú, me dijeron que entonces eran 150. La empresa que nos había certificado era colombiana. Les pregunté: “¿Y en Colombia?”. “Cuatro mil”. Entonces dije: “Yo voy a poner mi granito de arena y apoyar en el tema de certificación”; y desde esa fecha vengo apoyando en temas de gestión de la calidad. Acá tengo un auditorio en el que damos charlas gratuitas, tenemos ya a más de dos mil personas capacitadas.<br />
 <br />
<strong>¿De qué le sirve a una enfermera, a un pescador, conocer de gestión de calidad?</strong><br />
El pescador artesanal, por ejemplo, tiene que conocer cuáles son las características de calidad mínimas que debe tener su producto para que pueda ser consumido por el mercado. Tenemos que darles una consciencia de lo que es calidad. Si se tratase de acuicultores, que cultivan conchas de abanico, les explicamos qué es lo que requieren para poder exportar.<br />
 <br />
 <strong>Está sembrando ciudadanos que van a ejercer su oficio con una mayor calidad.</strong><br />
 Tiene que ser así, porque sino no van a poder exportar. De nada nos va a servir firmar Tratados de Libre Comercio si es que de la mano no vamos con el tema de la gestión de la calidad y certificaciones internacionales.<br />
 <br />
 <strong>Es hija de Luis De la Puente Uceda. Él murió cuando usted tenía un año.</strong><br />
Diez meses.<br />
 <br />
<strong>¿Cómo se crece sabiendo que su papá fue un guerrillero?</strong><br />
Con muchísimo orgullo, porque él fue un guerrillero siendo, a la vez, hijo de los grandes terratenientes del norte: la hacienda de los Uceda es hoy una provincia: Julcán (en La Libertad).<br />
 <br />
<strong>Ha dicho que su papá es el Che Guevara del Perú.</strong><br />
Sí.<br />
 <br />
<strong>Su papá decidió usar las armas. Su arma, más bien, es la orientación, así está formando a pescadores, agricultores, enfermeras…</strong><br />
Es importante ubicarnos en el tiempo: 1965 (cuando al frente del MIR, en el Cusco, De la Puente Uceda se levantó y murió) es sumamente distinto a 2010. Y dadas las circunstancias, mi papá murió por una reforma agraria que años después se dio. Muchos piensan que la reforma agraria retrasó al Perú, yo no lo veo así: la reforma agraria le dio al campesino la posición que debía tener. Ya nunca más el campesino fue vendido como parte de una tierra. Eso fue por lo que mi padre dio su vida, y eso se ha cumplido. Ahora tenemos que trabajar mucho más y ya no usar las armas, sino la sensibilidad. Si nosotros no nos sensibilizamos, va a haber otros que utilicen las armas porque siguen habiendo injusticias… No debemos esperar a que se levanten ni protesten, tenemos que ser conscientes de que hay quienes tienen necesidades y de que tenemos que ayudarlos en la medida de nuestras posibilidades. Ese es el mensaje que yo creo estar dando desde hace muchos años.<br />
 <br />
<strong>Esa es su misión, más allá de su labor empresarial.</strong><br />
Yo te aseguro que recibo a más representantes del agro, de la pesca y de demás gremios, que muchos congresistas. <br />
 <br />
<strong>Hasta la fecha ha capacitado a más de dos mil personas, ¿qué ha recibido a cambio?</strong><br />
Nada, salvo la satisfacción de haberlo hecho. Si bien yo doy mi auditorio, algo muy importante que resaltar es que los ponentes tampoco cobran; y te hablo de ponentes de alto nivel. Hemos contado con expertos internacionales que ni siquiera nos han cobrado por su pasaje para estar acá… Yo pienso que la mayor parte de las personas en el mundo somos buenas, lo único que tenemos que hacer es unirnos, integrarnos. Lo que hace falta es iniciativa.<br />
 <br />
<strong>Años después de la muerte de su papá, usted, su madre y su hermano recibieron apoyo de Fidel Castro. Gracias a él recibió educación en Cuba y después a México.</strong><br />
 A través del comité central, Fidel Castro nos invitó a Cuba, nos dieron una vida extraordinaria, se ocuparon de todo. Yo siempre comento que nosotros somos industriales gracias a Fidel, que se dio el trabajo de llevarnos a conocer todas las fábricas cubanas. Si tú me preguntas cómo se hace el yogurt, una refrigeradora, los puros… yo sé. <br />
 <br />
<strong>¿Cuál es su opinión de él hoy en día?</strong><br />
Él es un hombre grande. ¡El Ché y Fidel eran uno!<br />
 <br />
<strong>Hoy, tras la muerte de Orlando Zapata (el disidente político preso que murió tras 85 días en huelga de hambre) se está cuestionando más que nunca el régimen cubano.</strong><br />
 Imagínate que el Perú estuviera bloqueado, que no permitieran que ningún otro país nos venda algo, ¿qué sería del Perú? Eso sucede con Cuba, y a pesar de todas las injusticias que se dan, Cuba sigue en pie.<br />
 <br />
<strong>¿El poder enceguece?</strong><br />
 En el caso de Fidel, no.<br />
 <br />
 <strong>¿Usted cree que la imagen, la labor del empresario peruano está cambiando para mejor</strong><br />
 El empresario es una persona que se esfuerza.<br />
 <br />
 <strong>En las elecciones pasadas a Lourdes Flores el APRA la calificó como la candidata de los ricos, de los empresarios; y se la tumbaron. Usted es empresaria.</strong><br />
Si me ubicas como clase o por mi situación económica –yo soy principal contribuyente-, yo estaría en la A. Pero, si tú me ves trabajando con mis campesinos, me vas a ver como Z. <br />
 <br />
<strong>¿Y dónde se siente mejor?</strong><br />
Solo basta que yo salga a la carretera para que me sienta feliz, porque el aire es otro, el ambiente es otro. Yo me dedico bastante a la parte social, pero siempre estoy pendiente de todo lo que pasa en la empresa.<br />
 <br />
<strong>Tiene tres hijos, ¿cómo redunda en ellos toda esta labor que realiza?</strong><br />
Es difícil ser madre y empresaria. Todo en la vida tiene un precio. Todo en la vida es un sacrificio.<br />
 <br />
<strong>¿Cuál es el precio que está pagando?</strong><br />
El no estar el suficiente tiempo con mis hijos.</p>

<p><strong>Dentilab del Perú</strong><br />
Empresa que fabrica y comercializa dispositivos médicos (jeringas, catéteres, guantes…). Con 12.000 intis, María Eugenia la inició el 87.<br />
 <br />
<strong>Crecimiento</strong><br />
Con 260 empleados, está levantando una nueva planta de 7.000 metros cuadrados en Lima Norte. El año pasado facturó 30 millones de soles.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre: María Eugenia De la Puente De la Puente de Ontaneda.<br />
Colegio: Empezó en el Instituto Pedagógico Nacional de Mujeres, en Lima; siguió en Cuba y después en México, donde terminó a través del sistema de educación abierto.<br />
Estudios: Administradora de empresas de la Universidad Alas Peruanas.<br />
Edad: 46 años.<br />
Cargo: Propietaria y gerenta general de Dentilab del Perú.</strong><br />
 </p>

<p> <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Paola Fassioli: “Hemos llenado el vacío que existía”</title>
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    <published>2010-03-09T14:14:21Z</published>
    <updated>2010-03-09T14:34:59Z</updated>

    <summary>Su marido y su socio son empresarios de éxito. Ella, y la esposa del socio, se unieron. Les están siguiendo los pasos. Osadas, le platearon al creador de una marca mundial de juguetes romper su esquema. Lima fue su tubo...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Su marido y su socio son empresarios de éxito. Ella, y la esposa del socio, se unieron. Les están siguiendo los pasos. Osadas, le platearon al creador de una marca mundial de juguetes romper su esquema. Lima fue su tubo de ensayo. Su idea ha comenzado a ser replicada en el planeta.</strong></p>

<p><object width="460" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/KSmmRlwrg30&hl=en&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/KSmmRlwrg30&hl=en&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="460" height="344"></embed></object></p>

<p>En 1986, en Nueva Jersey, los estadounidenses Rick y Nurit Amdur crearon Alex, una marca de juguetes para infantes que desde entonces ha recibido varios premios a la calidad. El 2005, en Lima, las amigas Paola Fassioli y Maricarmen Campos recibieron un reto de sus esposos: hacer crecer el dinero que les correspondía fruto de las utilidades de las empresas de estos. Ese mismo año, Paola supo de Alex, con su socia partieron a conocer a Rick. Entonces no tenían idea de que le irían a revolucionar el negocio (y mucho menos, que ello iría a revolucionar sus vidas).<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Alex está en más de 80 países, siempre a través de los grandes almacenes. Nunca había tenido una tienda propia, el primer caso se ha dado en el Perú, gracias a usted y su socia.</strong><br />
Exacto. Cuando nosotras decidimos traer la representación de Alex y vinimos con todas las muestras, las presentamos a todos los grandes almacenes –fuimos a Wong, Ripley, Saga, Plaza Vea…- y les encantó porque esta marca tiene juguetes maravillosos para toda edad; y ese era un nicho de mercado que no estaba siendo satisfecho.</p>

<p><strong>Al final, decidieron abrir una tienda exclusiva; y para la inauguración de la segunda trajeron al país al creador de la marca. Cuando él vio sus juguetes reunidos en un solo lugar…</strong><br />
Se quedó helado… No lo había visto nunca. Al día siguiente, cuando nos juntamos para tomar desayuno, nos dijo que quería que seamos las ‘master franchising’ de Alex para toda Sudamérica. </p>

<p><strong>Ya han asesorado a quienes han abierto tiendas en México y Nicaragua.</strong><br />
Y pronto vamos a tener la visita de una pareja de Chile que ya ha comprado la representación de la marca en su país.</p>

<p><strong>Sin embargo, lo irónico de esto es que este no es el rubro en el que ustedes pensaban originalmente trabajar.</strong><br />
No. Nosotras empezamos como socias en un ‘fast food’. Nos gustaba trabajar juntas, teníamos mucha química y, curiosamente, las dos estábamos embarazadas, pero ese negocio no resultó ser nuestra pasión. Además, de cocina, yo no sé nada (ríe)…</p>

<p><strong>Faltaba algo.</strong><br />
Definitivamente. Y cuando habíamos decidido ir a una feria de franquicias en Chicago para otra idea que teníamos, yo me metí a una página web sobre ferias que iban a haber por esa fecha en EE.UU., y vi una de juguetes y artículos para niños que me llamó mucho la atención. Le dije a Maricarmen: “¿Y si mejor vamos a Orlando? He visto una marca de juguetes ¡maravillosa!”.</p>

<p><strong>Ni bien supo de Alex…</strong><br />
Ni bien la vi, le escribí al dueño, a Rick. “Estoy interesada en representar tu marca en el Perú, quisiera reunirme contigo en Orlando”. Así fue, y fuimos.</p>

<p><strong>Es economista, trabajó en el Banco de Lima pero se casó, tuvo a su primer hijo y decidió dedicarse a atenderlo. ¿Cuánto tiempo estuvo así?</strong><br />
Habré estado un año cuidando a mi primer hijo. De ahí, ha salido siempre uno u otro proyecto, pero nada se lograba concretar al 100%.</p>

<p><strong>¿Por qué la necesidad de concretar algo?</strong><br />
Porque definitivamente tengo la vena empresarial.</p>

<p><strong>Su esposo y su socio están en el mundo de las franquicias. ¿Esa fue la razón por la que usted y su socia se animaron por ese mismo rubro?</strong><br />
Más que por ellos, fue cuando conocimos a Alex: era algo que faltaba acá. Te cuento: mis hijos tenían muchos cumpleaños y yo iba a las diferentes tiendas en busca de algo para regalar, pero no encontraba nada; y si había algo, era algo que no me satisfacía al 100%; y menos por el precio.</p>

<p><strong>Si a su esposo le iba bien con su empresa, si no faltaba billete en casa, ¿por qué se lanzó a crear su propio negocio si podía haberse quedado cuidando a sus hijos?</strong><br />
Porque yo soy una mujer que necesita hacer algo; y porque no me he pasado cinco años en la universidad ¡para quedarme en la casa!</p>

<p><strong>Lo curioso es que su socia es la esposa del socio de su esposo.</strong><br />
Sí, es una historia bien simpática: ellos son familia, y Maricarmen y yo nos conocimos a través de ellos; y como ellos habían formado varias empresas juntos, el 2005 –después de un reparto de utilidades- salió la idea: “O se dedican a viajar con este dinero o hacen algo más productivo”. Decidimos hacer algo más productivo; y hoy, Alex es un tercer hijo para nosotras.</p>

<p><strong>Se animaron a hacer algo que no existía en el mundo. En ningún país había una tienda exclusiva de estos juguetes, ¿por qué iba a funcionar aquí?</strong><br />
Porque creímos en el producto, porque como madre no me sentía satisfecha con lo que había en el mercado.</p>

<p><strong>Pero, si en el mundo nadie lo había hecho, estando Alex en más de 80 países, ¿por qué iba aquí a funcionar?</strong><br />
Definitivamente fue un riesgo, pero creímos en esto. Fue el instinto. No hubo campaña de marketing, nosotras abrimos y esto fue creciendo por el boca a boca; y muchos detalles que nosotras creamos han hecho que la marca se vaya fortaleciendo. Por ejemplo: entregar los juguetes en estas bolsas tan bonitas. De pronto, comencé a ver a la gente caminando con estas bolsas…</p>

<p><strong>¿Qué sentía?</strong><br />
Al comienzo, decía: “¡Guau!”. Pasaba al costado de alguien que abría su maletera ¡y había una bolsa mía adentro! Ese fue nuestro motor para seguir creciendo; y, poco a poco, el mercado también nos fue exigiendo crecer.</p>

<p><strong>Bueno, en cinco años tienen cinco tiendas más dos tiendas-boutique. La idea, pegó.</strong><br />
Definitivamente, hemos llenado el vacío que existía. Poco a poco hemos ido creciendo, y la marca, mundialmente, está creciendo también; y no solo en Latinoamérica a través de esta cadena de tiendas, porque la segunda se abrió en Jordania, y en eso, nosotras –si bien no correspondía a nuestra región- también pusimos nuestro granito de arena.</p>

<p><strong>El gringo Rick las debe adorar.</strong><br />
La verdad, es que sí. Él dice que somos sus hijas (ríe)… </p>

<p><strong>No me deja de sorprender que una marca con tanto tiempo en el mercado y presencia en tantos países jamás se haya animado a hacer algo que, al final, se hizo en un país tercermundista.</strong><br />
¡Ah! Es que también Rick dice que cuando nos vio en la feria de Orlando, dijo: “They’re the one!”; y no sé si lo dice por ‘pasarnos la mano’, porque nos quiere mucho o porque hemos crecido tanto juntos, pero, en todo caso, eso fue lo mismo que nosotras sentimos cuando conocimos la marca.</p>

<p><strong>Tiene dos hijos, quiere que también sean empresarios.</strong><br />
Yo quiero que ellos sean lo que ellos quieran ser. Yo los voy a apoyar al 100% en la decisión que tomen en el futuro. Lo que yo quiera, pasa a un segundo plano.</p>

<p><strong>Prime Traders</strong><br />
Representante en el país de la marca de juguetes Alex (EE.UU.). Con una inversión de US$45 mil, abrió su primera tienda el 2005 en el C.C. El Polo.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Paola y su socia –Maricarmen Campos- tienen hoy cinco locales y dos tiendas-boutique. Además son asesoras de la franquicia Alex para toda Sudamérica.</p>

<p><strong>FICHA<br />
Nombre: Paola Pierina Fassioli Seminario.<br />
Colegio: San Silvestre.<br />
Estudios: Economista de la Universidad de Lima.<br />
Edad: 35 años.<br />
Cargo: Directora de Prime Traders.</strong></p>]]>
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    <title>Silvia Cóndor: &quot;Yo he empezado de abajo&quot;</title>
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    <published>2010-03-02T21:05:26Z</published>
    <updated>2010-03-02T19:01:41Z</updated>

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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Su esposo es panadero pero solo conseguía trabajos temporales. Ella decidió poner una panadería. No tenían dinero. En una tina, lavó ropa. Cientos de prendas. Ahorró. No solo ha alcanzado su objetivo, ha creado un pan con el que espera combatir la desnutrición en su adorado Huaycán.</strong></p>

<p><object width="460" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/b7CkoyvqEVo&hl=en&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/b7CkoyvqEVo&hl=en&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="460" height="344"></embed></object></p>

<p>Huaycán. Unidad comunal de vivienda número 89. Lote E. “El pan nuestro de cada día”, así se llama su panadería. Frente a su casa, la tierra ha sido mojada para evitar así que el viento la levante. Silvia Cóndor nos muestra su sala o lo que queda de ella. Al fondo, nos espera su horno refractario. La primera vez, de ahí salieron cuatrocientos panes (que ella regaló). Eso fue tres años atrás. Hoy a sextuplicado su producción. Silvia está feliz. Ha ganado un premio. Con la asesoría que le han prometido espera producir 4.000 panes diarios, pero no cualquier pan. Lea (se nutrirá)…<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Lavando ropa usted ahorró el capital con el que puso su panadería.</strong></p>

<p>Sí. Mi esposo, trabajando en panaderías de manera eventual, ponía para la comida; y yo, lavando ropa, ahorraba para poder hacer el horno.</p>

<p><strong>¿Cuánto ganaba lavando ropa?</strong></p>

<p>Depende de la cantidad de prendas. Me pagaban 80 céntimos por prenda lavada y planchada. Entonces, tenía que lavar semanalmente entre 500 y 800 prendas. El trabajo era duro.</p>

<p><strong>Y lo hacía para hacer realidad su objetivo.</strong></p>

<p>Sí.</p>

<p><strong>Su marido era un buen panadero, usted decidió aprovechar su talento.</strong></p>

<p>Sí, porque el pan sale todos los días y, además, así podíamos contribuir a la mejor alimentación del pueblo. Acá hay un gran problema de pobreza y de desnutrición infantil.</p>

<p><strong>¿Cuánto lograba juntar al mes?</strong></p>

<p>Entre 500 y 800 soles. Necesitaba ladrillos: ahorraba, reunía el dinero, compraba. Mientras, comíamos menú en comedor popular, nos poníamos la misma ropa, los mismos zapatos. Teníamos una prioridad. Además, mis hijos ya estaban grandes.</p>

<p><strong>Mientras lavaba, imagino que pensaría con la panadería que soñaba tener.</strong></p>

<p>Sí. Antes de poner la panadería, yo fui adonde los vecinos a preguntarles: “¿Qué te parecería que hubiera una panadería por acá cerca?”. “¿Cuántos panes compras al día?”. “¿Qué pan prefieres?”…</p>

<p><strong>¿Cómo así se le ocurrió hacer eso?</strong></p>

<p>Es que él es maestro panificador, viene de una familia panificadora –en Chosica, su papá tiene panadería- y a mí me apenaba cuando él trabajaba en alguna panadería y no lo trataban bien.</p>

<p><strong>Si su suegro tiene panadería, ¿por qué su esposo no trabaja con él?</strong></p>

<p>Porque es diferente: nosotros queríamos tener algo propio. Además, nosotros queríamos trabajar en Huaycán: acá, hacer el pan en la casa.</p>

<p><strong>Pero no habría tenido que sacarse la mugre, porque ¿cómo era que usted lavaba?</strong></p>

<p>Con mi tina, mi tabla y mi escobilla.</p>

<p><strong>Juntó dinero y, lo primero que mandó construir, fue su horno refractario.</strong></p>

<p>Averigüé: “¿Cuánto me cuesta la mano de obra?”. “Dos mil soles”. Trabajé unos meses y contraté al señor para que lo haga. Lo hizo. “Ahora –dije- nos falta el soplete”. Mi esposo me dijo que su papá tenía uno, entonces fuimos para que nos lo venda. Era diciembre. Le dije a mi esposo: “Vamos a hornear pollos, lechones, pavos”. “No, qué vergüenza”, me dijo.</p>

<p><strong>¡Por qué!</strong></p>

<p>Porque él decía que no teníamos máquinas, que no teníamos ¡nada! “Nada es imposible: esta es nuestra oportunidad, ¡tenemos que aprovechar!”. Mis hijos tenían una pizarrita donde hacían sus sumas, yo la agarré y la puse afuera, sobre el tanque de agua: “Se hornean pavos, lechones…”; y las vecinas comenzaron a traer sus pavos, todo… Yo decía: “Gloria a Dios, ¡Qué maravilla!”.</p>

<p><strong>¿Por qué cree que la gente reaccionó así?</strong></p>

<p>Porque yo he sido dirigente, y como tal yo no le he fallado a mi pueblo.</p>

<p><strong>Claro, si usted hubiese sido una cutrera, una dirigente vecinal que se aprovechó de su puesto, es probable que sus vecinas no le habrían dado bola.</strong></p>

<p>Tengo credibilidad. También he trabajado en el Vaso de Leche, ayudando a los niños de la comunidad. A mí siempre me han gustado las cosas justas; y cuando he visto algo malo, siempre lo he dicho.</p>

<p><strong>Su primera producción de panes, la regaló. ¿Por qué?</strong></p>

<p>Cuando pasó la Navidad y el Año Nuevo, mi esposo dijo: “¿Y ahora? No tenemos máquinas, ¡qué vamos a hacer!”. “Hay que averiguar, debe haber alguien que nos las alquile”. Es que la posibilidad de comprar unas nuevas era remota; y un señor que había cerrado su panadería para cambiar de rubro, nos alquiló una divisora y una máquina ‘dos en uno’. “Ya –les dije-, mañana mismo hacemos pan”. Les dije a mis hijitos: “¡Avisen que mañana vamos a sacar pan calientito! ¡Que traigan sus bolsitas!”. Y, la primera producción, la invitamos.</p>

<p><strong>¿Por qué?</strong></p>

<p>Porque nosotros queríamos compenetrarnos con el pueblo. Esa era la forma de promocionar, de que nos conozcan; y salió bien.</p>

<p><strong>Han pasado tres años. Hoy, pese a lo modesta que es aún su panadería, ha ganado el primer lugar en un concurso nacional gracias a su propuesta: elaborar un pan muy nutritivo, hecho con harina de productos andinos.</strong></p>

<p>Siendo asistenta social de la comunidad de Huaycán, he conocido mucho más la pobreza: los problemas de las madres solteras, la tuberculosis, la desnutrición infantil… Entonces, dije: “Yo tengo que hacer un producto nuevo que le sirva al pueblo”. Porque mi competencia hacía solo pan francés, y yo, además, comencé a hacer coliza, caracol, de yema… Pero yo tenía que hacer algo más consistente. Entonces dije: “Acá, la mayoría de la gente de la comunidad de Huaycán, es de provincia; podemos usar cereales andinos que realmente van a nutrir más a los niños”. Porque si el apoyo es cada vez menor en los comedores (populares), si nuestros niños no responden en sus colegios, ¡cuál va a ser el futuro de Huaycán! Agarré papel y lápiz, y comencé a pensar con qué podía hacerlo…</p>

<p><strong>¿Y cómo le ha ido?</strong></p>

<p>Le decía a la gente: “¿Qué les parece este producto?”. “Sí, está rico”. “Este pan tiene kiwicha, kañigua, harina de maíz morado, quínua, ajonjolí… ¿Qué les parece?”. “¡Muy bueno!”… ¡Este pan lo puedes comer solo! Yo sé que, a veces, en la casa no hay para echarle mantequilla o jamonada. Entonces, el niño se lo puede comer solo con su avena y rendir toda la mañana. ¡Esa era mi idea!</p>

<p><strong>Su panadería es aún pequeña, sus equipos son de segunda. ¿Qué se viene?</strong></p>

<p>En un año dejé de alquiler equipos y pude comprar unos de segunda. Yo ahora espero poner en práctica esta idea, ponerla en práctica ¡fuertemente! Que mi pan llegue hasta el último rincón de la comunidad de Huaycán… Yo quiero que esta panadería, humilde, aún pequeña, siga creciendo.</p>

<p><strong>¿Cómo entiende que usted, una persona humilde, se preocupe tanto por la gente y, ciertas autoridades que dicen trabajar por el pueblo, sean más bien unos sinvergüenzas?</strong></p>

<p>Eso depende de los principios de la persona. A mí, mi padre me inculcó valores… Espero nunca ser como esos personajes. Yo soy mortal, y quiero que algún día mi pueblo, mis hijos, mi familia, mis vecinos, me recuerden como una persona que luchó por tener una vida digna.</p>

<p><strong>¿Cuál era su sueño de niña?</strong></p>

<p>Ser grande, hacer algo por mi país, que mis padres sientan orgullosos de mí.</p>

<p><strong>O sea que su sueño se ha hecho realidad: sus padres deben estar orgullosos de usted.</strong></p>

<p>Sí. Me queda mi madre, hace dos años mi padre falleció, pero sé que debe estar contento. Él siempre me dio fuerza; y yo no me arrepiento de haber empezado de abajo… Yo quiero decirle a todas las madres de familia, a todas las mamás de los comedores populares, del vaso de leche, a todas las madres solteras, que cuando uno le pone fuerza y bastante persistencia a un objetivo que nos trazamos, sí lo podemos lograr, porque nosotras luchamos por nuestros hijos, por nuestra familia, por nuestra ciudad.</p>

<p><strong>Llegó aquí hace 25 años. ¿Cómo era entonces Huaycán?</strong></p>

<p>Las casas de esteras. No había agua ni luz. Yo llegué a este lotecito, sola.</p>

<p><strong>¿Por qué no vino con el papá de sus hijos?</strong></p>

<p>Yo solo tenía al mayor (que hoy tiene 30 años, a los dos menores –de 16 y 15- los tuvo con su actual pareja). Era madre soltera, mi niño estaba en primaria y mi madre me lo cuidaba en Chosica. Yo vine con mis palos y mi estera, a luchar por una vivienda. Trabajaba en una empresa textil.</p>

<p><strong>¿Cuándo trajo a su hijo?</strong></p>

<p>Cuando estaba por entrar a secundaria. Yo lo iba a visitar, porque si no vivía acá, me botaban de mi lote.</p>

<p><strong>Se convirtió en dirigenta vecinal. ¿Cómo así?</strong></p>

<p>Cuando yo vivía con mis padres en Chosica, nunca pasé por necesidades de servicios ni de alimentación; y cuando llegué acá, fue brusco: vi la otra cara de la moneda. Yo quería mejorar, pero no solo yo, ¡toda la población! Entonces me involucré en la organización vecinal. Al inicio fui dirigente de base, después zonal, siempre luchando porque las cosas sean justas. Después fui secretaria de Salud y Bienestar Social de toda la comunidad.</p>

<p><strong>Deben estar acostumbrados a recibir la visita de políticos oportunistas.</strong></p>

<p>Se sabe quiénes son las personas con intereses electoreros que vienen a buscar votos, pero Huaycán no es tonto, siempre ha sabido hacerse respetar. Huaycán trabaja con quienes se involucran con su realidad.</p>

<p><strong>FICHA<br />
Nombre: Silvia Rosario Cónder Tataje.<br />
Colegio: Josefa Carrillo de Chosica.<br />
Estudios: Computación en un instituto de Huaycán.<br />
Edad: 48 años.<br />
Cargo: Propietaria y gerenta general de El pan nuestro de cada día.</strong></p>

<p><strong>El pan nuestro de cada día</strong><br />
Panadería que Silvia inició el 2007 tras construir un horno refractario en su casa. Ha dejado de alquilar máquinas, ahora cuenta con equipos de segunda mano.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Silvia produce un pan andino con harina multicereales (kiwicha, kañigua, ajonjolí, quinua, maíz morado, linaza, algarrobo y trigo). Por esta propuesta ha ganado el concurso nacional “Idea tu Empresa” organizado por Alicorp y, además de un capital semilla ($.5.000 dólares americanos), recibirá un año de capacitación técnica y administrativa.</p>]]>
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    <title>María Isabel Gallegos: “Yo conozco la adrenalina”</title>
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    <published>2010-02-23T12:18:06Z</published>
    <updated>2010-03-01T21:55:40Z</updated>

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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Tenía el cargo, el sueldo y el trabajo que muchos morirían por preservar. Todo lo dejó. ¿La causa? Un sueño que había dejado en ‘stand by’ para convertirse en el soporte económico de su esposo e hijos. Una vez que todo se equilibró, se unió a una amiga, retomó su sueño y lo hizo realidad</strong></p>

<p><img alt="ejecutivaMARIA ISABEL GALLEGOS1.jpg" src="http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/ejecutivaMARIA%20ISABEL%20GALLEGOS1.jpg" width="470" height="264"></p>

<p>El Great Place To Work es un instituto internacional con sede en EE.UU. que mide el ambiente laboral en las empresas según la opinión de sus trabajadores. Con esos resultados, elabora un ranking anual –nacional, regional, continental- que, por supuesto, potencia la imagen de las elegidas. Desde el 2000, María Isabel Gallegos fue una alta ejecutiva en un hotel que es caserito en el ‘top’ local del Great Place To Work. El año pasado, ella y Mónica Millones, tras renunciar a ese paraíso, decidieron probar qué se siente hacer por su cuenta y riesgo eso mismo que con tanto éxito realizaban para su ex empleador. Evento, así bautizaron a su bebé. De taquito, ambas han renovado sus vidas en familia. ¿Sus herramientas? En un principio: un teléfono, dos laptop y harta pasión. María Isabel nos cuenta su historia…</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>El 2009, el Hotel Marriott de Lima fue declarado el mejor lugar para trabajar de toda Latinoamérica. ¿En qué año renunció a esa empresa?</strong><br />
En diciembre del 2008… Digamos que yo fui parte de ese resultado.</p>

<p><strong>Claro, porque usted era la directora de Eventos del hotel. ¿Por qué se fue, no estaba a gusto?</strong><br />
Yo entré como gerente de eventos, pasé a gerente senior y terminé como directora. Dentro de mi rubro, más no se podía ser… Yo dejé muy bien consolidada esa área, ¡la dejé lista para que otra persona la asuma! Y yo, a la vez, estaba lista para encontrar un nuevo reto. Uno que ya no sería en el área de la hotelería.</p>

<p><strong>Sí, pero esa no es una decisión fácil de entender, pues no solo tenía un alto cargo en una transnacional, se trataba además de un lugar en el que a todos sus empleados les agradaba laborar.</strong><br />
¿Y por qué no llevarte todo ese bagaje y ponerlo en práctica al hacer algo propio?</p>

<p><strong>Está casada, tiene dos hijos. Hay quienes creen que una vez que se asumen responsabilidades mayores se cierran las puertas para el inicio de nuevas aventuras.</strong><br />
Es que mi proyecto no nació a los ocho y pico años que yo estuve en el Marriott, sino antes. Lo que pasa es que mi esposo, que entonces trabajaba en el rubro de mudanzas, quería formar su propia empresa de mudanzas. Yo acababa de salir de la Universidad de Ciencias Aplicadas en busca de otros retos (María Isabel se desempeñó como jefa de Eventos de la UPC), pero decidimos –como marido y mujer- que él iba a ser quien asumiría el reto, la inversión, y que yo tendría que tener el empleo (formal). Mi sueño, entonces quedó dormido hasta que yo lo pudiera hacer realidad. En ese minuto, todo el esfuerzo fue para que él pudiera poner la empresa; y yo fui contratada por el Marriott.</p>

<p><strong>Se convirtió en el soporte de su marido.</strong><br />
Exactamente, y no lo fui por tanto tiempo porque le fue muy bien. Yo me convertí en la parte segura: era la que tenía el seguro médico, la que tenía el sueldo fijo, y él logró su sueño, él ahora está feliz y ahora él es mi soporte.</p>

<p><strong>Qué importante es encontrar a la pareja, ¿no?</strong><br />
Así es.</p>

<p><strong>¿Cómo lo conoció?</strong><br />
Cuando trabajaba en Lufthansa. Él es uruguayo y yo ya había decidido que no me iba a casar, porque ya tenía 29 años y me había dado cuenta de que la persona con la que había estado antes no era para formar una familia, pero lo conocí a él y, once meses después, me casé.</p>

<p><strong>Hicieron clic.</strong><br />
Al inicio no, porque yo ya tenía la decisión tomada, porque ya había tenido parejas y no había encontrado a la persona, pero él me buscó, me buscó y me buscó, hasta que fuimos engranando y encontré que él estaba buscando lo mismo que yo.</p>

<p><strong>Con quien sí hizo clic fue con Mónica Millones, su socia.</strong><br />
Hicimos clic desde siempre. Mónica entró al hotel unos meses después que yo, y como parte del equipo operativo tenía que ser la ejecutora de los eventos que el área administrativa –que era la que yo estaba dirigiendo en ese minuto- ideaba. Nosotros no reuníamos con el cliente, revisábamos sus necesidades, las detallábamos y elaborábamos una orden; y esa orden la revisábamos en conjunto –con Mónica, el supervisor de banquetes, el de cocina, repostería, audiovisuales, ¡con todo el equipo!- y, después había que hacerla realidad en un espacio físico.</p>

<p><strong>¿Cómo descubrió que ella era la persona con la que tenía que trabajar?</strong><br />
Porque cuando yo llegaba a la sede del evento que yo había planteado, veía exactamente lo que tenía en mi mente. No tenía que corregir nada, Mónica había interpretado tal cual lo que yo había planteado.</p>

<p><strong>Se conocieron el 2000, ¿cuánto tiempo pasó hasta que comenzaron a pensar en hacer algo juntas?</strong><br />
El último año. Si bien antes lo podíamos haber conversado, nunca lo habíamos visto como una realidad.</p>

<p><strong>¿Por qué entonces dieron el siguiente paso?</strong><br />
Porque Mónica se casa, tiene un niño –yo ya tenía los dos míos- y creo que las mujeres tienen siempre una responsabilidad: pensar en si están haciendo el trabajo correcto: en su casa y en la oficina. Yo no creo que haya una mujer que, por más empresaria que sea, no diga que en su mente están siempre sus hijos y su esposo, y si está todo coordinado en casa; y no solo eso: también piensan si sería bueno estar en casa… Entonces, nosotras nos preguntábamos: “¿Nuestra calidad de vida –cuando llegábamos de la oficina- es la suficiente?”. Porque el famoso cliché te dice: “Dale calidad de tiempo a tus hijos, no cantidad”. Yo creo que esa calidad es difícil de dar cuando tú trabajas diez, once horas al día y, eventualmente, de lunes a sábado.</p>

<p><strong>Cierto: la sociedad moderna nos va instalando clichés…</strong><br />
¡Para que tú te conformes! Y así crees que estás haciendo lo correcto, pero Mónica y yo decíamos: “No, no es así”; ¡porque nosotras llegábamos cansadas! Entonces, cuando mi hijo quería que lo ayude con matemáticas o el hijo de Mónica que le lea un cuento, lo único que nosotras queríamos era ¡meternos a la cama! Y nuestros celulares seguían sonando.</p>

<p><strong>Se unen, abren su empresa. ¿Cuál es la diferencia entre trabajar con el respaldo de una empresa grandota, que con ‘solo’ tu nombre?</strong><br />
Ah, ¡enorme! Ahí tienes que empezar a luchar, porque tú no te das cuenta de todo el respaldo que has tenido; porque si bien nosotras nos quejábamos de la cantidad de horas que trabajábamos, la verdad es que teníamos una tranquilidad enorme…</p>

<p><strong>Llamaba por teléfono: “Soy de la empresa tal”, y se le abrían las puertas.</strong><br />
No solo eso, ¡todo lo tienes afianzado! Tienes un problema con el servidor, llamas (al área de Sistemas): “¿Pueden venir?”; tienes un problema con tal factura, llamas a Finanzas: “Resuélveme esto”; el proveedor no llegó, ordenas que llamen…</p>

<p><strong>En cambio, ahora…</strong><br />
¿Ahora? ¡Tú solucionas todo!</p>

<p><strong>Trabajaban en un lugar lindo…</strong><br />
Con aire acondicionado (ríe)…</p>

<p><strong>Ahora, la oficina de ambas está dentro del departamento de su socia. ¿No han bajado de nivel?</strong><br />
No, porque el lugar no hace a tu trabajo ni a la persona. Si tu reto está definido, no importa si tienes o no aire acondicionado. A mí me traían mi café todas las mañanas. Todas esas cosas, si tú estás bien definido, van a ser accesorias.</p>

<p><strong>La mayor prueba de ello es que los clientes grandes que tuvieron el 2009 se han quedado prendados de ustedes.</strong><br />
Ellos apostaron por nosotras, porque si bien veníamos con un bagaje del Marriott, no teníamos una producción propia. No teníamos nombre.</p>

<p><strong>Punto importante: porque trabajas años para otro, lo das todo y, al final, te das cuenta de que tu nombre es ‘nada’.</strong><br />
Pero el nombre no termina siendo lo importante, porque cuando el cliente conoce tu perfil, y sabe que cuando tú asumes compromisos vas a hacer lo que sea por cumplirlos, él compra esas características. Él dice: “Ella va a lograrlo porque ya lo ha hecho antes”. Y lo fascinante en nuestro caso, fue que nosotras superamos las expectativas.</p>

<p><strong>Precisamente, TGP, la empresa que transporta el gas de Camisea, venía realizando un evento anual con no muy buenos resultados.</strong><br />
Ellos nos pusieron un reto: no solo querían tener una comida maravillosa, en un lugar precioso, con una decoración temática; ellos nos dijeron: “Ustedes tienen que lograr que la gente se quede en la fiesta hasta después de la una (de la madrugada)”. El año anterior, teniendo el bar abierto, un buffet maravilloso, orquesta, ¡la gente se fue!</p>

<p><strong>¿Y hasta qué hora se quedó la gente?</strong><br />
Hasta las cuatro (ríe)…</p>

<p><strong>Y ustedes estuvieron ahí.</strong><br />
Por supuesto.</p>

<p><strong>¿Qué se siente? Debe sentirse una adrenalina brutal, ¿no?</strong><br />
Una persona que organiza eventos conoce la adrenalina, ¡vive de ella! La adrenalina comienza desde que tú ves ese toldo crecer, cómo va quedando la iluminación, las flores, desde que ves a los mozos haciéndose la corbata… Tú estás llena de adrenalina desde una semana antes del evento; y yo sé que Mónica siente lo mismo que yo.</p>

<p><strong>Antes se quejaba de trabajar más de diez horas al día y llegar cansada a casa, ahora imagino que puede trabajar incluso más tiempo, pero, ¿cómo llega a casa?</strong><br />
Del Marriott llegaba cansada pero también satisfecha porque a mí me apasionaba mi trabajo, pero ahora tengo una pasión diferente, porque haber posicionado esta empresa, haber tenido dos retos muy fuertes (para 450 y 600 personas, respectivamente) y haber superado las expectativas…</p>

<p><strong>Sus hijos tienen 17 y 14, durante el último año han tenido oportunidad…</strong><br />
De comparar entre la mamá que trabaja y está ausente, y a la mamá que trabaja pero está presente.</p>

<p><strong>¿Cuál ha sido su reacción?</strong><br />
Los dos me han dicho que regrese a trabajar al hotel (se mata de risa)… Eso fue al principio. Lo que pasa es que ya están grandes y no estaban acostumbrados a tenerme tan presente. Ellos ya habían asumido sus responsabilidades, y durante los primeros meses trataron de incorporarme a sus vidas. Ahora se levantan y saben que voy a estar con ellos para tomar desayuno. Ahora escucho ‘mami’ ¡todo el tiempo! Ellos llegan y yo puedo estar en casa –trabajando o leyendo- y escucho: “Mami, necesito esto, ¿me ayudas?”. Y yo voy a sus cuartos…</p>

<p><strong>Se ha reencontrado con sus hijos.</strong><br />
¡Y ni qué decir con mi esposo! Porque antes, a las diez de la noche yo ya podía estar completamente dormida; y eso era algo que él reclamaba.</p>

<p><strong>O sea que la decisión de haber creado su propia empresa, fue la mejor.</strong><br />
Sin duda.</p>

<p><strong>¿Qué es el éxito?</strong><br />
Sentirte bien con lo que tú haces, todos los días.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre</strong>: María Isabel Gallegos Vargas.<br />
<strong>Colegio</strong>: Hasta tercero de media en el Santa Ursula. Terminó en el Humboldt.<br />
<strong>Estudios</strong>: Administradora de empresas de la American University, en Washington DC.<br />
<strong>Edad</strong>: 48 años.<br />
<strong>Cargo</strong>: Gerenta general de Evento SAC.</p>

<p><strong>Evento</strong></p>

<p>Empresa que brinda asesoría y producción de eventos institucionales, corporativos y sociales. María Isabel y Mónica Millones, su socia, la crearon un año atrás con S/.1.600 de inversión inicial.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong></p>

<p>Tiene por cliente a la transnacional PricewaterhouseCoopers. Para su filial local organizó -con una inversión de US$70 mil- un evento para 600 personas.</p>]]>
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    <title>Julia Segura: “Esta etapa austera tiene un futuro”</title>
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    <published>2010-02-16T13:00:44Z</published>
    <updated>2010-02-16T14:11:58Z</updated>

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        <![CDATA[<p><strong>Vivía en Lince, se mudó a un arenal. Tenía una carrera, la ha dejado para integrarse a una comunidad. A través de juegos y juguetes tradicionales ella está preservando parte de nuestra memoria. Da trabajo a madres de Villa El Salvador y harta felicidad a niños de toda la ciudad.</strong></p>

<p><object width="460" height="340"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/EvMUkSIXdFw&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/EvMUkSIXdFw&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="460" height="340"></embed></object></p>

<p>Como veterinaria, Julia trabajó en consultorios citadinos (y se sintió enclaustrada). Lo suyo es el campo, no en vano correteó por él hasta los 12 años. Partió al Valle del Mantaro y fue feliz ejerciendo su oficio en diferentes establos. Desde siempre le gustó coleccionar juguetes, allá supo de muñecas talladas, de pueblos que las hacían con pancas de choclo y que, ‘gracias’ a la modernidad, las han dejado de hacer. Julia sintió que tenía que entrar en acción y, como jugando, fue dejando atrás su mandil.</p>

<p>Amankay, así se llama el taller que creó y que desde el 2004 ofrece juegos y juguetes tradicionales en la bioferia del parque Reducto de Miraflores. Julia está rescatando un patrimonio, pues muchos de ellos nacieron en la época prehispánica. Sí, esta mujer está haciendo Perú.</p>

<p><strong>¿Cómo una veterinaria terminó convirtiéndose en promotora del uso de juguetes tradicionales?</strong><br />
Mi carrera ha estado ligada siempre a la parte productiva-educativa y se ha venido desarrollado en diferentes lugares, como acá, en Villa El Salvador, donde he trabajado en proyectos grandes dedicados a los niños.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Pero estudió para trabajar con animales, ¿cómo así llegaron los juguetes?</strong><br />
Mi trabajo tenía que ver con un proyecto de desarrollo dedicado a los niños. Por ejemplo: la producción de huevos, capacitando a la gente en el desarrollo de sus granjas para que alimenten mejor a sus hijos; de ahí trabajé en una escuela rural en Huarmey (Áncash), donde había módulos de ganadería lechera, también de aves, cuyes…</p>

<p><strong>Fue su vínculo con los niños el que la llevó a ese tema.</strong><br />
Claro, porque al insertarte en un trabajo tú no solo ves el tema técnico, también te insertas en su cultura, en sus vivencias; porque realizas tu trabajo no imponiendo, sino partiendo de sus necesidades. Así fuimos desarrollando la parte lúdica de los niños, a través de cuentos y juegos tradicionales. Además, desde antes yo ya tenía una afición por ese tipo de juegos: con un grupo de amigos habíamos armado colecciones de juguetes que expusimos en museos, en la Biblioteca Nacional…</p>

<p><strong>¿Cómo nació esa afición?</strong><br />
Por la referencia de personas que los producían en distintos sitios. Yo, desde muy atrás, siempre he hecho cosas de arte, entonces me fue fácil conectarme con la experiencia de esas personas. En un inicio fue una afición, pero en el devenir del trabajo se fue sistematizando y convirtiendo en una cuestión de investigación, de recuperación del conocimiento de las zonas rurales.</p>

<p><strong>Comenzó a trabajar en zonas rurales desde que estaba en la universidad, ¿por qué eligió Villa El Salvador?</strong><br />
Yo vivía en Lince y vine a trabajar por años a las empresas comunales de Villa El Salvador. Se tenía que trabajar con la comunidad y la comunidad tenía su organización. Por lo tanto, tenías que estar entrelazada con ella.</p>

<p><strong>Conoció a María Elena Moyano.</strong><br />
A ella, a todos los dirigentes que planificaban el desarrollo de su ciudad. Este lugar (su casa-taller), por ejemplo, es producto de una invasión planificada en la que participamos como comunidad. Como yo me desplazaba hasta acá y me era muy difícil, me plantearon tener acá un espacio, y me vine.</p>

<p><strong>Debió ser un choque pasar de Lince a esta zona.</strong><br />
Fue algo natural. Mi trabajo se estaba integrando a la cultura de acá: a su cultura, a su desarrollo, a su necesidad de crecer.</p>

<p><strong>No extrañaba el asfalto, la ciudad.</strong><br />
Al contrario, fue muy rica la experiencia de trabajar por el desarrollo de esta comunidad.</p>

<p><strong>¿En qué momento dejó la veterinaria para dedicarse a esto?</strong><br />
Mi trabajo fuerte fue en la escuela rural de Huarmey. Su problema más urgente era la degradación del ambiente, la pérdida de su cultura, y sentí que el hecho de ser una técnica que insemina vacas había cumplido su ciclo, que había cosas más importantes que había que seguir desarrollando.</p>

<p><strong>¿No sintió que estaba dejando su carrera para dedicarse a algo incierto?</strong><br />
Esa fue la preocupación de mis amigos, de mi familia, no la mía. Yo me sentía integrada a mi trabajo, pues para entonces ya había investigado los juegos de los niños; y también había crecido mi propuesta (ya en Villa El Salvador). Aquí hemos hecho permanentemente talleres con los niños, por generaciones. Ellos además tienen sus juegos naturales que han desarrollado acá, y es rico ir conservando toda esa organización. Así esta zona de Villa El Salvador se convirtió en una suerte de isla.</p>

<p><strong>En una isla.</strong><br />
Claro, porque los chicos hoy más bien viven pegados a juguetes electrónicos. Se están dando muchos cambios: los juegos tecnológicos están borrando los juegos tradicionales o los juegos naturales de los niños, que tienen una gran importancia porque se desarrollan en el medio ambiente. No estoy en contra de los juegos electrónicos, pero esta es una alternativa más.</p>

<p><strong>Como veterinaria tenía un sueldo, ¿cómo ha hecho para sobrevivir desde que se dedica a esto?</strong><br />
Mis investigaciones las he financiado en parte con mi carrera. Además, yo siento que esta etapa austera tiene un futuro: porque uno está haciendo algo importante y, la experiencia en la bioferia (de Miraflores) me permite saber que esto va a crecer porque ahí hay un público que valora este trabajo.</p>

<p><strong>Ese es un punto clave, porque usted se ha focalizado en un rubro que aparentemente no tendría público, pues ahora los niños buscan otros juguetes. Su alternativa pudo haber quedado en nada.</strong><br />
En nada, no. Hay que darle una perspectiva a lo que uno hace, hay que darle un valor; y el valor está en que hay un público que sí se sensibiliza por este trabajo, eso nos permite ver que esto está creciendo, que esto es importante.</p>

<p><strong>Desde su stand en la bioferia está demostrando que sus juguetes son para todos los niños.</strong><br />
Los niños quieren jugar, y nosotros hacemos que jueguen. Los niños pueden interactuar con nuestros juguetes, no hay ninguna presión de compra, la idea es que les guste. Buscamos que sensibilizar a los niños, a los padres, a los maestros, porque estos juegos les van a servir para su desarrollo integral.</p>

<p><strong>Y no solo a ellos, pues gracias a que ha crecido la demanda ahora le está dando trabajo a humildes madres de esta zona.</strong><br />
A medida que esto fue creciendo, quedó claro que tenía que contar con una parte productiva que lo respalde, y aquí hay una tradición, hay señoras con mucho arte corriendo por sus venas, con una creatividad muy grande, y fue fácil conectar con ellas. Al principio ellas no creían en este trabajo, pero en el proceso se fueron integrando.</p>

<p><strong>Fue como jugando.</strong><br />
Claro, porque ellas también juegan con sus nietos; y cuentan experiencias muy bonitas, porque este trabajo las relaja.</p>

<p><strong>¿Nunca se ha cuestionado el haber dejado su carrera por esto?</strong><br />
La he dejado en el aspecto técnico: ya no estoy detrás de una vaca o de unos cerdos, pero en lo que ahora hago hay una relación estrecha con la naturaleza. Quizás no se nota mucho en las ciudades, pero sí en el campo: nosotros estamos preservando la cultura, porque muchos juegos son prehispánicos y están relacionados con el entorno, y nuestro entorno es la naturaleza.</p>

<p><strong>Usted nos está enseñando a revalorar juegos que se practicaban en el Perú prehispánico.</strong><br />
Así es. Algunos sobreviven, otros están en extinción debido a los cambios que se dan en la sociedad.</p>

<p><strong>De ellos no dan cuenta los libros escolares.</strong><br />
Nosotros estamos haciendo un registro de los juegos tradicionales desde la época prehispánica, como el zorro y la oveja, tres en raya, los juegos con frijoles… Son juegos de estrategia. Estamos haciendo todo un rescate de la memoria de nuestra cultura.</p>

<p><strong>Esa es una tarea que le toca al Estado, ¿por qué la hace usted?</strong><br />
Los ministerios nos han convocado, la UNESCO también, tiene proyectos grandes, pero, no sé, son proyectos que se quedan por ahí… Yo lo hago porque he encontrado un mundo: un mundo que me identifica a mí -como persona-, porque yo he vivido y jugado en el campo. Lo hago por el valor que tiene, sobre todo, y porque no está hecho.</p>

<p><strong>¿Cuál es el futuro de Amankay?</strong><br />
Crecer productivamente, que acá todo el barrio produzca juguetes para un mercado cada vez mayor.</p>

<p><strong>Usted no es millonaria.</strong><br />
No (ríe)… y no me importa, porque yo sé vivir en austeridad, en cualquier espacio.</p>

<p><strong>Su empresa es ofrecerle una alternativa lúdica no solo a los niños, sino a todos los peruanos.</strong><br />
Mi mayor satisfacción es que se preserven los juegos peruanos, porque tienen un gran valor. Esto me da satisfacciones, más que económicas me las da al alma. Pero, para poder seguir desarrollando esto tenemos que crecer.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre</strong>: Julia Betty Segura Cárdenas.<br />
<strong>Colegio</strong>: Santa Rosa de Abancay, en su natal Apurímac.<br />
<strong>Estudios</strong>: Médico veterinaria de la UNMSM.<br />
<strong>Edad</strong>: “¿La tengo que decir?”.<br />
<strong>Cargo</strong>: Promotora del Taller Amankay.</p>

<p><strong>Amankay</strong><br />
Taller dedicado a la recuperación de los juegos y juguetes tradicionales. Julia lo inició el 90, con ella trabajan cuatro madres de Villa El Salvador.</p>

<p><strong>En proceso</strong><br />
Sus ingresos aún son reducidos, pero la demanda ha crecido desde que el 2004 abrió un stand en la bioferia del parque Reducto de Miraflores. Da talleres a maestros, niños y ONG.</p>]]>
    </content>
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    <title>Sara Tinoco: “Todo sucede por algo”</title>
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    <published>2010-02-09T13:48:59Z</published>
    <updated>2010-02-09T13:49:06Z</updated>

    <summary>En una carretilla, su madre vendía comida. A los 15, haciendo cebiche ella comenzó a comprarse sus cosas. Estudió, entró a una empresa en el puesto más bajo. Ascendió, el dueño la dejaba a cargo de todo cada vez que...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><strong>En una carretilla, su madre vendía comida. A los 15, haciendo cebiche ella comenzó a comprarse sus cosas. Estudió, entró a una empresa en el puesto más bajo. Ascendió, el dueño la dejaba a cargo de todo cada vez que viajaba. Jamás la reconoció. Harta, replanteó su vida. Inició su negocio. Hoy, compite con él</strong></p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/yD27p5wryPY&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/yD27p5wryPY&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>Sara cuadró a Carlos. Él vive para admirar a su mujer. No sabía cómo hacer para que ella dejara ese trabajo en el que sentía que la explotaban. Cuando por fin lo decidió y le planteó que sea su socio, no lo dudó. Carlos trabaja en Pisco. Desde allá escribió a Ejecutivas para hablarnos de Sara. Ella, ni enterada. No creía que su historia de lucha estuviera a la altura (por eso lo cuadró). Saniseg, así se llama su empresa. Lea y sepa por qué Carlos quiere tanto a esta mujer.</p>

<p><strong>Usted trabajaba para otro, lo daba todo pero no recibía reconocimiento económico ni moral.</strong><br />
Así es. Yo terminé mi carrera de Computación e Informática y comencé a buscar trabajo. Empecé como digitadora en una galería por la Universidad San Marcos, pero eso no me convencía, así que busqué y encontré trabajo en una empresa de saneamiento ambiental, el rubro en el que ahora tengo mi negocio.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Entró como recepcionista.</strong><br />
Ni eso: entré como asistente de oficina. Empecé ganando menos del sueldo mínimo. </p>

<p><strong>Llegó a ser asistenta de gerencia. Cuando el dueño se iba de viaje, usted quedaba a cargo de todo.</strong><br />
Sí. Él viajaba por temas de capacitación, se iba a Argentina, EE.UU., y como yo me sabía el manejo de la empresa la revés y al derecho…</p>

<p><strong>¿Cómo así? Usted había entrado ocupando el puesto más bajo, no había estudiado Administración. ¿Por qué confiaba en usted?</strong><br />
Porque a mí me gusta aprender. Yo pasé de asistente de oficina a recepcionista, después fui vendedora; los clientes querían que solamente yo los atienda, a veces no querían hablar ni con mi jefe (ríe)… Yo los llamaba, les ofrecía servicios, se estableció una empatía.</p>

<p><strong>Trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche.</strong><br />
No tenía vida… Es que cuando a mí me encargan una tarea, yo me entrego, lo hago con alma, corazón y vida.</p>

<p><strong>Y cuando había que presentarse a una licitación, incluso trabajaba hasta de madrugada.</strong><br />
Se requería que alguien que supiera de documentación y del manejo de la empresa preparara unos files grandazos, y mi jefe me encargaba esa labor a mí.</p>

<p><strong>Así fue hasta que su salud se comenzó a afectar.</strong><br />
Me dio gastritis, me enfermé de las vías urinarias porque como estaba full ni iba al baño. Me metía tantas medicinas, que mi cuerpo se volvió inmune y caí en cama como un mes.</p>

<p><strong>Eso no le gustó a su jefe.</strong><br />
Cuando regresé, yo esperaba que al menos me diga: “Sara, ¿cómo estás?”. En lugar de eso, él se comenzó a quejar. “Ay, siempre te enfermas, ¡yo necesito a gente sana!”.</p>

<p><strong>Para entonces su sueldo debió haber crecido.</strong><br />
Creció, pero no como yo esperaba.</p>

<p><strong>A veces, más importante que el sueldo es el reconocimiento.</strong><br />
Claro, una palabra de aliento. Si ganamos una licitación: “Felicitaciones”. Pero no había nada de eso.</p>

<p><strong>¿Con cuánta gente se ha encontrado en esa misma condición? </strong><br />
En esa empresa había varias personas, tanto personal técnico como administrativo. Me he enterado que una persona que trabaja incluso más que yo está ahora enferma de los riñones y se ha tenido que retirar.</p>

<p><strong>Ocurre eso, ¿no? Nos olvidamos de vivir y terminamos entregándole nuestra vida a otros. Vivimos quejándonos pero no tomamos la decisión de irnos.</strong><br />
Así es.</p>

<p><strong>Usted lo hizo. ¿Por qué?</strong><br />
Todo sucede por algo. Cuando me puse completamente mal, me puse a analizar: “¿Qué estoy haciendo? Yo lo doy todo, paso prácticamente mi vida acá, no le doy tiempo a mi familia, mi salud se está deteriorando, mi jefe no me reconoce. No. Esto tiene que parar, tengo que hacer algo”.</p>

<p><strong>Además, su entonces enamorado estaba como loco.</strong><br />
Sí (ríe)… Carlos me decía: “Vamos a encontrarnos tal día”. “No puedo, tengo trabajo”. “Pero Sara, ¡es sábado!”. “No, tengo que preparar una licitación”. Carlos se incomodaba. “¡Yo no sé hasta cuándo vas a seguir ahí!”, pero yo seguía. Hasta que me puse mal y empecé a analizar mi situación.</p>

<p><strong>¿Cuánto tiempo pasó desde que renunció hasta que abrió Saniseg?</strong><br />
Fue rapidísimo. Salí en marzo (del 2004) y en junio ya estábamos abriendo. Aproveché la liquidación. Tenía un dinero, así que conversé con Carlos –que entonces era mi novio- y con unos amigos que también se querían salir –no porque no les pagaran, sino por el trato- y un día nos fuimos a un restaurante vegetariano –allá, por la Av. Brasil- y les comenté: “Chicos, por qué no abrimos una empresa, yo conozco todo el manejo”. Y se animaron.</p>

<p><strong>Sin embargo, como al principio tenían más deudas que ingresos, dos de sus cuatro socios se retiraron.</strong><br />
Se desanimaron, dijeron que había que cerrar la empresa.</p>

<p><strong>Usted no solo decidió continuar, sino que asumió la gerencia general.</strong><br />
Es que sentí como si me hubieran dado una puñalada en el corazón, porque para mí Saniseg es como un hijo, y ¿perder algo que te ha costado tanto sacrificio? Al principio trabajábamos para pagar al personal, el alquiler, los servicios básicos. A veces yo no tenía ¡ni sueldo! Entonces, que me dijeran: “Hay que cerrar”. ¡Teníamos que seguir luchando! Pero ellos no querían.</p>

<p><strong>Quedaron usted, Carlos y su mejor amigo.</strong><br />
Sí, él era mi técnico, el que veía toda la parte operativa.</p>

<p><strong>Pero él le falló.</strong><br />
Me falló. Me dolió bastante enterarme de las que cosas que hacía.</p>

<p><strong>A sus espaldas usaba la oficina para ‘trampear’.</strong><br />
Así es, y después me enteré de que él hacía servicios que no reportaba a la empresa.</p>

<p><strong>Un detalle clave es que cuando usted abrió su empresa decidió no llevarse a los clientes que había ganado en su ex trabajo.</strong><br />
Empecé de cero.</p>

<p><strong>¿Por qué?</strong><br />
Porque yo tengo principios. La formación que yo he recibido en casa, desde pequeña, es que tenemos que hacer las cosas bien. No me gustan las cosas chuecas. ¡He tenido oportunidad de evadir impuestos! Pero siempre mis principios han estado ahí.</p>

<p><strong>Antes de dejar Saniseg, el amigo que le falló le dijo que sin él esto no iba a caminar, que usted sola no iba a poder.</strong><br />
Sí, hasta ahora sus palabras retumban en mi mente. Pero, ¿sabes qué? Esas palabras, en vez de amilanarme, me impulsaron. “Yo sí puedo –dije-, ¡yo lo voy a hacer!”. Y desde el momento en que él se fue comenzaron a solicitarnos más servicios.</p>

<p><strong>¿Cuándo fue eso?</strong><br />
En marzo del año pasado.</p>

<p><strong>Hoy tiene clientes grandes. ¿Cómo?</strong><br />
Creo que es por la calidad de servicio que brindamos. Muchas de esas empresas grandes han llegado por recomendación, no porque yo les haya ido a tocar la puerta. De repente le hice un servicio a un cliente, y como le gustó… Aparte, yo me hago amiga de mis clientes. Establezco empatía.</p>

<p><strong>A ver, aquí la vaca no suele acordarse cuando fue ternera. ¿Cómo es usted como empleadora?</strong><br />
Cuando salí de mi anterior trabajo, yo me hice una promesa: “Si algún día yo llego a tener mi empresa o llego a ser gerente, yo voy a tratar a mis trabajadores como personas”. Porque hay quienes los tratan como cifras, como seres que les tienen que rendir y, si tienen vida, no les interesa. Pero yo me hice esa promesa y trato de ser no solo jefa de mis chicos, trato de interesarme por sus familias, por las cosas que ellos pasan. Porque si una persona no está bien anímicamente no va a rendir igual que otra que está tranquila, que está sana, que está contenta.</p>

<p><strong>¿Qué sabe de su ex amigo?</strong><br />
Formó su empresa, pero no le está yendo tan bien.</p>

<p><strong>¿Qué fue de su ex empleador?</strong><br />
Sigue adelante, ha crecido un montón. Me he chocado con él donde algunos clientes a los que también le estaba llevando su cotización.</p>

<p><strong>Ahora compiten.</strong><br />
Así es.</p>

<p><strong>Su sueño es superarlo.</strong><br />
¡Claro! Yo tengo que ser la mejor en mi rubro; y quiero comenzar a brindar servicios ya no solo en Lima sino también en provincias. Esa es mi meta.</p>

<p><strong>Tiene 31 años, está segura de que lo va a lograr.</strong><br />
Sí, yo lo voy a lograr. Yo lo puedo lograr con la ayuda de mi personal, porque sin ellos no existiría esta empresa.</p>

<p><strong>Si la estoy entrevistando es porque Carlos -su esposo- me buscó y me habló de su historia de coraje.</strong><br />
Él es mi fan número uno (se mata de risa)… Ha habido momentos en los que he querido dejarlo todo, ¡hasta lágrimas he derramado! Pero Carlos siempre animándome: “Sara, tú puedes, yo creo en ti, ¡tú das para más!”. Entonces, tenía que seguir adelante.</p>

<p><strong>¿Por qué cree él en usted?</strong><br />
Porque me conoce desde hace mucho, nosotros estuvimos juntos cinco años antes de casarnos. Él ha visto toda mi entrega, cómo yo he trabajado desde niña. Mi mamá vendía comida en una carretilla en el mercado, yo la ayudaba. De adolescente yo comencé a vender cebiche para poder comprar mis útiles escolares. Tenía 15 años: yo preparaba y mi hermanito lo iba a ofrecer.</p>

<p><strong>Entonces, lo que ahora falta para que su vida esté completa es que Carlos deje de trabajar en Pisco.</strong><br />
Sí, que se venga acá a trabajar. Pero lo voy a tener en la calle, de vendedor (ríe)… Durante sus vacaciones estuvo acá, me estuvo apoyando, visitando a clientes. ¡Él es muy bueno en eso!</p>

<p><strong>Qué importante es la admiración mutua en una pareja, ¿no?</strong><br />
Sí… Es bonito que tu pareja te admire, que valore tu trabajo.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre: </strong>Sara Noemí Tinoco Cáceres.<br />
<strong>Colegio: </strong>Primaria en el Fe y Alegría, secundaria en el Presentación de María. Ambos en Comas.<br />
<strong>Estudios: </strong>Computación e Informática en Cimas y Secretariado en Cepea.<br />
<strong>Edad: </strong>31 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Propietaria y gerenta general de Saneamiento y Seguridad Industrial (Saniseg).</p>

<p><strong>Saniseg SAC</strong><br />
Empresa que brinda servicios de saneamiento ambiental (fumigación y control de plagas). Con un capital de S/.30 mil, Sara y cuatro socios la iniciaron el 2004.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Hoy tiene como clientes a Repsol, Telmex, Edegel y a la Universidad San Ignacio de Loyola. Su esposo y su suegra son sus actuales socios. </p>]]>
    </content>
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    <title>Claudia Hermosilla: “Lima se merece un lugar así”</title>
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    <published>2010-02-02T13:07:58Z</published>
    <updated>2010-02-02T14:05:25Z</updated>

    <summary>Harta de ser una colombiana que no conocía la realidad de su país, dejó la universidad y recorrió zonas de guerra. Enamorada de un español, lo siguió hasta el Perú. Artista de profesión y amante del papel, creó una empresa...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/">
        <![CDATA[<p><strong>Harta de ser una colombiana que no conocía la realidad de su país, dejó la universidad y recorrió zonas de guerra. Enamorada de un español, lo siguió hasta el Perú. Artista de profesión y amante del papel, creó una empresa que no deja de darle dolores de cabeza (y mil alegrías)</strong></p>

<p><object width="480" height="295"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Opw3aFhQk98&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Opw3aFhQk98&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="295" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>

<p>Con Patricia Oga, el 2007, Claudia Hermosilla encontró la manera de darle vuelta a la crisis laboral por la que ambas pasaban. Abrieron La Despensa, un espacio donde podemos encontrar cuadernos y libretas hechos por finos artesanos. Un año después tuvieron un espacio en una desaparecida librería y, el 2009, ya sin Patricia, Claudia cometió la imprudencia de invertir todo lo que ella y su pareja tenían para hacer de La Despensa una bella tienda-galería. Esta colombiana está llena de deudas, pero no está dispuesta a dejar de guerrear.</p>

<p><strong>Dice ser hija de hippies. ¿Cuáles son las consecuencias de eso?</strong><br />
Mi mamá era una persona más formal, pero hippie de corazón. Ella viene de una familia muy tradicional, pero siempre nos dio mucha libertad. Mis papás son de clase media, han trabajado duro toda su vida y siempre mimaron nuestro lado humano. Yo empecé a leer a los 3 años, el primer libro que mi viejo me dio a leer fue uno de Oscar Wilde. Era bien extraño (ríe)… Él es un melómano. Los dos han cuidado mucho esa parte de nuestro espíritu…</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>La libertad.</strong><br />
La libertad.</p>

<p><strong>Y esa libertad la llevó a dejarlo todo y, por amor, venirse a los 23 años al Perú.</strong><br />
Yo a los 17 me fui de mi casa. Me fui a vivir a las montañas de mi país, en medio de la guerra. Yo estudié en una universidad muy pituca –ahora es mucho más democrática-, sentía que vivía en una burbuja y, bueno, yo fui una mujer muy problemática siendo adolescente, así que decidí irme de la universidad para ver cómo era Colombia, porque Colombia se estaba desangrando. Me fui a recorrerla durante un año y medio, echando dedo.</p>

<p><strong>¿Con quién?</strong><br />
Con un par de amigos. Yo era escaladora en roca, así que dije: “Bueno, esto hay que conocerlo, hay que vivirlo, hay que saber cómo es”.</p>

<p><strong>¿Qué descubrió?</strong><br />
Que Colombia es maravillosa. Que lo malo es la gente mala, que es poca, pero lo malo siempre es poderosísimo. Puede contra lo bueno.</p>

<p><strong>¿Qué hace acá, entonces?</strong><br />
Me gusta Lima.</p>

<p><strong>Vino por amor, por su novio.</strong><br />
Sí… (sus ojos se han puesto rojos) es que Colombia me afecta, ¡un montón!</p>

<p><strong>Extraña.</strong><br />
No, me duele, me parte, ¡porque tiene todo para salir adelante! Pero la guerra es horrible. Yo he visto matar gente frente mío, y eso te marca…</p>

<p><strong>Es terrible vivir en un país que lo tiene todo –como también el Perú- pero con autoridades tan nefastas.</strong><br />
Los políticos son una porquería. Colombia y Perú son dos países que tienen muchísimo capital humano para brillar… Llegué a Lima persiguiendo a mi compañero. Nos queremos, nos apoyamos, tenemos problemas, ahí vamos.</p>

<p><strong>¿Cómo nació La Despensa?</strong><br />
Nació porque yo estaba muy aburrida del mundo del arte (local).</p>

<p><strong>Le era difícil abrirse campo como artista acá.</strong><br />
Sí, porque mi propuesta siempre fue muy rara. Creo que no ha habido otra como la instalación que hice en (la galería) El Ojo Ajeno. Fue gigantesca. Trabajamos como cuarenta personas. Fue demasiado, ¡a mí me superó! Era muchísimo dinero, se gastaron como 30 mil dólares… Todo el mundo la recuerda como ¡guau!</p>

<p><strong>¿De dónde sacó el dinero?</strong><br />
Auspiciadores. Los conseguí porque la muestra fue realmente muy bonita.</p>

<p><strong>Volvamos a La Despensa.</strong><br />
Después de eso, dije: “¡Basta, no quiero saber nada del arte!”. Hice un break como de seis meses. Estaba perdida, no sabía qué hacer. Comencé a escribir un guión y, de repente, uno de mis mejores amigos –Arturo Higa-, me dijo: “Mona, tienes que hablar con mi mujer, también está pasando por una crisis como la tuya”. Ella trabajaba en el área de Comercio Exterior, en Ripley, y decidió retirarse. “¡Hablen! De repente sale algo interesante”. Un día ella me cayó en mi taller y le dije que a mí me encanta el papel, que he ido a la papelería Palermo en Argentina, que he ido a Italia, a España, y he visto las maravillas que hacen con papel.</p>

<p><strong>¿Cómo explica que le atraiga tanto el papel?</strong><br />
Es que yo soy una amante de los libros. De los libros ha salido mi amor por los cuadernos: yo colecciono cuadernos, los compro en todas partes.</p>

<p><strong>Así se unieron una trome en comercio exterior y una artista; y su stand en la Feria del Libro Ricardo Palma, el 2007, llamó mucho la atención.</strong><br />
Fue muy atractivo, pero para llegar ahí recorrimos un camino bien largo: nos fuimos a recoger información a Argentina, visitamos un montón de editoriales independientes, gabinetes de diseño, hablamos con el dueño de la papelería Palermo para que sea nuestro padrino. Nos dijo que le parecía un proyecto hermoso, que sigamos adelante. Nosotras hicimos un decálogo de lo que tenía que ser La Despensa, y eso no se ha roto; esa es mi promesa a Patricia: eso no se va a romper.</p>

<p><strong>Lo que se rompió fue la sociedad. ¿Qué pasó?</strong><br />
A Paty le vino una crisis vocacional, quería volver a lo que había estado haciendo y tenía una muy buena oferta de trabajo. En ese momento el trabajo en La Despensa era muy ingrato: no daba dinero. Trabajábamos 18 horas al día, no veíamos a nuestros maridos, no salíamos de rumba…</p>

<p><strong>Usted era la artista y ella quien le ponía los pies en la tierra. Si ella se fue, ¿por qué decidió continuar?</strong><br />
Porque esto es un proyecto de vida, porque yo creo en esto, y porque Lima se merece un lugar así. Lima necesita muchos lugares así. Aquí hay mucho talento y eso la gente de a pie lo tiene que ver.</p>

<p><strong>En este nuevo y bello espacio ha invertido 50 mil dólares. ¿De dónde salió el dinero?</strong><br />
He gastado más, porque yo le compré la deuda a Patricia. Nosotros hemos trabajado toda nuestra vida (ella y su pareja), mi marido trabaja en un banco, y todos nuestros ahorros los hemos invertido acá. ¡Todo! Ahora mismo no tenemos un mango (ríe)…</p>

<p><strong>Si La Despensa no era rentable cuando tuvieron un espacio en la librería Ksa Tomada, ¿por qué se mandó a hacer esto?</strong><br />
En Ksa Tomada no era rentable porque todo era desordenado. Pecamos de neófitas. Nosotras no éramos empresarias: Paty siempre había sido una asalariada y yo una loca, siempre había trabajado de free lance, no tenía ni idea de cómo se hacía una empresa; y nos hicieron un contrato leonino: teníamos que pagar el 35% de nuestras ventas y también por el piso. Era bien absurdo, pero a nosotras nos pareció estupendo (ríe)… y cometimos muchos errores.</p>

<p><strong>Después de eso lo más lógico hubiera sido decir: “Hasta aquí nomás”, y a deprimirse.</strong><br />
¡Claro que me deprimí cuando Paty se fue! Fue un quiebre en mi vida porque yo decía: “¿Y toda esa plata que tengo invertida? ¡Toda la energía que tengo invertida!”. Y dije: “No, esto no se puede acabar”.</p>

<p><strong>¿Qué la animó a seguir?</strong><br />
Yo no sé de dónde saqué fuerza… la encontré en mí: pensaba que este era un proyecto distinto, una cosa bonita que me iba dar la libertad para poder crear… Esto es ¡mi mundo!</p>

<p><strong>¿Y ahora qué siente?</strong><br />
Satisfacción, pero tengo que seguir guerreando.</p>

<p><strong>¿Ahora está funcionando económicamente?</strong><br />
Ahora estoy pudiendo pagar las cuentas, el alquiler, a los chicos. Yo tengo una política de comercio justo, así que a los artesanos se les paga lo que tiene que ser. </p>

<p><strong>Esa no es una práctica común entre los empresarios.</strong><br />
Para mí es súper importante la gente. Si no la tienes motivada, no va a trabajar bien.</p>

<p><strong>Es lógico, pese a ello hay quienes no se quieren dar cuenta.</strong><br />
A la gente le atrae mucho esto. Al final del día yo termino recibiendo un montón de propuestas de gente que quiere diseñar, de gente que me dice: “Yo quiero trabajar contigo, ¡en cualquier cosa, que La Despensa me gusta!” (ríe)… y me da risa porque yo sé que hay gente allá afuera que piensa que yo tengo los millones, un yate, un catamarán, pero yo no tengo nada. Yo, lo que tengo, son unas ganas enormes de trabajar y de hacer cosas bonitas… Obvio que sí quisiera que esto dé plata para poder comprarme una casa, pero, bueno, para eso tengo que trabajar mucho.</p>

<p><strong>Debe haber chicos y chicas que se le han acercado para decirle que usted es su inspiración.</strong><br />
Sí, y hay mucha gente que sigue el trabajo de La Despensa. Si vas ahora a las tiendas de diseño, a las librerías, hay un montón de gente que está produciendo cuadernos, libretas de notas… Hemos abierto un camino chévere: la gente se ha dado cuenta de que esto funciona y se ha lanzado; y la competencia es sanísima e importante, eso nos exige a tener mejores estándares de calidad, diseñar mejor, tener mejores materiales, mudarnos a procesos ecológicos. ¡Ese es mi sueño!</p>

<p><strong>Otro sueño suyo debe ser abrir en Colombia.</strong><br />
Me encantaría. Tuvimos una experiencia exportando a Chile, nos fue bien, tenemos un montón de fans allá, la gente nos escribe, nos dice por qué no hemos vuelto a enviar cosas, pero… ¡es que todo ha sido muy rápido! Y aquí somos muy poquitos, y si abrimos una línea de comercio exterior, no podríamos gestionarla bien. Y a mí me gusta que las cosas se hagan con excelencia.</p>

<p><strong>Usted decía que era su ex socia quien la ayudaba a poner los pies en la tierra. Hoy ha aprendido a hacerlo sola.</strong><br />
Sí. Después de que la China se fue, yo tuve que administrar La Despensa. Para mí, eso fue la cosa más rara de este mundo. Pero me metí en eso y lo hice; y La Despensa no fracasó. Desde abril (del 2008), yo he hecho todo, y no entiendo cómo no enloquecí (ríe)… Creo que necesito vacaciones (ríe más)…</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> Claudia Hermosilla Bello.<br />
<strong>Colegio: </strong>La Presentación, en Bogotá, Colombia.<br />
<strong>Estudios:</strong> Artista visual de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia con postgrado en Estética por la Universidad Carlos III, en Madrid, España.<br />
<strong>Edad:</strong> 33 años.<br />
<strong>Cargo: </strong>Propietaria y directora de La Despensa.</p>

<p><strong>La Despensa</strong><br />
Creada el 2007, comercializa cuadernos, libretas y demás soportes en papel hechos a mano. También ofrece servicios de producción gráfica y editorial.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Se inició con un stand en la Feria del Libro de Miraflores, pasó a ser parte de Ksa Tomada. Hoy –tras invertir US$50 mil- opera en una tienda-galería.</p>]]>
    </content>
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    <title>Patricia Rivera: “A mí no me van a tumbar”</title>
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    <published>2010-01-26T07:28:37Z</published>
    <updated>2010-01-26T14:03:50Z</updated>

    <summary>Por falta de billete, dejó la universidad. La fortuna que forjó su padre se fue al tacho cuando los terrucos lo mataron. Se casó, tuvo una hija, todo acabó mal. Sin apoyo económico, tentó uno, varios negocios hasta que como...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><strong>Por falta de billete, dejó la universidad. La fortuna que forjó su padre se fue al tacho cuando los terrucos lo mataron. Se casó, tuvo una hija, todo acabó mal. Sin apoyo económico, tentó uno, varios negocios hasta que como diseñadora de cuartos para bebés, la achuntó</strong></p>

<p><object width="470" height="340"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/T53eYQlRDVk&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/T53eYQlRDVk&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="470" height="340"></embed></object></p>

<p>Alejandra tiene 21 años y es su motor. Patricia ha hecho realidad los sueños de cientos de mamás. Ellas –completamente embarazadas- le plantean mil y un ideas para las habitaciones de sus angelitos. Ella no se cansa de asumir retos. Cómo quedarán de bonitos sus trabajos, que pese a que hace rato han dejado de gatear, sus pequeños clientes exigen seguir contando con sus servicios. Así, Patricia –a pedido de la hinchada- ha comenzado a también diseñar cuartos de niños. Perezoso es el nombre de su empresa. Alejandra, ya se dijo, el de su hija (su máxima inspiración).</p>

<p><strong>Ha vendido tortas, ha hecho pijamas, ahora decora habitaciones de bebés. ¿Qué no ha hecho?</strong><br />
He hecho de todo. Siempre he tratado de salir adelante según lo que se me ocurría en el momento.</p>

<p><strong>¿Por qué comenzó a hacer de todo?</strong><br />
Yo estaba casada, mi matrimonio iba bien; pero por esas circunstancias de la vida me tuve que separar y divorciar muy joven.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>¿Qué edad tenía?</strong><br />
Menos de 30. Y de tenerlo todo, pasé a no tener nada. Eso te mueve el piso. Trabajé en un banco, con Jessica Colors (la otrora marca de ropa para chicas), me fue muy bien con ellos. Poco a poco fui tratando de mejorar, de ingeniármelas…</p>

<p><strong>Fue la necesidad.</strong><br />
De hecho, la necesidad fue la que me impulsó. Busqué trabajo, pero mi hija era muy chica y era un problema por el tema de los horarios…</p>

<p><strong>¿Qué edad tenía ella?</strong><br />
Alejandra tenía 5 años. Entonces estudiaba en el Markham, y no me daba el tiempo para ir a recogerla del colegio. Tuve que alquilar mi departamento, irme a la casa de mi suegra. Me llevaba mejor con ella que con mi ex (ríe)… Lo que ganaba no me alcanzaba, tuve que cambiarla de colegio. Tuve que adaptarme: vivir mi realidad de ese momento. Son etapas.</p>

<p><strong>¿Tenía el apoyo del papá de su hija?</strong><br />
No. Eso fue lo que me tumbó. No tanto en el tema económico, porque si eres chamba y te las ingenias, no te mueres de hambre; me tumbó en el tema anímico.</p>

<p><strong>Llegó hasta cuarto ciclo de Economía en la de Lima. ¿Por qué abandonó la carrera?</strong><br />
También por problemas económicos. Mi papá tenía una posición económica muy buena. Muy, muy buena. Pero, a mi papá, en la época del terrorismo, lo mataron. Le dispararon cinco balazos en la cabeza y ahí terminó la historia. Él tenía una embotelladora, trabajaba con Pepsico, tenía toda la zona nor-oriente del país; y, de repente, lo mataron.</p>

<p><strong>¿Qué edad tenía?</strong><br />
Veinte años. Y ya pues, todo se truncó porque había juicios y juicios con los socios, con la persona que entonces era mi madrastra… O sea, había mucho, pero nada se podía tocar. Fue horrible, ¡peor que una telenovela!</p>

<p><strong>Para cuando tuvo que vivir ese segundo golpe –su divorcio-, digamos que ya estaba algo curtida.</strong><br />
Ya estaba un poco fuerte. Lo bueno de que te pasen cosas, es que te nutres. Hay que verles el lado bueno, también. Porque te caes, te derrumbas, pero eso también te ayuda a superarte, a ser fuerte.</p>

<p><strong>No todos tienen esa actitud. ¿De dónde le viene?</strong><br />
Creo que de raza, por genética. Mi padre era una persona muy luchadora.</p>

<p><strong>Cuando inició esta empresa afrontó un nuevo golpe. Hubo gente que le falló.</strong><br />
Cuando arranqué, todo iba muy bien. Perezoso fue creciendo de a poquitos –cuando tú le pones mucha fuerza y energía a lo que haces, no tiene por qué irte mal, ¡pero tienes que ser constante!-, y cuando tomó cuerpo, mucha gente se dio cuenta de que esto era un buen negocio. Entonces, esa gente se puso de acuerdo con mi gente (sus empleados), y mi gente me traicionó. Y se llevaron todas mis ideas. Me dolió mucho, pero eso tampoco me tumbó.</p>

<p><strong>Usted está hecha a prueba de todo.</strong><br />
Una cosa es lo que una dice y otra lo mal que una se siente… Pero te tienes que levantar, pues. No te queda otra.</p>

<p><strong>Además, tenía a Alejandra.</strong><br />
¡Claro! Mi hija ha sido el motor de todo. Cuando me divorcié y vi que ella, una persona tan chiquita, lo único que tenía era a mí… Si me caía, no solo me iba a caer yo, iba a tumbar también a mi hija. Yo tenía que darle todas las posibilidades para que salga adelante, y ahora está muy bien. He tenido mucha suerte con ella: está en la universidad, en la Pacífico, es buenísima en lo que hace.</p>

<p><strong>No es suerte, ¿no? Ella la ha visto trabajar, la ha visto enfrentar problemas.</strong><br />
También hay que tener suerte, porque hay hijos a los que papá y mamá les han dado todo y no responden como debe ser.</p>

<p><strong>Eso ocurre cuando los hijos reciben todo pero no saben cuánto ha costado conseguirlo. La mejor herencia de los padres es el ejemplo.</strong><br />
Sí. </p>

<p><strong>Cuando abrió Perezoso no pensó que iría a terminar diseñando cuartos, lo que usted quería era hacer y vender pijamas para bebes.</strong><br />
Siempre me gustó el tema de los bebes porque es un negocio donde está en juego la ilusión. Cuando se trata de tu primer bebé, tú puedes postergarlo todo con tal de que no le falte el coche, de que no le falte nada. ¡Tú quieres todo para tu hijo! Entonces, dije: “Este es un negocio bonito, ¡y es un buen negocio!”.</p>

<p><strong>Una clienta le compró un pijama y le preguntó si podía hacerle un edredón.</strong><br />
Sí, me dijo: “Oye, de las telas que tienes, ¿no me puedes hacer una mantita, un edredón bonito?”. Se lo hice. Después vino su amiga: “¿No me puedes bordar esto?”. ¡Yo no sabía ni quién lo iba a bordar! “Ya, te lo hago”… A veces me he metido en cosas que después he dicho: “¡En qué me metí!”.</p>

<p><strong>¿Por ejemplo?</strong><br />
Una clienta, cuando ya me había iniciado en el negocio de la decoración, me dijo: “Yo quiero que al entrar al cuarto de mi hijo, ¡sea como un cielo! Pero que lo cruce un tren, y que los vagones tengan animalitos, y que del humo salgan ositos ¡como si fuera ángeles!”… Yo dije: “¿Y ahora? ¡Cómo lo hago!”. Quedó lindo. Ahí tengo las fotos… Es que yo soy bien pesada en el tema del acabado. Eso me ayuda mucho. Quizás me demore más, pero lo hago bien. Al comienzo contrataba el servicio, pero la gente me hacía patalear. Me han hecho hasta llorar.</p>

<p><strong>Es irónico, ¿no? Hay muchos que dicen que no hay chamba, pero cuando les das trabajo, te fallan.</strong><br />
Sí. Hay un tema de organización… Uno que todavía es uno de mis grandes errores, es el incumplimiento, porque a veces se adelanta un parto y tengo que adelantar ese trabajo y postergar otro… Pero ya me he puesto las pilas y ahora estoy contratando a gente profesional, porque yo soy ‘todista’. Ese ha sido mi gran error. Esto sería mucho más grande si yo no hubiera sido ‘todista’. A mí me busca gente para exportar, pero yo digo: “Mientras esto no camine como debe, yo no voy a hacer más, porque esto se va al diablo si no estoy yo”. Y así no debería ser: a medida que uno crece debe trabajar con personas capacitadas según lo que tú necesitas, pero, a veces por no pagar un poco más, por miedo o qué se yo, no te atreves a dar el paso. ¡A mí me ha costado darlo! Pero ya lo di. </p>

<p><strong>¿Qué la empujó a ello?</strong><br />
El que cada vez la competencia sea más difícil: te copian mucho. A mí me costó diez años hacer esto, y viene alguien con más plata, te copia ¡y lo hace hasta mejor! Porque contrata a más gente, tiene la posibilidad de tener un lugar más grande donde exhibir… ¡pero no me van a tumbar!</p>

<p><strong>¿Qué estudia su hija?</strong><br />
Administración, pero no le interesa este negocio. Ella me dice: “Mamá, ¿cómo puedes trabajar así? Te falta esto, te falta lo otro…”. Es mucho más ejecutiva que yo, yo soy más de chamba, no visualizo, por eso te digo: esto ya no va a depender de mí en los temas que yo no domine. Yo soy una mala administradora. Ya lo acepté. A mi cliente no le interesa que mi sistema falle –que mi carpintero me halla incumplido-, lo que a mi cliente le interesa ¡es que yo le cumpla!</p>

<p><strong>Está aprendiendo a delegar.</strong><br />
¡Y a cumplir! Para que ya no digan: “Perezoso es lindo, te hacen cosas preciosas, pero a veces se demoran en entregar”. Ya no quiero que ese ‘a veces’ exista. Por eso te digo que, al final, la competencia es buena. De lo contrario yo aún seguiría confiada de que esto estaba bien. La competencia te impulsa a superarte.</p>

<p><strong>Además, ha enfrentado tanto golpe, que eso no la va a tumbar.</strong><br />
De ninguna manera. Pero sí me tengo que preocupar, porque si sigo con la misma actitud, sí puede ocurrir.</p>

<p><strong>¿Quién ha sido su cliente más difícil?</strong><br />
Ha habido varios (ríe)… Es que trabajar con embarazadas es delicado, porque cuando la mujer está en cinta –y te lo digo porque yo lo he estado y sé cómo es- tiene un problema hormonal fuertísimo, están mucho más sensibles y, a la primera cosita, te mandan a volar. Lo que pasa es que hay mucha ilusión, y están muy ansiosas. </p>

<p><strong>¿Qué es lo mejor de su oficio?</strong><br />
Que conozco a mucha gente. A gente joven que está sumamente ilusionada, y te nutres de eso.</p>

<p><strong>Pese a haber crecido, hoy muchos pequeñitos siguen siendo sus clientes. Debido a ello ha incursionado en la decoración de cuartos para niños.</strong><br />
Sí, y por eso vamos a abrir Perezoso Kids, una tienda exclusiva para niños. Voy a tener mejores diseñadores, mejor carpintería… Tengo muchos proyectos. Yo creo que la gente que tiene ilusiones, que tiene metas, nunca se cae. Pero sin descuidar a la familia, porque tener un negocio es bueno, te sientes satisfecha con lo que haces, pero a veces llegas de noche a tu casa y dices: “No le dediqué ni una hora a mi familia”… Y el día que pasa, no lo recuperas más. Por eso hay que aprender a delegar. Yo lo he aprendido recién. ¡A la fuerza! </p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> María Patricia Rivera Botetano.<br />
<strong>Colegio:</strong> María Auxiliadora. Comenzó en la sede de Huanuco, terminó en la de Lima.<br />
<strong>Estudios: </strong>Hasta cuarto ciclo de Economía en la Universidad de Lima.<br />
<strong>Edad: </strong>43 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Propietaria y gerenta general de Perezoso.</p>

<p><strong>Perezoso</strong><br />
Empresa dedicada a la decoración personalizada de habitaciones de bebés y de niños. Patricia la inició el 2001 con S/.8.000 de inversión. </p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Hoy tiene dos tiendas y un taller donde elabora telas y fabrica muebles para bebés y niños. Da empleo a 25 personas.</p>]]>
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    <title>Marcela Silva Santisteban: “Con amor, todo se supera”</title>
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    <published>2010-01-18T17:14:43Z</published>
    <updated>2010-01-19T14:04:06Z</updated>

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        <![CDATA[<p><strong>¿Quién no conoce La Casa del Alfajor? ¿Sabía que ‘debemos’ esta dulce institución a la hiperinflación de Alan? Sí, fue para enfrentar la angustia económica que ella metió las manos en la masa. ¿El resultado? El Perú entero ya lo conoce</strong></p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/oq84LEnZ4IQ&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/oq84LEnZ4IQ&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>“¡Soy el orgullo de mi colegio!”, sonríe Marcela, pero a la vez se queja, pues dice haber perdido su identidad. Ya nadie la conoce por su nombre, sino por ser la ama y señora de La Casa del Alfajor. </p>

<p>“Alfajorcitos”, así llaman sus patas a sus hijos. Los tres han pasado por su cocina, por su fábrica, por sus tiendas. Desde chicos, junto a ella, a papá y a la abuela, los tres se curtieron; aprendieron a ganarse el sol. </p>

<p>Marcela no olvida que todo empezó con catorce soles (lo que entonces le costó comprar un kilo de harina, cuatro tarros de leche condensada, manteca y azúcar). Hoy, gracias al ingenio de su marido, sus alfajores se pueden disfrutar en el extranjero sin perder un ápice de calidad. ¿Cómo nació esta empresa? Esta es su historia…</p>

<p><strong>Estudió Psicología y la ejerció hasta que se casó. El 87 estaba embarazada de su tercer hijo. Era el primer gobierno de García. ¿Qué tan fregada estaba la cosa? Porque su esposo le pidió que haga algo para ayudarlo a parar la olla…</strong><br />
Sí (ríe)… Mi esposo tenía su imprenta, pero, ¿con la inflación? La gente le hacía un pedido, él cotizaba a un precio y, cuando iba a comprar, el papel ya costaba más caro… La crisis nos afectó, y justo yo había salido embarazada, no trabajaba. O sea, no tenía un trabajo fijo, pero yo siempre he estado haciendo cosas.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>¿Por ejemplo?</strong><br />
Puse una empresa de tejido de chompas, he vendido utensilios de madera…</p>

<p><strong>Cuando él le pidió ayuda, ¿por qué se decidieron por los alfajores?</strong><br />
Porque cuando celebrábamos los cumpleaños de mis hijos, mi mamá hacía los alfajores ¡y todo el mundo tenía que ver con los alfajores!</p>

<p><strong>No creían que ustedes los hacían, ¿no?</strong><br />
Nos decían: “¿Dónde los han comprado?”. Cuando mi papá se jubiló, mi mamá comenzó a hacer alfajores. Era su cachuelo. Mi papá se ocupaba del horneo, así se mantenía ocupado porque mi mamá decía: “¿Hombre jubilado en la casa? ¡Fatal!”. </p>

<p><strong>¿Esa fue la razón por la que empezaron en la cocina de ella?</strong><br />
Nosotros vivíamos ahí. Para entonces mi papá ya había fallecido, y cuando eso pasó, mi mamá dejó de hacer alfajores. Entonces mi esposo me planteó volver a hacerlos. Empecé sola, después contratamos a una persona que me empezó a ayudar.</p>

<p><strong>Su primera tienda fue el cuarto que sus papás habían levantado en su casa para que usted atendiera a sus pacientes.</strong><br />
Sí. Lo usé como consultorio medio año, después ha sido de todo, porque también lo usaron mis tres hermanos. Al final, terminó como depósito.</p>

<p><strong>Usted preparaba la masa, su esposo untaba, su mamá envolvía y sus dos hijos salían a volantear a la calle.</strong><br />
Exacto. Así fue como empezamos. Yo hacía la masa, y me acuerdo que como soy chiquita y el tablero de la mesa me quedaba muy alto, mi esposo buscó dos ladrillos, puso una madera y: “Sube, mi amor”. Así crecí unos quince centímetros y fue más fácil trabajar…</p>

<p><strong>¿Qué edades tenían sus hijos?</strong><br />
El mayor, ocho; el segundo, cinco. ¡Salían felices! Y así se ganaban su sol, ese fue su primer trabajo.</p>

<p><strong>¿Qué fue de la imprenta de su esposo?</strong><br />
Cuando empezamos, la imprenta siguió. Pero La Casa del Alfajor creció tanto que yo sola ya no podía estar. Entonces, él la cerró y nos dedicamos por completo a esto.</p>

<p><strong>En año y medio abrieron dos tiendas.</strong><br />
La primera en Chacarilla y, la segunda, en San Isidro.</p>

<p><strong>¿Cómo lo explica?</strong><br />
No sé… No hay forma de explicarlo porque ¡fue contra todo! No había estudio de marketing ni de prefactibilidad como lo hace todo el mundo. Cuando presentan nuestro caso en las universidades, lo hacen como un caso atípico.</p>

<p><strong>¡Crecieron en medio de la hiperinflación!</strong><br />
¡Exacto! Crecimos en medio de la hiperinflación, al fondo de una casa escondida, y no podía poner un letrero muy grande porque esa era una zona residencial… No sé tampoco cómo me dieron la licencia, pero ahí está; y cuando el alcalde probó nuestro alfajor, dijo: “¡Esto no cierra nunca más!”. </p>

<p><strong>¿Qué dicen ahora sus hijos?</strong><br />
¡La achuntaste, mamá!</p>

<p><strong>Hoy tienen una planta en Chorrillos, tiendas y módulos de venta en todo Lima, ha vendido franquicias en provincias… De nuevo: ¿Cómo?</strong><br />
No sé. Todo el mundo me hace la misma pregunta… ¿Cómo? Trabajando, trabajando y trabajando. Con mi esposo hasta ahora seguimos vigilando las tiendas, controlando la calidad, los productos… Le ponemos mucho amor, y cuando tú le pones mucho amor, transmites mucho amor; y el amor es bien recibido en cualquier parte… ¿Sabes qué? Antes de que empezáramos el negocio, mi esposo comía cebiche en Ciudad del Pescador. Se iba desde Chacarilla del Estanque ¡hasta el Callao! “¿Por qué te vas tan lejos?”. Él me contestó: “Porque allá se come el mejor cebiche”. Entonces, cuando empezamos, mi meta fue hacer el mejor alfajor para que viniera gente de todas partes de Lima. Pero nunca pensé que llegaría tan lejos. </p>

<p><strong>Sin embargo, la del noventa no fue una buena década para ustedes. </strong><br />
El negocio bajó debido a la construcción de la planta. Lo hicimos con recursos propios, no recurrimos a ningún préstamo… Ahora sabemos que eso fue una falla. </p>

<p><strong>Estaban levantando una planta, esperaban que todo fuera mejor.</strong><br />
Cuando la empezamos, se vendía bien; pero cuando terminamos la fábrica las ventas empezaron a caer…</p>

<p><strong>¿Qué sintió?</strong><br />
¡Ufff! Desesperación, frustración, cansancio, agotamiento, porque era una lucha constante ¡y no se salía!</p>

<p><strong>Tras un crecimiento tan inesperado…</strong><br />
¡Había sido un boom!</p>

<p><strong>Los afectó.</strong><br />
Hicimos una reestructuración familiar. Todos los gastos se redujeron al mínimo. Los sueldos se redujeron al mínimo. Si podíamos, nosotros cobrábamos; la prioridad eran los empleados. Si teníamos que comer arroz con huevo, todos los días comíamos arroz con huevo. La reestructuración fue total. Vendí mi casa. Recién me había mudado un año antes, y la tuve que vender… Fue una crisis muy fuerte.</p>

<p><strong>¿Cómo lo tomaron sus hijos? Ellos habían disfrutado del gran despegue económico.</strong><br />
Les afectó bastante. Sobre todo al menor, que extrañaba mucho su casa. Pero, todo se supera. Con amor, todo se supera… Ahora, mi esposo es súper emprendedor. Él dijo: “¡Esto a mí no me va a vencer!”. Y así fue.</p>

<p><strong>Claro, porque con el nuevo siglo su historia comenzó a ser otra. Gracias al Alfa-Pack.</strong><br />
Mi esposo dice: “Las mejores ideas nacen en la crisis”; y ahí fue que nació el Alfa-Pack (un kit de ingredientes y utensilios que les ha permitido exportar sin que los alfajores se malogren). Cuando tú le pones fe a algo, de todas maneras se logra. Y así fue, le pusimos fe a nuestro producto y, ahora la gente lo ve, y dice: “Impresionante”.</p>

<p><strong>Ustedes son la dupla perfecta.</strong><br />
Sí; y ese año ganamos el premio Creatividad Empresarial (el 2006, en la categoría Alimentación). Esa fue una experiencia muy bonita, ¡misma entrega del Oscar! Éramos cuatro candidatos. Mi esposo y yo decíamos: “Nuestro producto ¡tiene que ganar!”. Mi esposo, mi hijo y yo, los tres tomados de la mano… “Y el ganador es… ¡La Casa del Alfajor!”. Uy, y de ahí, el Premio Especial (a la Creatividad de los Emprendedores de la Pequeña y Microempresa); cuando dijeron nuestro nombre, no lo podíamos creer. Fue muy bonito, y eso nos sirvió bastante.</p>

<p><strong>Ahora están exportando a EE.UU.</strong><br />
Nos llaman de todas partes. Estamos en conversaciones con gente de Canadá, Chile, Argentina…</p>

<p><strong>¡Y todo se lo deben a Alan!</strong><br />
Esteee (ríe)… Yo creo que se lo debemos a la pasión que le ponemos.</p>

<p><strong>De no haber hecho él un primer gobierno tan desastroso, de repente ustedes seguirían con su imprenta y, el país, no habría tenido La Casa del Alfajor.</strong><br />
¡Ah! Si lo vemos desde ese punto, sí… y si no hubiera estado embarazada, ¡tampoco! ¡Así que la verdadera razón es Gonzalo! (su tercer hijo, Marcela ríe)… Sí, fue la necesidad.</p>

<p><strong>La necesidad, que bien nos puede paralizar o…</strong><br />
¿Eso no es lo que dice el libro “La Vaca” (hay que deshacerse de lo que nos frena)? En nuestro caso, la vaca era la imprenta. Nosotros seguimos luchando, luchando y luchando, hasta que surgió una gran necesidad y nació La Casa del Alfajor.</p>

<p><strong>¿Cómo se siente ahora?</strong><br />
Muy orgullosa… por mis hijos, por mi marido, por mi país. Ahora, el éxito no es solamente mío, tengo muchos trabajadores que nos apoyan, que nos ayudan, ¡que también me hacen renegar! (ríe)… Pero, sí, el éxito es de todos.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> Marcela Milagros Silva Santisteban Larco de Pareja.<br />
<strong>Colegio: </strong>Sophianum.<br />
<strong>Estudios:</strong> Psicóloga de la PUCP.<br />
<strong>Edad: </strong>57 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Propietaria, fundadora y gerenta de ventas de La Casa del Alfajor.</p>

<p><strong>La Casa del Alfajor </strong><br />
Empresa que produce y comercializa alfajores y otros dulces a través de su cadena de establecimientos. Marcela la creó el 87 en la cocina de su mamá. </p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Con seis tiendas, cuatro módulos y franquicias en las principales ciudades del país, el 2009 creció un 30%. Tiene 130 empleados, exporta a EE.UU. </p>]]>
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    <title>Roxana Molero: &quot;Las cosas pasan por algo&quot;</title>
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    <published>2010-01-12T14:47:01Z</published>
    <updated>2010-01-12T15:00:38Z</updated>

    <summary>Madre abnegada de cuatro hijos, económicamente lo tenía todo hasta que una desgracia hundió la empresa de su marido. Entró en acción, la rompió en ventas. Su familia está más fuerte que nunca Quillabamba, Cusco. Del colegio, Roxana pasó al...</summary>
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        <![CDATA[<p><strong>Madre abnegada de cuatro hijos, económicamente lo tenía todo hasta que una desgracia hundió la empresa de su marido. Entró en acción, la rompió en ventas. Su familia está más fuerte que nunca</strong></p>

<div style="text-align: center;"><img alt="RHM_4078.jpg" src="http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/RHM_4078.jpg" width="400" height="454"></div>

<p>Quillabamba, Cusco. Del colegio, Roxana pasó al altar. El nacimiento de su cuarta hija terminó de sepultar su sueño de ser profesional. En casa, el exitoso era su marido. Exportaba café. Chiclayo, Lambayeque. El moderno camión que recién había comenzado a pagar, llevaba 50 toneladas de aromática carga. Estaba a punto de terminar de cruzar un recién inaugurado puente, cuando este cedió y todo fue a parar al río. Lo perdieron todo. Walzenhausen, Suiza. Más de 70 años atrás, allí nació Swiss Just, empresa que elabora productos antiestrés. Tras recurrir a ellos, Roxana Molero –sin pretenderlo- los comenzó a vender… Hoy es pieza clave en la operación de esa transnacional en el Perú. Hoy, además, es pieza clave en la economía de su hogar.</p>

<p><strong>¿Cómo era su vida antes de que se les cayera el camión?</strong><br />
Yo trabajaba con mi esposo, era su apoyo en la parte comercial, de exportación… Entré de manera casual, para hacer algo, porque había en mí una pequeña frustración por no haber estudiado ni estar trabajando.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Se casó a los 17 y tuvo su primer hijo…</strong><br />
A los 18.</p>

<p><strong>Comenzó a ayudar a su esposo una vez que sus cuatro hijos se pudieron desenvolver solos.</strong><br />
Comencé haciendo algunas cositas para no sentirme tan retraída.</p>

<p><strong>¿Qué tan retraída se sentía?</strong><br />
Bastante, porque yo tenía las posibilidades para poder haber estudiado; y haber hecho mucho, seguramente.</p>

<p><strong>¿Se arrepintió en algún momento de la decisión que tomó?</strong><br />
No. Traté de estudiar Administración en el Instituto San Ignacio de Loyola. Avancé un poquito, un par de años -mientras atendía a mis hijos-, pero al tener a mi cuarta hija, definitivamente lo dejé. No podía con las dos cosas.</p>

<p><strong>Económicamente no había ningún problema.</strong><br />
No había. La empresa de mi esposo iba bien, todo estaba perfecto: él estaba considerado como un exportador importante en el Cusco. O sea, yo, económicamente, podría haber seguido estudiando, pero mi labor de madre, y como apoyo de mi esposo…</p>

<p><strong>¿Cómo se sentía? Tenían dinero, su esposo era un profesional exitoso y, usted, una madre abnegada. Todo bien, pero dentro suyo…</strong><br />
¡Impotencia! ¡De querer hacer y no poder! Y de haber dejado de hacer cosas…</p>

<p><strong>Todo cambió a raíz de…</strong><br />
De ese desastre.</p>

<p><strong>Se les cayó un camión con 50 toneladas de café cuando estaba cruzando un puente que Alberto Fujimori acaba de inaugurar.</strong><br />
Fue una cosa de Ripley. El primer camión en pasar era el nuestro. Es más, antes iba a hacerlo un bus con pasajeros, pero nos cedió el paso… Fue una bendición, porque así no hubo pérdidas humanas… aunque nosotros sí perdimos (ríe)… ¡Fue increíble! El camión estaba a punto de pasar cuando algo se soltó del puente y todo se cayó al río.</p>

<p><strong>No solo perdieron la carga, pues se trataba de un camión nuevo que recién habían comenzado a pagar.</strong><br />
Recién estábamos en la tercera o quinta cuota… y tuvimos que seguirlas pagando. Imagínate (ríe)…</p>

<p><strong>¿Qué significó el accidente para la empresa de su marido?</strong><br />
Solo en carga, una pérdida de 500 mil dólares. ¡Pero no solo fue la pérdida de la carga y del camión! Fue también el juicio por dos millones de dólares con el Gobierno (de Fujimori) que nos culpaba por la caída del puente.</p>

<p><strong>El Estado los culpó de haber ocasionado la caída del puente.</strong><br />
Así es. </p>

<p><strong>De la noche a la mañana, su vida cambió.</strong><br />
¡Cambió! Además: ¡Incumplimiento de contrato con nuestros clientes en el extranjero! Multas… Con mi esposo dijimos: “¿Y ahora?”. Obviamente, reducimos nuestros gastos: a mis hijos, que estudiaban en el Roosevelt, los mandé al San Francisco de Borja. Allí, el costo de una cuota en el Roosevelt me servía para pagar las mensualidades de los cuatro. Teníamos que ahorrar al máximo, nos cayó encima ¡todo! Juicios con los bancos por incumplimiento… Un caos total.</p>

<p><strong>¿Qué hizo? ¿Cómo iba a ayudar si no había estudiado nada?</strong><br />
Contraje los gastos al máximo en la casa; y fue ahí que supe de Swiss Just. Mi papá usaba esos productos debido a un mal en sus piernas. En un principio yo no pensé en vender esos productos, creí más bien que mi hija mayor podía dedicarse a eso. </p>

<p><strong>¿Cómo tomaron sus hijos el cambio de colegio?</strong><br />
Conversamos con ellos: “¿Los mandamos a la casa de un pariente en el extranjero para que sigan estudiando bajo el mismo sistema (del Roosevelt) o se quedan a pasar con nosotros por toda esta desgracia?”. Y decidieron quedarse.</p>

<p><strong>¿Cuánto tiempo pasó desde el accidente hasta que comenzó con las ventas?</strong><br />
Dos años. </p>

<p><strong>¿Qué hicieron durante ese tiempo?</strong><br />
Tratamos de solucionar el volondrón de cosas que se nos vino; y cuando apareció la oportunidad de vender esos productos, yo no creí que podría hacerlo. Pensaba: “No es para mí”. Pero comencé a usarlos porque ¡obviamente los necesitaba a gritos! (ríe)… </p>

<p><strong>Claro, se trataba de antiestresantes.</strong><br />
Los necesitaba a gritos; y comencé a darme cuenta de sus bondades y, sin darme cuenta, fue naciendo en mí el arte de vender, porque comencé a hablar bien del producto. “Oye, estoy con estrés”. “Prueba ‘estito’, te va a hacer bien”. ¡Y la gente me los comenzó a pedir! De repente, alguien me dijo: “¿Yo también puedo vender?”. “Sí”… Así, para cuando me di cuenta, ya estaba involucrada con todo, ya tenía una cantidad importante de gente detrás mío y, un día, me llamaron de la empresa para decirme que me había ganado un viaje a Brasil por mi nombramiento como directora de región. “¿Quién? ¿Yo? ¿Cómo? ¿Qué he hecho?”.</p>

<p><strong>En paralelo, ¿cómo iba la empresa de su marido?</strong><br />
Para abajo, el caos era total. Mi esposo cambió de rubro.</p>

<p><strong>Comenzaron a vivir de los sueldos de ambos.</strong><br />
Sí. </p>

<p><strong>Mientras, el juicio con el Estado continuaba.</strong><br />
Sí.</p>

<p><strong>Era el Gobierno de Fujimori, los jueces estaban comprados.</strong><br />
Era horrible. Necesitábamos hacer un peritaje para demostrar que el camión se había caído por problemas en la construcción del puente, pues ningún ingeniero quería hacer el peritaje. Al final, tuvo que hacerlo un pariente de mi esposo, un ingeniero peruano que trabaja en los puentes de San Francisco (EE.UU.); y fue contundente.</p>

<p><strong>Finalmente, ganaron el juicio, pero una vez que se fue Fujimori.</strong><br />
Claro, y pudimos cobrar el seguro del camión… Fueron años bien duros. Una ahora se ríe y dice: “Las cosas pasan por algo”… Una desgracia tan tremenda me sirvió para encontrar ‘algo’, y también para descubrir en mí una capacidad para el liderazgo, porque de mí ahora dependen más de mil vendedoras. Nuestra facturación es importante, he formado a líderes importantísimas que son el sustento de sus familias. Es algo impresionante.</p>

<p><strong>¿Cómo se ve ahora, usted que ‘solo’ era una madre abnegada?</strong><br />
Capaz de hacer lo que me proponga. Ahora sí, para mí no hay imposibles. Ahora creo que todos los hombres, y en especial las mujeres, tenemos esa fuerza para hacer muchas cosas.</p>

<p><strong>¿Fue una mala decisión el haber dejado de estudiar?</strong><br />
Para nada: ahora me encuentro con mis amigas del colegio, muchas de ellas son profesionales, tienen cargos altísimos y yo gano mucho más que ellas.</p>

<p><strong>¿Es tan importante el dinero?</strong><br />
No, es importante haber logrado lo que he logrado, ¡y a pesar de la mala suerte! Aunque ahora ya no sé si el que se nos cayera el camión fue mala o buena suerte (ríe)… Dedicarme a la venta de estos productos me ha dado la oportunidad de salir adelante, de demostrarme que puedo hacer muchas cosas a pesar de no haber estudiado por distintos motivos… Ahora sé que si cualquiera de mis hijos tuviera algún problema, si pasase por una catástrofe como la nuestra, saldría adelante; porque ellos nos vieron. Nos han visto salir adelante: luchamos y lo logramos.</p>

<p><strong>Esa catástrofe también puso a prueba su relación de pareja.</strong><br />
¡Obviamente! Ya tenemos 27 años de matrimonio. Ante una cosa así, en muchos casos quizás cada uno se habría ido por su lado: “Arréglatelas tú solo”. A nosotros, al contrario, eso nos unió mucho más; como pareja y como familia.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> María Roxana Molero Velarde.<br />
<strong>Colegio:</strong> Comenzó en el Inmaculada, en La Convención (Cusco). Terminó en el Sophianum (Lima).<br />
<strong>Estudios:</strong> “Derecho, pero ‘derecho’ al altar (ríe)…”. <br />
<strong>Edad:</strong> 45 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Directora de región senior de Swiss Just Perú.</p>

<p><strong>Swiss Just </strong><br />
Transnacional suiza, produce y comercializa productos terapéuticos hechos con ingredientes naturales. Presente en 30 países, factura US$500 millones al año.</p>

<p><strong>Swiss Just Perú</strong><br />
Llegó el 2001, tiene unas 2.000 vendedoras (el 95% son mujeres) y factura S/.15 millones al año (más del 40% lo generan Roxana y su equipo).</p>]]>
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    <title>Pauchi Sasaki: “Uno se tiene que conocer a sí mismo”</title>
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    <published>2010-01-05T10:14:14Z</published>
    <updated>2010-01-05T16:10:24Z</updated>

    <summary> Seguía una carrera y, para evitarle más gastos a sus padres, apeló a su violín. La música la absorbió. Está aprendiendo a vivir de esta pasión que le ha permitido tocar junto a músicos rankeados en Tokio, San Francisco,...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/nA6kWeeDYec&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/nA6kWeeDYec&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><strong>Seguía una carrera y, para evitarle más gastos a sus padres, apeló a su violín. La música la absorbió. Está aprendiendo a vivir de esta pasión que le ha permitido tocar junto a músicos rankeados en Tokio, San Francisco, Madrid y Nueva York</strong></p>

<p>Pauchi Sasaki acaba de cumplir 28 años y ha vivido más que muchos de nosotros. Chiquita y de apariencia frágil, es enormemente osada. Quienes han asistido a sus presentaciones la admiran. Su cartón de periodista ha quedado por ahí, con su violín viene viajando y tocando en importantes ciudades del planeta. </p>

<p><strong>Estaba en la universidad y fue por no pedirle plata a sus papás que recurrió a eso que había aprendido a los 5 años: tocar el violín.</strong><br />
Sí. Las tres estábamos en la universidad y mi pobre papá estaba locazo, entonces pensé que si tocaba en el coro me podían bajar de categoría, pero nada. Además, por tocar te daban cien soles y tu vale para el almuerzo, que es una ayuda, pero yo dije: “¡No pasa nada!”. Una amiga con la que había estudiado música desde niñita me pasó la voz para tocar con Líbido, y así empezamos a tocar con las bandas con las que ella tocaba.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Estudiaba una carrera y por evitar más gastos en casa se metió en la música, ¿y qué pasó?</strong><br />
Me comenzaron a llamar para otros tipos de proyectos: para performances, teatro… Me salió una gira a EE.UU. y hubo un momento…</p>

<p><strong>¿Una gira?</strong><br />
El 2005, con Tavo Castillo y Tito La Rosa (con quienes hacía música ritual), y (una vez allá) me invitaron a quedarme seis meses para que tenga clases con una profesora que me gustaba…</p>

<p><strong>¿La invitaron?</strong><br />
Sí, una amiga me invitó a Nueva York para que conozca a la profesora que yo quería conocer, y ese fue el momento en que me planteé: ¿Qué hago?</p>

<p><strong>Ya estaba ejerciendo su carrera, la música seguía siendo un ‘cachuelo’.</strong><br />
Claro. Sin embargo, a la música le daba más del 50% de mi tiempo, sin darme cuenta, ¡por eso lo hacía feliz! Era mi hobbie, frenéticamente tocaba con todo el mundo, participaba en muchos proyectos porque, para mí, con lo que me tenía que estresar era con la chamba (ríe)… Pero el 2005, cuando me salió ese viaje a Nueva York, me cuestioné; y mi hermana, que es abogada, me dijo: “Pauchi, sé consciente: ¿Con qué has ganado más plata?”. “Con mi violín”. “¡Ya pues!”. Mi hermana, que es más formal, me hizo ver que la música era lo que más me estaba dando.</p>

<p><strong>Para entonces ya había comenzado a investigar el violín andino.</strong><br />
Sí. A mí me gusta mucho el sonido del violín tradicional, lo que me ‘raya’ es que sea un instrumento que en todas las culturas se haya interiorizado tanto… En cada lugar del Ande han desarrollado un estilo diferente. Aquí, tal como en la música hindú, el violín es como la voz humana.</p>

<p><strong>Para aprender, usted viajó por el interior del país, iba a los conos de Lima, se vinculó con danzantes de tijeras. ¿Por qué?</strong><br />
¡Porque me gusta!</p>

<p><strong>¿Y cómo hacía con la chamba?</strong><br />
¡Ah! Yo por eso me enfermé (ríe)… Había momentos en que tenía cinco chambas al mismo tiempo. Me pasé de la raya… Fue así que conocí a mucha gente. Uno de mis mejores amigos es Raúl Curo, campeón de danzantes de tijeras por muchos años. Como yo iba a los festivales, un día él preguntó: “¿Quién es esa chinita?”; y desde entonces uno colabora con el otro.</p>

<p><strong>Cuando viajó a EE.UU., hizo lo mismo.</strong><br />
Sí. Acá un profesor me puso un disco y me dijo: “Pauchi, esta mujer te va a gustar”; y cuando lo escuché… ¡Aaahh!</p>

<p><strong>¿De quién se trataba?</strong><br />
Alicia Sviglas, una violinista que ha fusionado el violín judío con el jazz. Y yo dije: “Qué bonito sería conocerla y tomar clases con ella”… Eso debió haber sido en abril del 2005, y ahí nomás –sin querer- me salió la gira en septiembre y, en octubre, me invitaron a Nueva York. Antes de ir, le escribí (a Alicia Sviglas) al e-mail que salía en su disco: “Hola, ¿tú crees que me puedas dar unas clases?”. “Ya, vente”. Y no era tan caro… Fui a su casa, tomé tres clases y de ahí comencé a ir dos veces al año para tomar más clases con ella.</p>

<p><strong>¿Cómo consiguió el dinero para viajar?</strong><br />
¿Esa vez? La productora de Tito (La Rosa) me regaló el pasaje…</p>

<p><strong>¿Cómo así? ¿Por simple empatía?</strong><br />
Todos mis viajes han sido producto de eso: me caes bien, te caigo bien; me gusta lo que haces, tienes talento, te ayudo.</p>

<p><strong>En el mundo ‘normal’ eso no se entiende, ¿no?</strong><br />
(Ríe)… ¡Es que la vida real no se basa en títulos ni en caminos predefinidos! Y es eso lo que asusta, pero es eso también lo que muchas veces más sorpresas te da; y es lo que más sorpresas a mí me ha dado. Por ejemplo: me salió ese viaje a Nueva York y, a partir de entonces, se me hizo más fácil ir; y siendo tan caro, ¡no sé de dónde salían los pasajes! ¡Salían! </p>

<p><strong>Así ha terminado tocando en Tokio, Madrid, San Francisco, Nueva York… Tiene 28 años. ¿Cómo se siente?</strong><br />
Siento que me falta mucho.</p>

<p><strong>Pero, a cuántos chicos a los que les gusta la música y tienen el punche para salir adelante les gustaría vivir lo que usted está viviendo. ¿Ha pensado en eso?</strong><br />
Recién me haces dar cuenta (ríe)… Sí, los últimos años han sido de búsqueda. El secreto está en buscar hacia fuera… Mi trabajo, por ejemplo, se centra en la introspección, en buscar hacia adentro, pero eso es muchas veces centrípeto, no hay salida, y uno se puede terminar ahogando en un vaso con agua. En cambio, si uno busca hacia fuera, toma un camino que no tiene fin… Saber eso me ha ayudado mucho. Ahora, si me sale algo, ya no digo: “No la hago”. La otra vez me pasaron la voz para musicalizar una obra en Japón. Me pagaban el viaje, ¡todo! Y yo me preguntaba: “¿Y doy para eso?”.</p>

<p><strong>¿Lo hizo?</strong><br />
Lo hice. </p>

<p><strong>Caray, si la están llamando de Japón y le ofrecen todo, ¿será porque su trabajo vale la pena, no?</strong><br />
Sí, pues, ¿no? (se mata de risa)…</p>

<p><strong>En su proceso, hay una clave: la amistad; porque en esto, no está sola.</strong><br />
¡No! ¡Yo no podría haber hecho nada sola!</p>

<p><strong>Lo interesante es que al ser honesta con su música no solo ha hecho amigos aquí, sino también en el mundo.</strong><br />
Sí. Como todo en el arte: todo son relaciones humanas. Pero la gente no es tonta: sabe cuándo alguien le quiere vender algo y cuándo alguien le quiere decir algo. Aunque hay gente y gente, ¿no? Pero la mayoría busca las cosas naturales y sinceras, las que se hacen de corazón.</p>

<p><strong>¿Cuántas unidades vendió de su primer CD?</strong><br />
Unas cuatrocientas. Las demás las habré regalado.</p>

<p><strong>Definitivamente, no vive de eso.</strong><br />
No. Aunque allá (en EE.UU.), sí. La venta, acá, con las justas cubre los gastos de producción.</p>

<p><strong>Entonces, ¿por qué los produce?</strong><br />
Primero, por difusión… ¡y porque necesito producir! Necesito ordenar mis ideas, yo no quiero tenerlo todo en mi computadora; en algún momento va a colapsar, se va a morir, y yo no quiero que las cosas que hago se mueran.</p>

<p><strong>Además, hay un público que la quiere escuchar.</strong><br />
Yo no sé. Yo simplemente lo hago… Y si gusta, va a ser interesante saberlo.</p>

<p><strong>Dejó un oficio por dedicarse a lo que la apasiona. No se ha preguntado: ¿de qué va a vivir más adelante?</strong><br />
Sí, creo que la crisis de los 30 me vino a los 28 (ríe)… Estoy en esas, pero hay algo más importante: uno se tiene que conocer a uno mismo y saber qué puede tolerar. Yo sé que no podría tolerar dejar de hacer esto, sé que me deprimiría, que sería infeliz. Quizás podría tener dinero, pero no sería feliz.</p>

<p><strong>Pero, hoy, la sociedad de consumo es feliz adquiriendo cosas.</strong><br />
Cada uno nace con dos bolsitas, una en cada mano: en una están nuestras dificultades –que a mí más me gusta ver como retos- y, en la otra, los regalos. Cuando uno no utiliza su bolsita de regalos se siente inútil; y parte de la felicidad radica en sentirse capaz de algo, en saber que uno es ‘ducho’ en algo, que tiene oficio para algo; y al hacer eso ¡vas a brillar! Cuando uno hace lo que no le gusta, no brilla. </p>

<p><strong>Lo que usted quiere es brillar.</strong><br />
Lo que yo quiero es ser feliz, pero es tan difícil… Justo un amigo se mató esta semana y nadie entiende por qué… Uno se pregunta: ¿En qué radica la felicidad? Uno puede ser inteligente, guapo, muy productivo… Uno puede ser tantas cosas pero al mismo tiempo sentirse tan vacío… Entonces, la pregunta sobre la felicidad se hace aún mucho más compleja…</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre: </strong>Paula Cristina Sasaki Otani.<br />
<strong>Colegio: </strong>Beata Imelda.<br />
<strong>Estudios:</strong> Periodista de la PUCP.<br />
<strong>Edad: </strong>28 años.<br />
<strong>Cargo: </strong>Violinista y compositora.</p>

<p><strong>Pauchi Sasaki</strong><br />
Violinista y compositora. Inició sus estudios a los 5 años, a los 17 comenzó a acompañar a reconocidos músicos locales de diversos géneros.</p>

<p><strong>Producción</strong><br />
Reconocida por la crítica local, prepara su tercer CD. Ha participado en proyectos con destacados músicos internacionales y tocado en EE.UU., España y Japón.</p>]]>
    </content>
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    <title>Fina de Leigh: “Siempre fui libre e independiente”</title>
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    <published>2009-12-29T13:43:50Z</published>
    <updated>2009-12-29T15:01:06Z</updated>

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        <![CDATA[<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/vhnGuSZS-gI&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/vhnGuSZS-gI&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><strong>Por ayudar a una prima descubrió su don para las ventas. No solo su vida, también cambió la de su hija, hoy solicitada diseñadora. Su nieta se les ha unido, juntas exportan sus prendas a Europa</strong></p>

<p>Si fuera por Beatriz, el mundo entero sabría que su madre está por cumplir 84 años; y no solo porque está segura de que al planeta le sorprendería lo bien conservada que está su mamá, sino porque no sabe qué más hacer con el orgullo que en ella Fina desata. “Fina es la fundadora. Cuando abrimos solo ella era conocida, y tenía todo el cariño de sus clientas”. </p>

<p>Ocurrió 29 años atrás, y quienes pisaron su tienda de ropa para damas son testigos del movimiento que ahí había. Debido a los desastres que en los 80 dejaron El Niño y Alan, muchas boutiques fueron arrasadas. La de Fina, no. Según la piurana que forjó la marca que ha vestido a miles de limeñas, su desarrollo se debe a su hija. “Somos una buena dupla, pero ella es el alma de las tiendas”, aclara la hoy rankeada diseñadora que ha bautizado con su nombre a su marca: Beatriz Leigh. Recientemente, la nieta ha entrado en acción y con Wilca están vistiendo al público joven… Con ustedes, la mujer que forjó esta saga de confeccionistas.</p>

<p><strong>¿Cuánto cambió su vida desde que una prima le pidió que la ayude a vender toallas?</strong><br />
¡Ah! Abrí una tienda, me dediqué a vender ropa… Yo tengo que estar en la tienda. Si no vengo ¡me desespero! Porque yo estaba en mi casa, con mis hijos, oyendo música, regando mi jardín… ¡No hacía nada!</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>¿Qué descubrió al comenzar a dedicarse a esto?</strong><br />
Que me entretenía. Me iba a Ancón ayudando a mi prima a vender lo que ella necesitara; y ahí fue que me picó el mosquito (ríe)…</p>

<p><strong>Y no solo cambió su vida, sino también la de su hija Beatriz, que estudió Psicología pero por ayudarla en la tienda que usted abrió terminó descubriendo sus dotes como diseñadora; y hoy es muy reconocida.</strong><br />
Ella está feliz ahora, pero ha renegado mucho… “¡Por ayudarte dejé mi carrera!” (ríe)… Es que así fue.</p>

<p><strong>De no haber existido esas toallas, usted habría seguido regando su jardín.</strong><br />
No habría hecho nada, pero esa prima era una persona muy especial. Ella, tal como después lo hice yo, tenía un boutique no por necesidad, sino porque quería entretenerse. ¡Nada más que por eso! Y llegó a tener una hacienda.</p>

<p><strong>De no haber descubierto su talento para las ventas no existirían las marcas Fina, Beatriz Leigh ni Wilka, tampoco esta hermosa tienda ni estarían exportando a Europa.</strong><br />
Sí… Pero mucho de lo que se ha logrado se lo debemos a Beatriz. Yo solo soy una persona que disfruta engriendo a la clientela, dándoles gusto.</p>

<p><strong>Su hija dice todo lo contrario: que esto no existiría de no ser por usted.</strong><br />
Será que nos complementamos, pues. </p>

<p><strong>Usted pertenece a una generación de mujeres acostumbradas a secundar al marido.</strong><br />
Yo siempre fui libre e independiente. Siempre hice lo que yo quería (ríe)… </p>

<p><strong>¿Cómo así, si eso no era lo usual?</strong><br />
Sería mi carácter… Yo era como mi prima: activa.</p>

<p><strong>¿De dónde le viene?</strong><br />
En mi familia materna todas somos así: las mujeres Checa somos muy fuertes. Una vez, mi hija me lo dijo: “¿Tú te has dado cuenta de que todas las mujeres son más fuertes que los hombres?”. No sé si será así en otras familias, pero yo creo que la mujer es más luchadora.</p>

<p><strong>En su caso su esposo debió ser clave, pues al ser comerciante no puso ningún reparo en que usted iniciase un negocio.</strong><br />
Él también era una persona bien movida. Él hizo diferentes negocios: tuvo ganado, vendió leche, comercializó cemento, con unos socios construyó el reservorio Los Cocos (en Piura), tomó una hacienda, sembró parras… Era una persona muy luchadora: se le presentaba un negocio, ¡y él entraba al negocio!</p>

<p><strong>Ahora entiendo por qué su hija -a los 12 años- le vendía sortijas a sus amiguitas en el bus del colegio.</strong><br />
Sí (ríe)… Beatriz también ha sido siempre una luchadora.</p>

<p><strong>¿Cómo descubrió que era buena para las ventas?</strong><br />
No sé… </p>

<p><strong>Tengo entendido que cuando vio las toallas de su prima, usted las puso en una caja de panetones que metió en la maletera y, al abrirla, sus amigas al toque se las compraron.</strong><br />
Ella me llamó un día y me dijo: “¿Me quieres ayudar? Ven a mi casa”. Su garaje que era para dos autos estaba lleno hasta el techo de toallas de todos los colores que te puedas imaginar. Yo lo vi y dije: “Esto parece el cuarto (del rescate) de Atahualpa”… Era agosto, entonces en Lima no se usaban toallas de colores (era fines de los 60): todo era rosado, blanco o celeste. Ancón era el balneario de moda, era el negocio perfecto para el verano, pero vi el cuarto tan lleno que me asusté. Ella ya le había pasado la voz a otras amigas; y yo fui su vendedora estrella.</p>

<p><strong>Fue entonces que decidió abrir su propia boutique en Chacarilla.</strong><br />
Sí. Recién se estaba formando Chacarilla y una amiga –Betty Dibós- me contó que estaban queriendo tener un centro comercial con restaurantes, boutiques, y todo eso…</p>

<p><strong>Abrió y fue un boom.</strong><br />
Yo creo que sí… Es que yo no te lo podría decir porque no soy vanidosa. Fue un gusto para mí, la gente comenzó a llegar…</p>

<p><strong>Incluso varias primeras damas: Fina –como se llamó su tienda- tuvo como clientas a las esposas de Fernando Belaúnde, Juan Velasco Alvarado, Alan García…</strong><br />
¡También señores! Había señores que llegaban, se sentaban y sus hijas les modelaban la ropa… Había uno que iba con la nuera, que engreía a su nuera.</p>

<p><strong>¿Cuál era su secreto?</strong><br />
¡Cuál sería pues! Ser así, como me ves (ríe)… Yo converso, les hablo… Yo nunca les voy a decir: “¿Qué estás buscando?”. Yo les digo: “Te voy a mostrar lo que hay, a ver si te provoca algo”. Una vez, una persona me dijo: “¿Y tú por qué no pones una escuela para que aprendan a atender al público? ¡Tú deberías tener una escuela!”.</p>

<p><strong>¿Lo haría?</strong><br />
¡No!</p>

<p><strong>Claro, porque lo suyo es instintivo. Usted ni cuenta se había dado de que es una buena vendedora.</strong><br />
¡No pues! Justo, ahorita una chica de la tienda le ha dicho a una clienta: “¿Qué está buscando?”. ¡¡¡Cómo le va a decir: ‘¿Qué está buscando?’!!!</p>

<p><strong>Sin pretenderlo, terminó construyendo la fidelidad de su público.</strong><br />
El otro día entró una señora y me dijo: “Finita, ¡cómo te quiero!”. ¡Te juro! Una persona mucho menor que yo, pero me dijo: “Hace tantos años que nos conocemos”…</p>

<p><strong>Lo interesante es que ha logrado esto sin haberse trazado una estrategia de máketing ni de nada.</strong><br />
No… Cuando se van, yo por ejemplo les digo: “¿Te vas contenta?”. “Me voy contenta”. “¿A pesar de que has gastado un montón de plata?”… ¡Yo les digo lo que me sale! Y ellas se ríen… Muy rara vez entra a la tienda alguien que no encuentra algo que le guste, ¡pero no es que yo les venda porque les quiero vender! No. Yo lo hago porque me gusta que se vayan contentas, y si algo no les gusta ¡a mí me gusta que me lo digan! Porque así sé qué otras cosas les puedo enseñar, pues.</p>

<p><strong>Tiene 83 años. ¿Por qué sigue trabajando?</strong><br />
¿Qué haría si no hago esto? En mi casa me vuelvo loca… En verano, leo; pero en invierno no puedo, estoy pensando todo el tiempo: en las personas, en lo que quieren, en sus pedidos, en lo que hay que mandar a hacer… y Beatriz, reniega.</p>

<p><strong>¿La sigue regañando porque pasadas las tres de la tarde por estar atendiendo a sus clientas no ha almorzado?</strong><br />
(Ríe)…</p>

<p><strong>¿Es consciente de lo que ha generado?</strong><br />
No… Por eso cuando ella me dice que soy yo la que ha hecho todo, yo le respondo: “No, ¡tú eres!”. Pero la gente: “Pero ¡tú sembraste!”… ¡Yo no he sembrado nada! Beatriz es la que ha impulsado el negocio. Yo no he hecho nada.</p>

<p><strong>Su nieta ha creado ahora su propia marca de ropa para chicas: Wilka. ¿Qué siente?</strong><br />
Es un gusto, pero tiene que aprender mucho todavía.</p>

<p><strong>Tiempo al tiempo.</strong><br />
Así es.</p>

<p><strong>Fina</strong><br />
Empresa dedicada al diseño y confección de prendas para mujer que Fina con su hija y una prima inició en 1980. Su catálogo hoy incluye las marcas Beatriz Leigh y Wilka (nieta en quechua).</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Acaba de abrir su tercera tienda. Incluido su personal de taller, da trabajo a 60 personas. Desde hace 8 años exporta a Europa.<br />
 <br />
<strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> Delfina Riveros Checa de Leigh.<br />
<strong>Colegio:</strong> Belén.<br />
<strong>Estudios:</strong> No realizó. “Me casé a los 18 años”.<br />
<strong>Edad:</strong> 83 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> “Complacer y engreír al público”. Fundadora y propietaria de Fina.</p>]]>
    </content>
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    <title>Ana Muñoz: “Yo arranqué y tomé mi vida”</title>
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    <published>2009-12-22T13:16:07Z</published>
    <updated>2009-12-22T15:13:20Z</updated>

    <summary>Foto: Óscar Roca Estudió periodismo pero a los 21 organizó el lanzamiento de un producto y todo cambió. Hoy tiene 35, inició su empresa con US$500 y despedirá este año con una facturación que supera el millón Sobre ella, Julio...</summary>
    <author>
        <name>Antonio Orjeda</name>
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    </author>
    
    
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        <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="ANA MUÑOZ015.jpg" src="http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/ANA%20MU%C3%91OZ015.jpg" width="400" height="267"></div><em>Foto: Óscar Roca</em>

<p><strong>Estudió periodismo pero a los 21 organizó el lanzamiento de un producto y todo cambió. Hoy tiene 35, inició su empresa con US$500 y despedirá este año con una facturación que supera el millón</strong></p>

<p>Sobre ella, Julio Centurión, su socio y esposo, ha dicho: “Creo que a mucha gente que emprende algo le falta una Anita para sostenerse en el tiempo”. Anita asegura que nada de lo que ahora tienen existiría de no ser por él. Así son ellos: uno promociona al otro (y tienen razones para hacerlo). Su empresa, Shock MKT, precisamente se dedica a promocionar los productos de otros. Antes de conocerse, Julio y Ana trabajaban para otros. El amor los unió, se creyeron capaces de todo y se lanzaron a la aventura. El tiempo les ha demostrado que valió la pena.</p>

<p><strong>Tiene 35 años, comenzó hace siete con quinientos dólares y, este 2009, lo va a cerrar con una facturación de casi millón y medio de dólares. ¿Cómo se hace?</strong><br />
Pucha… ¡con bastante esfuerzo! Con bastante dedicación, responsabilidad, ¡con bastantes ganas! ¿Sabes qué? Con ganas de hacer las cosas bien, porque una cosa es tener ganas de tener tu empresa y salir adelante, pero: te levantas tarde, quedas con un cliente y no vas, no entregas tu trabajo a tiempo… Entonces: hay que hacerlo con ganas, ¡pero de hacerlo bien!</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Estudió periodismo. ¿Qué habría sido de usted de haber ejercido su oficio?</strong><br />
No estaría en el Perú.</p>

<p><strong>¿Por qué?</strong><br />
Porque yo soy de una generación bien complicada: yo nací con apagones y sin agua. Yo estudié con vela. Entonces, mi actitud siempre ha sido bien rebelde; y creo que es por eso que ahora tengo lo que tengo. “No tengo luz: ¡voy a trabajar para nunca más dejar de tener luz!”. Creo que por eso estudié Periodismo: para poder denunciar todas esas desgracias (ríe)…</p>

<p><strong>¿Y qué pasó?</strong><br />
Me di cuenta de que mi vena es más comercial. Así no me guste, porque lo que yo más odio, es vender; pero, lo que mejor hago, es vender.</p>

<p><strong>¿Cómo entiende eso?</strong><br />
Pucha, me ha costado charlas duras con mi esposo. “¡Entiéndelo, es lo que mejor haces!” (ríe)… Tengo clientes que me dicen: “¡No quiero escucharte! ¡No quiero escucharte! ¡Tú me puedes vender hasta piedras!”.</p>

<p><strong>Lo que hizo fue seguir su instinto.</strong><br />
Sí, porque entré a trabajar a Concordia cuando lo que me tocaba era practicar en un diario chico… Un día me tocó seguir a (Fernando) Olivera, y fue tan desagradable, que creo que ese día dije: “No voy a ser periodista”.</p>

<p><strong>Entró a Concordia y organizó tan bien una campaña que, al año siguiente, la buscó otra empresa grande: Frito Lay.</strong><br />
Sí, gracias al recuerdo de un cliente que –esto me lo contó después de años- se quedó con la sensación de: “Esta chica sabe lo que yo estoy buscando”.</p>

<p><strong>La llamaron y le propusieron un reto: iniciar una empresa y que como tal les brinde sus servicios.</strong><br />
Sí. Me dijeron: “¿Quieres hacerlo?”.</p>

<p><strong>Tenía 23 años. ¿No tuvo miedo?</strong><br />
No (ríe)… De mis casi 14 años en este rubro, ¿sabes cuántos he trabajado como dependiente? Dos (ríe)… Y eso se lo debo a quien me contrató. Ella fue mi sensei. Nunca se lo he dicho…</p>

<p><strong>¿Quién es?</strong><br />
Alesandra Huamán. Ella apostó por mí, ¡y se trataba de una transnacional!</p>

<p><strong>¿Y cómo le fue?</strong><br />
Muy bien.</p>

<p><strong>Y pensar que solo dos años antes, usted era solo una estudiante.</strong><br />
Sí, pues.</p>

<p><strong>¿Se daba cuenta de lo que estaba haciendo?</strong><br />
Para nada. Yo, recién, a mis 35 años, he comenzado a analizarlo. El día de pago, pienso: “¿Y yo le pago a toooda esta gente?”. Esa es una de las cosas en las que he comenzado a pensar recién. Antes yo era: ¡trabaja, trabaja, trabaja! No pares, ¡no pienses!</p>

<p><strong>A los 24, su hermana que vivía en México le dijo: “Ven, aquí hay oportunidades”; y se fue. Aquí le estaba yendo bien, ¿por qué lo hizo?</strong><br />
Por dos motivos: porque no encontraba algo que después me dio mi esposo –no terminaba de creer en mi talento- y además porque me quería deshacer de un ‘estropajo’ que tenía por enamorado (ríe)…</p>

<p><strong>Allá no tenía nada.</strong><br />
Nada. Y nada, pues: a tocar puertas… Terca, terca, terca…</p>

<p><strong>¿Desde cuándo es tan mandada?</strong><br />
Yo no creo ser tan mandada, ¿alucina? Al contrario, si fuese más mandada creo que habría logrado más cosas.</p>

<p><strong>¿Así? A los 24, partir a otro país a tocar puertas, teniendo ya algo aquí. ¿Si eso no es ser mandada?</strong><br />
Es que yo soy la sétima. Mi hermano mayor ¡tiene 50 años! Entonces, yo desde siempre tuve hermanos que me enseñaron todo. Mis papás estaban muy grandes para estar cuidando a la hijita menor. Me decían: “¿Quieres hacer eso? ¡Hazlo, pues! A ver si te liga”. Así que yo arranqué, y tomé mi vida… “Papá, quiero abrir una empresa con 500 dólares”. “Ábrela, pues. Usa el patio de atrás, que sea tu oficina”. Mis papás ¡son todo!</p>

<p><strong>Ahora tiene esta casota que usa como oficina.</strong><br />
Después de haber empezado en el patio de la casa de mis papás, y con mi carrito (ríe)…</p>

<p><strong>En su historia también entra la suerte, porque fue durante un vuelo que conoció a quien terminó proponiéndole trabajo en Lima.</strong><br />
Exacto, porque usualmente no hablo con nadie en el avión, ¡les tengo pánico!</p>

<p><strong>La suerte tampoco es gratuita, ¿no?</strong><br />
Claro, es que lo que yo siempre he hecho es chapar la oportunidad y no soltarla nunca. Pero estas son cosas inconscientes, porque si las piensas no las haces.</p>

<p><strong>Decidió regresar. Allá se había vuelto a enamorar…</strong><br />
Sí, pero vine y me olvidé al mes… Es que llegué ¡a tal juerga! (ríe)… Me encontré con mis amigas, yo venía de una ciudad cosmopolita, ya con otra forma de vivir. ¡Me sentía lo máximo!</p>

<p><strong>Llegó y no trabajó para otros más que nueves meses. Decidió abrir su propia empresa.</strong><br />
Cosa que nos les hizo mucha gracia (a quienes la habían contratado), pero me decidí porque conocí a Julio. Además, sentía que estaba levantando algo que no era mío, ¡y que no me hacían sentir que era parte de algo! Cosa que yo sí practico con mi gente… Me encontré con un chico súper, que me dijo: “Me gusta cómo eres, me gusta que tengas estas ganas, ¿qué necesitas?”. “¡Plata!”. “Ya, te doy lo que tengo”… </p>

<p><strong>Si le había ido tan bien en México, ¿cómo entender que no tuviera con qué empezar acá?</strong><br />
Porque México es carísimo, y porque cuando llegué, yo no había juntado porque me había dedicado a vivir ‘la vida loca’ (ríe)… Si bien yo ahora manejo toda la parte administrativa de la empresa, antes yo era una botarate. </p>

<p><strong>¿Y cómo cambió?</strong><br />
Fue por Julio; y porque si bien eran solo 500 dólares, no eran míos y yo se los tenía que devolver. Además, él tiene un punche increíble, ¡ese compadre sí que no tiene roche de nada! Él me decía: “¿Quieres hacer esto? Ya pues, ¡no de desconcentres!”.</p>

<p><strong>Juntos abrieron Shock MKT. ¿Cómo fue el primer día?</strong><br />
Nos mirábamos la cara (ríe)… ¡Hemos tenido días terribles! Él tenía su carro y yo el mío, pero usábamos solo uno para ahorrar gasolina. Me acuerdo que su familia le decía: “Busca trabajo”. “¡Pero estoy trabajando!”. </p>

<p><strong>¿Por qué siguieron adelante?</strong><br />
Yo creo que por dos motivos: porque él es muy emprendedor y yo muy soberbia –a mí nadie me gana- y, además, porque estábamos enamorados. Sentíamos que si deshacíamos esto, parte de lo que éramos nosotros también se iba a romper; y la cosa comenzó a caminar, y tres meses después tuvimos a nuestro primer gran cliente (Gloria). Por eso nosotros decimos que nuestro matrimonio ha sido bendecido.</p>

<p><strong>Dice que su ahora esposo ha sido fundamental en su crecimiento. ¿Cuál fue su estrategia de marketing promocional para atraparlo?</strong><br />
¡¿A Julio?! (ríe)… Los cincos años que le llevo (se mata de risa)…</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> Ana Luisa Muñoz Vildoso.<br />
<strong>Colegio:</strong> Recoleta.<br />
<strong>Estudios:</strong> Periodista del Instituto Bausate y Meza y marketera de la Universidad San Ignacio de Loyola.<br />
<strong>Edad:</strong> 35 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Propietaria y directora de Shock.</p>

<p><strong>Shock MKT</strong><br />
Empresa de marketing promocional, BTL y de eventos que Ana y su esposo crearon a fines del 2002 con una inversión de US$500.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Con oficinas en Trujillo y Arequipa, atiende a casi todo el país. Tiene 50 empleados. Cerrará este año con una facturación de casi US$1,5 millones.</p>]]>
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    <title>Rosa Goldfarb: &quot;Sin reflexión no conseguimos nada&quot;</title>
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    <published>2009-12-15T15:02:42Z</published>
    <updated>2009-12-15T16:48:43Z</updated>

    <summary>Foto: Rolly Reyna. El Perú, país de contradicciones: cargado de emprendedores que crecen entre instituciones débiles y descompuestas. País donde hay harto líder que despertar (ella y su equipo tienen el despertador) Una institución —explica Rosa Goldfarb— es una organización...</summary>
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        <name>Antonio Orjeda</name>
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        <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="RosaFoldfarb_REYNA.jpg" src="http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/RosaFoldfarb_REYNA.jpg" width="400" height="267"></div>Foto: Rolly Reyna.

<p><strong>El Perú, país de contradicciones: cargado de emprendedores que crecen entre instituciones débiles y descompuestas. País donde hay harto líder que despertar (ella y su equipo tienen el despertador)</strong></p>

<p>Una institución —explica Rosa Goldfarb— es una organización en la que se favorece el desarrollo de cada uno de sus integrantes, en la que cada persona puede ir transformando su rol. El proceso de transformación siempre implica avances y retrocesos, añade. Años atrás, Rosa asistió a un seminario. Supo entonces cuál era su rol en esta vida: trabajar para que en este país las instituciones sean lo que deben ser. No al estilo de nuestros políticos ni de nuestras autoridades. El seminario que cambió su forma de ver el mundo fue ofrecido por Innovacción, organización que ahora ella preside.</p>

<p><strong>¿Para qué existe Innovacción?</strong><br />
Básicamente, para promover la transformación institucional y social. Para ello organiza actividades en las que los participantes pueden aprender -a través de la experiencia- sobre los procesos grupales. Los seminarios permiten analizar los roles que cada uno asume, así como ejercer nuestro liderazgo y autoridad; y son esas experiencias las que justamente abren la posibilidad de transformar nuestro propio rol y, a través de ello, nuestra institución. Innovacción agrupa a personas interesadas en contribuir a la transformación del mundo.</p>

<p><strong>Usted es una psicoterapeuta rankeada, ¿por qué decidió tomar tiempo de su valioso tiempo para esto?</strong><br />
Porque a medida que he ido pudiendo ponerme más en contacto con mi responsabilidad y compromiso con la sociedad y con mis semejantes, me he percatado de que la única posibilidad de hacer transformaciones efectivas es a través de este tipo de trabajos.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>¿Cuánto daño le hizo el régimen de Fujimori a nuestra idea de institucionalidad?</strong><br />
Si bien el de Fujimori es un referente clarísimo, nuestros problemas de institucionalidad son muy anteriores… Me pregunto si alguna vez hubo institucionalidad real en el Perú.</p>

<p><strong>Cierto. Este es un país donde a través de la historia muchos ‘señores’ han hecho dinero gracias a prebendas; y eso no nació con Fujimori.</strong><br />
Así es. Pero no solo eso: el nuestro es un sistema político en el que no elegimos a quien irá a liderar el trabajo compartido por todos los ciudadanos, aquí siempre se depositan en un caudillo las expectativas de solución a todos los problemas. Esto no constituye una institución.</p>

<p><strong>Entonces, ¿algo ‘positivo’ de haber tenido un régimen tan sinvergüenza es que nos quitó la careta y nos reveló lo frescos que somos como ciudadanos?</strong><br />
Así es.</p>

<p><strong>Por eso, hoy, congresistas y demás autoridades involucradas en el caso Alas Peruanas no creen estar en falta. No hay mea culpa.</strong><br />
Tampoco hay real consciencia de lo que ello implica. Parte de la dificultad -y esa es una de las cosas que trabajamos en Innovacción- es reconocer qué nos mueve: ¿Cómo estamos actuando? ¿Cómo estamos desempeñando nuestros roles? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades?</p>

<p><strong>¿Por qué estamos así?</strong><br />
¡Ojalá tuviera la respuesta! Una de las cosas que vamos entendiendo, es cómo funcionamos: creyendo -a un nivel racional- que hacemos las cosas por tales razones, pero también estamos movidos por factores inconscientes, organizados en un esquema mental que puede hacer que se justifiquen ¡muchas cosas!</p>

<p><strong>De nuevo: ¿Por qué? No es que los peruanos hayamos nacido así, ¿no?</strong><br />
No (ríe)… Todos funcionamos dentro de un sistema, con una lógica particular, con una comprensión del mundo particular, con valores e interpretaciones que tienen que ver con nuestra historia: con las experiencias que hemos vivido nosotros pero también nuestra comunidad y, solo a través del reconocimiento de esa organización de la vida es que podemos entender por qué estamos haciendo lo que hacemos. Y a través de ello es que podemos realizar transformaciones.</p>

<p><strong>Curioso, ¿no? Porque uno revisa los medios y ve mucha podredumbre, pero a la vez somos un país de emprendedores.</strong><br />
Los seres humanos tenemos impulsos destructivos y creativos; y el balance, la posibilidad de transformar, está en movilizar los recursos creativos: amalgamar los impulsos de vida con la destructividad. Solamente de esa manera se pueden generar creaciones, innovaciones, transformaciones. </p>

<p><strong>Fue esa la razón por la que un grupo de profesionales peruanos se unió y creó Innovacción.</strong><br />
Sí. Era la búsqueda de espacios donde se pudiera analizar y realizar ese tipo de trabajo. </p>

<p><strong>¿No están arando en el desierto?</strong><br />
No, y la evidencia de ello nos la dan nuestros seminarios.</p>

<p><strong>En su contra tienen a líderes de opinión como los congresistas, Magaly Medina, Jaime Bayly… que más bien empujan el carro en contra. ¿No son demasiados escollos?</strong><br />
Nuestro reto es que esos líderes participen en nuestros seminarios y que puedan analizar qué está pasando, por qué están eligiendo esos roles.</p>

<p><strong>Su propuesta no es excluyente.</strong><br />
Queremos que sepan qué están representando para la sociedad.</p>

<p><strong>A ver, pero Medina es una mujer inteligente. Ella debe saber qué está generando, y claro, también que eso le significa ganar mucho dinero.</strong><br />
Yo me pregunto qué habrá en el mundo interno de esa mujer. Qué habrá en su vida real, no solo frente a la cámara; y cuáles son las motivaciones que la llevan a ocupar ese rol… Es importante reconocer que en el rol que uno toma se conjugan los factores personales pero también los del sistema al que uno pertenece. Hay una presión del sistema, del grupo.</p>

<p><strong>¿Qué han logrado hasta ahora?</strong><br />
Gente que ha empezado a tomar consciencia. Alrededor 300 personas -peruanos y de otros países- han participado de esta experiencia y la gran mayoría está aplicando lo aprendido en procesos de transformación en sus propias instituciones, que pueden ser sus familias, empresas u organizaciones sociales. Además colaboramos con instituciones afines en diferentes países del mundo, lo cual potencia el impacto de nuestro trabajo y ha permitido (en el Perú) la formación de un equipo de consultores altamente calificado.</p>

<p><strong>Ustedes trabajan con líderes que no necesariamente son cabezas de grupo.</strong><br />
No necesariamente. Generalmente, los líderes informales son los que tienen la mayor efectividad.</p>

<p><strong>¿Qué es el FLAM?</strong><br />
Un seminario: Feminidad-Liderazgo-Autoridad-Masculinidad, en el que durante cinco días se explora el ejercicio del liderazgo y la autoridad desde los aspectos masculinos y femeninos de cada uno, pues todos los seres humanos -hombres y mujeres- tenemos aspectos masculinos y femeninos.</p>

<p><strong>¿Lo hacen para que el hombre se encuentre con su lado femenino y la mujer con su lado masculino?</strong><br />
No solo eso, sino para que aprendan cómo ejercer el liderazgo y la autoridad a partir de esas características -masculinas y femeninas- que cada uno de nosotros tiene.</p>

<p><strong>¿Para qué?</strong><br />
Culturalmente, hemos ido recortándonos en el reconocimiento de la totalidad de nuestra personalidad: los hombres han aprendido a funcionar de una determinada manera, igual que las mujeres. Se supone que las mujeres somos tiernas y comprensivas y, los hombres, no; cuando un elemento del liderazgo masculino es también a través del contacto humano, cercano con su gente. Un elemento femenino de una líder mujer también requiere de actitudes generalmente asociadas a los hombres. Si bien el liderazgo de la mujer es ya asumido como parte de las empresas, su imagen es muchas veces masculinizada. Así, no tenemos liderazgos femeninos, sino liderazgos masculinos ejercidos por mujeres.</p>

<p><strong>Son hombres con falda.</strong><br />
Así es. </p>

<p><strong>¿Cómo identificar el rol que nos toca asumir en la sociedad?</strong><br />
No sé si nos toca… Es más bien ver dónde me ubico yo, qué tiene sentido para mí, cómo vibro en relación a lo que está pasando.</p>

<p><strong>Pero hoy vivimos tan rápido que no hay tiempo para eso.</strong><br />
Tenemos que hacernos el tiempo: si no reflexionamos, no vamos a conseguir nada. Parte de las dificultades que tenemos es porque reaccionamos sin reflexionar. Uno de los aportes de nuestros seminarios es la posibilidad de analizar lo que está sucediendo, sobre las dinámicas que se están dando: lo consciente tiene inconsciente. A partir de eso podemos entender.</p>

<p><strong>En su caso, ¿a qué la llevó la reflexión?</strong><br />
Yo empecé esto como parte de un taller, y lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de prejuicios y estereotipos que yo tenía. Tuve la posibilidad de entender que por más terapeuta, con todos mis estudios, tenía un rol supertradicional como mujer. Frente a eso, mi opción pudo haber sido: “Simpático el seminario, gracias”. Pero mi opción fue: “No, esto lo tengo que seguir profundizando”. </p>

<p><strong>¿De qué se siente más orgullosa tras estos años de trabajo en Innovacción?</strong><br />
Del grupo del que formo parte. Un grupo súpercomprometido, todos estamos dispuestos a rajarnos.</p>

<p><strong>¿No se sienten en minoría? De nuevo: cuando uno revisa los medios pareciera que estamos fritos, que no hay salida.</strong><br />
Nunca me he planteado la posibilidad de que no haya salida. Reconozco que son momentos críticos, pero el mismo trabajo me permite ser optimista.</p>

<p><strong>Es cierto, podrán ser minoría, pero saben que no están solos, que en el país hay varios grupos que, a su manera, están trabajando por la transformación del país.</strong><br />
Así es. Y no solo aquí, en otros lugares en el mundo también hay grupos que toman el reto.</p>

<p><strong>LA FICHA</strong><br />
<strong>Nombre:</strong> Rosa Goldfarb Blomberg<br />
<strong>Colegio:</strong> Santa Margarita<br />
<strong>Estudios:</strong> Psicoterapeuta de la Universidad Católica especializada en pareja y familia.<br />
<strong>Edad:</strong> 61 años<br />
<strong>Cargo:</strong> Presidenta de Innovación y gerenta general de Itaca, Consultores en Transformación Institucional.</p>

<p><strong>LA EMPRESA</strong><br />
<strong>Innovación</strong><br />
Creada el 2002, es una asociación sin fines de lucro orientada a quienes lideran procesos de innovación conducentes a la transformación de sus propios roles y de sus organizaciones.</p>

<p><strong>Aporte</strong><br />
A la fecha ha realizado siete seminarios internacionales Liderazgo para la Trasformación, dos FLAM, además de talleres de capacitación.</p>]]>
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    <title>María Dongo: “La mujer es la fuerza de la dulzura”</title>
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    <published>2009-12-08T12:42:08Z</published>
    <updated>2009-12-08T15:01:10Z</updated>

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        <![CDATA[<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/uc7giG4Leo4&hl=en_US&fs=1&showinfo=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/uc7giG4Leo4&hl=en_US&fs=1&showinfo=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><strong>Su primer hijo llegó antes de lo previsto y con él en su cochecito terminó la universidad. Jamás ejerció. Hoy fabrica y vende productos naturales (de paso, ella le ha dado una lección a su papá)</strong></p>

<p>“Nunca pensé -ni en mis sueños más locos- que diez años después de haber acabado la universidad, me iba a ver como en este momento”. La mujer que empezó alquilando un local de 12 metros cuadrados nos recibe en su planta de la zona industrial de San Juan de Miraflores. En la pared, ella, su esposo y sus cuatro hijos sonríen a todo color. María Dongo estudió para ser maestra, terminó forjando una cultura de armonía laboral. Lo suyo son los productos naturales. FitoSana, así se llama la empresa que ha hecho crecer con su marido.</p>

<p><strong>Tiene 33 años. Una décadas atrás, ¿cómo era su vida?</strong><br />
Como la de cualquier chica recién casada a la que le falta un año para acabar la universidad. Tenía un bebe chiquito. Tenía muchas ilusiones. Tenía también un trabajo, pero como mamá ya no tenía las mismas facilidades de tiempo.</p>]]>
        <![CDATA[<p><strong>Tenían previsto casarse, el niño se les adelantó.</strong><br />
Exacto.</p>

<p><strong>¿Qué hicieron?</strong><br />
Nos casamos, la familia nos apoyó. A ambos nos faltaba un año para acabar la universidad.</p>

<p><strong>Usted estudiaba Educación Inicial.</strong><br />
Sí. Y, él, Ingeniería Química.</p>

<p><strong>Era consciente de que aquí un profesor es pésimamente pagado.</strong><br />
Lo sabía, y también sabía que el tema del negocio era parte del paquete.</p>

<p><strong>¿A qué se refiere?</strong><br />
Mi interés no era trabajar en un colegio, trabajar para alguien, sino adquirir experiencia para luego abrir un centro de estimulación temprana… Trabajar cosas nuevas.</p>

<p><strong>Quería hacer empresa.</strong><br />
Sí. Una persona emprendedora nace con eso.</p>

<p><strong>¿De dónde le viene? ¿Sus padres tienen empresa?</strong><br />
Me viene del hecho de querer salir adelante. No te voy a decir que vengo de una familia pobre, pero éramos cuatro hermanos. A veces no había, y había que entender. Una se da cuenta de su realidad, y si una mujer quiere sacar adelante a su familia, no puede quedarse en la casa.</p>

<p><strong>No había terminado la universidad, ya tenía un hijo y decidió meterse a la Agraria para aprender a hacer yogurt. ¿Por qué?</strong><br />
Yo hice el último año de universidad con mi bebe –lo llevaba en su coche-, eso me sirvió para darme cuenta de que un hijo, las dificultades, no te pueden vencer. Eso me dio confianza. Ese año di ¡más del 100%! Mi casa era pequeñita, un departamentito muy pequeño, pero antes de irme tenía que dejarlo ordenado, limpio, con la comida hecha, la ropa lavada… Era mucho esfuerzo, pero trataba de cumplir con todo y decir: “Sí puedo”. Cuando llegaba tenía varios trabajos que hacer para la universidad, leer bastante…</p>

<p><strong>¿Cuánto dormía?</strong><br />
Poquito (ríe)… Yo sentía que tenía que recuperar el tiempo: que tenía que nivelarme.</p>

<p><strong>¿Y el yogurt?</strong><br />
Mi suegro tenía una empresa -que entonces era pequeña- de productos naturales. No era conocida pero tenía productos muy buenos que faltaba difundir; y con mi esposo decidimos apostar por poner una tiendita. La empresa se llamaba Algas Marinas, al principio los clientes creían que vendíamos comida para peces (ríe)… pero la gente comenzó a llegar y a preguntar: “¿Y no tienen yogurt?”. Asociaron los productos naturales con el yogurt. Se lo comenzamos a comprar a una tienda naturista, pero no era de muy buena calidad, y su precio era elevado, entonces me animé a llevar un cursito de dos días en la Agraria. Aprendí, compré los lactobacilos y comencé a elaborarlo.</p>

<p><strong>¿De qué vivían?</strong><br />
Mi esposo trabajaba en la empresa de sus papás y buscaba trabajos en la misma universidad. Yo también. ¡No parábamos! Eran las ganas de salir adelante.</p>

<p><strong>Su local era pequeño, no les costaba ni cien dólares de alquiler.</strong><br />
Sí, y aprendí a hacer pastel de choclo; y como olía tan rico y estaba a sol cincuenta la porción, desaparecía. Al día generaba una ganancia de treinta soles que, a veces, era más de lo que sacábamos por la venta de productos.</p>

<p><strong>Eso fue el 2000.</strong><br />
Exacto. De ahí empezamos con el yogurt…</p>

<p><strong>Hoy, ¿cuántos empleados tiene?</strong><br />
Si bien hemos tenido que reducir el personal –por la crisis-, somos unas 30 personas.</p>

<p><strong>¿En cuántos locales se encuentran ahora sus productos?</strong><br />
En los nuestros y en algunas cadenas de boticas y farmacias, en tiendas naturistas y, por los distribuidores, también en provincias. Hay páginas web que los venden al extranjero.</p>

<p><strong>Empezó en un local pequeño, vendiendo los productos de otro. ¿Cómo entiende su crecimiento?</strong><br />
Es fruto del esfuerzo, y también de haber sabido identificar las necesidades de los clientes.</p>

<p><strong>Detalle clave: fue su público quien la orientó.</strong><br />
Básicamente. Uno tiene que escuchar al cliente.</p>

<p><strong>Así, no solo empezaron a elaborar sus propios productos, sino que hicieron algo inusual: compartieron sus conocimientos con sus clientes.</strong><br />
Eso marcó la diferencia, porque por lo general un empresario es celoso: “Se van a robar mi idea”. Pero, en mi caso, yo sabía que si bien no es difícil hacerlo (el yogurt), sí es trabajoso. Así como yo aprendí en dos días, otras personas también podían hacerlo; y no solo para ahorrarse el dinero, sino para sentir la satisfacción de haberlo hecho uno mismo.</p>

<p><strong>¿No era un contrasentido?</strong><br />
Yo identifiqué algo durante mis clases: ellos (la Agraria) te vendían la bacteria (los lactobacilos) para una producción de cien litros de yogurt; y una cosa es hacerte un litro de yogurt y, otra, hacerte cien. Al principio, a mí eso también me dio miedo.</p>

<p><strong>Y buscando una emisora dónde publicitar sus productos terminaron alquilando un programa en la AM.</strong><br />
Empezamos dando unas clasecitas en el local. Dijimos: “Vamos a cobrar cinco soles por persona”; y llegó un momento en que teníamos a cincuenta personas que querían aprender a hacer yogurt casero. Se iban contentas y con la confianza de haber aprendido; y eso es lo más difícil de ganar en un cliente: la confianza. </p>

<p><br />
<strong>¿Y la radio?</strong><br />
Fue para cuando ya teníamos tres tiendas. Fue la suerte, el instinto, un ángel que nos fue guiando: al lado de uno de nuestros locales había una radio y entramos a averiguar. El dueño nos dijo que justo tenía un espacio de media hora. Lo tomamos, y tuvo acogida.</p>

<p><strong>¿Qué significó eso?</strong><br />
Que se nos abrieran más puertas, pero también nos enseñó que la mejor forma de vender un producto es difundiéndolo. Esa fue la diferencia que marcamos con la competencia, con otras marcas.</p>

<p><strong>Si empezaron vendiendo los productos de otro, ¿por qué dieron el salto y pasaron a elaborar sus propios productos?</strong><br />
Era más rentable. Mi esposo quería crecer: su papá tenía su empresa y su hermana ya se había independizado, él también quiso empezar algo propio.</p>

<p><strong>¿Dónde ha quedado la maestra de Educación Inicial?</strong><br />
En mi casa (ríe)… Pisar las aulas de Educación me sirvió, porque al personal se le tiene que enseñar cuál es nuestro esquema de trabajo. Me sirvió para saber cómo organizarnos e integrarnos, porque ellos también son mi familia, porque para producir al 100% uno no debe sentir el trabajo como un trabajo: uno debe sentir que trabaja entre amigos. Haber estudiado Educación también me ha servido a la hora de entenderlos como padres de familia.</p>

<p><strong>Interesante: usted los comprende como padres.</strong><br />
Porque alguien que es buen padre también va a ser un buen trabajador.</p>

<p><strong>Tiene 33 años. ¿Qué siente al ver lo que ha logrado?</strong><br />
Orgullo. También asombro y satisfacción… Siento que he logrado vencer ciertos paradigmas, porque a veces uno no es lo que otros te dicen que eres o aspiran que seas… Mi papá es profesor y hubiera querido que yo sea profesora, pero a mí me interesaba mucho el tema de las ventas. “Papá, yo quiero estudiar marketing”. “¡Eso es un engaña-muchachos! Estudia algo de verdad”. Al final, lo hice y le dije: “Aquí está tu cartón” (ríe)…</p>

<p><strong>¿Qué dice él ahora?</strong><br />
Se siente orgulloso, pero tampoco se lo termina de creer porque hasta cierto punto es machista: él hubiera esperado que esto lo consiguieran sus hijos hombres… Esto me ha demostrado a mí misma que las mujeres no somos seres de segundo plano.</p>

<p><strong>Seres delicados, para ser cuidados…</strong><br />
¡Somos mucho más! Somos la fuerza de la dulzura, las que sin necesidad de dar un grito podemos hacer que todos nos entiendan. Hay que creer en uno mismo.</p>

<p><strong>FICHA</strong><br />
<strong>Nombre: </strong>María Hortensia Dongo Briceño.<br />
<strong>Colegio: </strong>Maristas de San Juan de Miraflores.<br />
<strong>Estudios:</strong> Profesora de Educación Inicial de la Universidad Marcelino Champagnat.<br />
<strong>Edad:</strong> 33 años.<br />
<strong>Cargo:</strong> Gerente administrativo de FitoSana y gerente general de FitoNatura.</p>

<p><strong>FitoSana</strong><br />
Empresa que elabora y comercializa productos naturales autóctonos del Perú. María y su esposo la iniciaron el 2002 con S/.3.000.</p>

<p><strong>Crecimiento</strong><br />
Tiene 80 productos en cartera –su estrella es el noni-, los distribuye a través de terceros en Lima y provincias. Tienen tiendas en el Megaplaza y Tottus.</p>]]>
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