No había terminado el colegio y ya estaba casada. Si iba a tener hijos, para qué quería estudiar, sentenció su esposo. A escondidas vendió lápices de labios, tras sazonadas broncas puso una bodega, hizo movilidad escolar… El 85 abrió un restaurante sin prever que este se terminaría convirtiendo en una institución

Jueves 28 de julio. La arequipeña Blanca Chávez ha regresado del velorio de Teresa Izquierdo. La mayor lección que le dio quien forjara “El Rincón que no conoces” fue su humildad, sostiene. “¡Cállate! Yo soy una cocinera ¡y nada más!”, le contestaba cada vez que la llamaba maestra. Y es que varias de las recetas que Blanca sabe como pocos preparar las aprendió siendo ya madre de cuatro chicos y después de haber tentado mil y un formas de dejar atrás la pobreza. Tenía buena sazón, sí, pero además un ingrediente vital: entrega total. Así, lo que ella inició con la idea de que fuera una pundonorosa picantería hoy es un restaurante que la ha convertido en pieza clave de la selección nacional de nuestra gastronomía. Con ustedes, la dueña de El Rocoto.
¿En qué momento se dio cuenta de que su obra era uno de los mejores restaurantes del país?
Aunque no lo creas, fue hasta que en una conversación, en un directorio de AHORA (la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Afines) –hace tres años, no más-, comenté que me habían dicho para aparecer en la publicidad de un producto; y uno de los miembros, el dueño de la agencia de publicidad Mayo, me dijo: “Blanca, ¿tú estás loca? ¿Tú sabes lo que significas para nosotros?”. “Claro, soy una amiga”. “¡No! Eres mucho más, tú eres muy importante para la cocina peruana…”. Me hablaron ¡tan lindo! “Tú no puedes aceptar, a menos que te paguen tanto”. Uno siempre siente que vale para sus hijos, para su familia, para sus amigos, pero ¿tanto valgo?
Y pensar que, sin embargo, su primer negocio fue una bodega.
¡Cómo sabes! Me casé bien muchacha, y cuando a mi esposo (policía) lo mandaron a la selva, nos fuimos a Yurimaguas -de ahí lo pasaron a Mollendo-; pero te juro por Dios que lo único que pasaba por mi cabeza era: “Quiero trabajar”… No teníamos refrigeradora –mira qué misios-, por eso tenía que ir al mercado todos los días, y como veía que traían lápices labiales de contrabando, decía: “Yo puedo vender eso”; pero era tan chibola que la señora que los traía no me prestaba atención. “Yo quiero vender sus artículos”. “¿Tú? Yo solo vendo al por mayor. No me hagas perder tiempo”. Me fui a mi casa, triste. A los días, la volví a ver. “Señora, véndame tres docenas”. “¿Tienes para pagar?”. “No”. “¡Y cómo quieres que te venda!”. “Señora, yo le juro que le pago en una semana. Vamos, la llevo para que sepa dónde vivo”.
Su esposo…
Era policía, y yo sabía que con lo que él ganaba no íbamos a llegar a nada.
Además de eso, era un hombre machista.
No quería que trabaje… Pero esa señora habrá visto mis ganas, que me dio una cantidad grande de lápices. ¿Y sabes qué hice? Me fui a las tiendas aledañas y los vendía ganando lo mínimo con tal de que me paguen al momento. Y le cumplí, y cada vez me dejaba más y más. ¿Para qué era la plata? Yo soy la mayor de ocho hermanos, y quería mandarles regalos por Navidad. Cuando mi marido los vio: “¿De dónde has sacado para comprar todo esto?”. “Ah, me ha mandado plata mi tía”. Nunca me descubrió. Es más, él se murió (hace 16 años) y jamás llegamos a hablar del tema. De ahí nos vinimos y compramos una casita en Surquillo, en una zona donde entonces no había nada. Le dije: “Son tres etapas, no hay dónde comprar; para conseguir algo tienes que caminar cuatro cuadras hasta la Marsano, ¿por qué no ponemos una bodega?”. “¡Tú estás loca! ¡No tenemos un sol!”. Le pedí a mi abuela que nos preste un capital chiquito. Empezamos con una bodega muy pequeña y terminamos con un minimarket mayorista. Me enteraba de que mañana subía el aceite, y me iba a Pacocha (hoy propiedad de Alicorp); pedía préstamo al banco para poder pagar. Así levanté el segundo piso de mi casa.
Si le iba bien, ¿por qué cambio de rubro?
Me iba ¡muy bien! Pero comenzó a abrir una, otra ¡y otra tienda! No. El negocio dejó de andar como yo quería. Dije: “Estoy perdiendo tiempo, tengo que atender a mi hijos y no es la misma ganancia”. ¡Una bodega es pesetera! Ni hablar, y empecé a hacer movilidad. Cerré la bodega y en menos de un año tuve a cuarenta escolares. Trabajaba con nidos, colegios…
¿En qué momento nació la idea de poner el restaurante?
Cuando quisimos levantar aquí un edificio (en el terreno que con su esposo habían adquirido una década atrás por US$5.000); y mientras construían El Rocoto, yo seguía haciendo movilidad. Te estoy hablando del 84.
Esto iba a ser un edificio, pero usted aprovechó un viaje de su esposo y le ordenó al ingeniero tumbar paredes y sobre esa misma estructura levantar su restaurante.
Siempre he sido así…
Eso debió haber generado un broncón.
Claro, pero ya estaba acostumbrada; y si había broncón, tenía que ser por algo que valiera la pena, ¿no? Además, esto sirve para hacer una reflexión, porque dime tú: ¿Qué habría sido de nosotros si no hacíamos esto? Porque mi esposo se murió en el peor momento: el menor de mis hijos tenía 5 años, estaba en el colegio; los otros, en la universidad, el instituto… ¿Qué hubiera hecho yo con su sueldo de policía?
Y usted, entonces sin estudios.
¡Dónde iba a trabajar! Yo tenía ganas, pero –hoy en día- con las ganas no basta.
Ahora, una cosa es abrir un restaurante y que vaya bien; y otra muy distinta que este se convierta en una institución.
¡Qué difícil! Yo creo que cuando le pones mucho amor, el negocio va solo. Desde que tuve mi local, dije –con mucha humildad-: “Quiero que sea el mejor”. Al comienzo, había gente que venía y: “A ver, si la cocinera es arequipeña que me haga un cebiche (con camarones)”. “Y yo llamaba por teléfono a mi tía: ¡Tía, cómo se hace el cebiche!”. ¿Me entiendes?
Claro, porque usted no era cocinera.
Yo puse esto porque cuando hacía una reunión en mi casa, me decían: “¡Cocinas delicioso!”. Me gustaba, sabía cocinar, pero corazón, ¡no lo sabía todo! Es en el camino que he comenzado a leer, he ido a Arequipa; por eso les hice aquí un homenaje a las picanteras de mi tierra, porque de ellas aprendí mucho; como también de Teresa Izquierdo. Aprendí tanto, que para mí, ellas son mis profesoras.
Y se convirtió a tal punto en el eje del restaurante que, cuando abrió un nuevo local, la gente preguntaba en cuál iba a estar usted para saber adónde ir.
Eso fue antes de que a mi esposo le diagnosticaran el cáncer. Su médico me dijo: “Blanca, con esto, tus hijos y los dos restaurantes, estás viendo cuatro cosas; o dejas un restaurante o dejas a tu marido”. Esa fue otra de las razones por las que dejé el otro: este restaurante se volvió muy personalizado. Yo salía de la cocina a atender al público: “¿Qué quieres comer? ¡Ya! Yo te lo preparo”… ¿Te das cuenta? Llegó un punto en el que dejé de ver a mis hijos… Es que, venía el señor que cuida los carros y me decía: “Señora, no se vaya”; porque llegaban los carros, le preguntaban si estaba yo y, si no estaba, se iban. Yo quería que esto crezca y se convierta en una institución de la cocina arequipeña.
La contraparte eran sus hijos.
Eso es lo más triste… No puede ser que nosotros (los padres), por querer darle lo mejor a nuestros hijos, una buena vida (lejos de la pobreza), los terminemos descuidando… El menor de mis hijos jugaba muy bien al fútbol. ¿Tú crees que durante los dos primeros años pude ir a verlo jugar? Siendo cocinera, si yo salía un domingo al mediodía, esto se iba a la porra. Justo esta mañana hablaba con él sobre eso. Me dijo que lo recuerda, que fue duro, pero que hoy me entiende…
Felizmente.
Los cuatro lo entienden perfectamente. Es más, me dicen: “Vieja, ¿qué hubiera sido de nosotros si no luchabas para sacar adelante esto?”… Además, vamos a cumplir 26 años con este restaurante, y siento que lo amo como el primer día. ¡Este es mi quinto hijo! Los otros ya terminaron sus carreras, ya se casaron y todo, pero a este no lo puedo abandonar nunca. Siempre será un niño para mí, por eso tengo que atenderlo y cuidarlo como tal.
Cuando abrió ni asomaba el boom de la cocina peruana. ¿Cómo lo ve?
Cuando abrí, no había la cantidad de restaurantes que hay ahora. Eso lo veo bien. Eso sí, lo que yo nunca llegué a imaginar… porque yo sabía que mi comida era rica, era buena, pero jamás pensé que llegaríamos a estar donde estamos y, que a mí, personalmente, me llegue a dar tantas satisfacciones. Con lo que no estoy de acuerdo es con que no se le dé el debido valor a la cocina regional. ¿Por qué somos conocidos en el mundo? ¿Por la cocina limeña? No. ¡Por todo! Esto no puede perderse. Aquí no comen chuño, no comen quinua… ¿De qué estamos hablando?
¿Por qué brilla tanto chef hombre? ¿Dónde están las mujeres?
Esa es una pregunta que me vengo haciendo hace mucho tiempo. Si tú vas a mi cocina: no hay mujeres. Cuando abrí, quería que todas lo fueran, pero tenían problemas: que el marido no quería que trabajen, que salían embarazadas… Yo he trabajado hasta el último día de mi embarazo; y como no quería problemas, comencé a preparar a hombres. ¿Qué pasa ahora? ¿Por qué tan pocas mujeres? No sé. Ya se nos fue una (Teresa Izquierdo), ¡que no se nos vayan más!
FICHA
Nombre: Blanca Nieves Chávez Chávez.
Colegio: Empezó en el Selva Alegre, en su Arequipa natal. Terminó aquí, en el Divina Providencia.
Estudios: Contadora de IPAE con estudios de Marketing en ESAN.
Edad: 57 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de El Rocoto.
El Rocoto
Restaurante de comida arequipeña que Blanca abrió el 85 con un préstamo de US$20 mil.
Crecimiento
Con una facturación mensual promedio de S/.400 mil, a fin de año abrirá un segundo local. También brinda servicio de catering y tiene una escuela de cocina en el Cusco.
En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía & Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!
Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de "Mujeres Batalla" (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.
11 Comentarios
Felicitaciones Blanquita, por tu coraje y empuje. Saludos de mi madre Doña Bau. Vilma y Mirtha seguro también estarán viendote por este diario.
leer cosas asi me anima mucho a kerer seguir adelante. felicitaciones
Aqui un claro ejemplo de honor y empuje, gracias por compartir tu historia, por este grano de arena y esta inyección que nos dan fuerzas para hacer con amor y empeño lo que mejor nos propongamos. Me has hecho sentir que si puedo, que uno puede lograr las metas mas deseadas cuando se proponen. No quiero sentarme en pensamientos y no solo yo, mucha gente q es buena y humilde como tú hagamos que este ejemplo sirva de empuje, pues solo con esfuerzo lograremos todo lo que nos proponemos. VIVA EL PERU, CARAJO, Y SU COMIDA DE LA COSTA, SIERRA Y SELVA. QUE ORGULLO DE SER PERUANO!
Me alegra la forma de ser, ke coraje, harta vision. felicitaciones señora Blanca Chavez. En Arequipa se come rico, es de lo mejor sus potajes, lo digo porque vivi en la blanca ciudad, en alto selva alegre cuando estudiaba en el militar; de hecho eres una embajadora de la marca PERU.
que ORGULLO!!!! realmente una mujer peruana completa! felicitaciones.
Leer este artículo me ha emocionado, aparte de lo que significa para nosotros los peruanos el orgullo por nuestra comida, está esta mujer luchadora, estrella y víctima de un mejunje machista, que son la lacra de nuestra sociedad, algo que debemos erradicar de nuestra cultura. En las sociedades más evolucionadas el machismo está casi desterrado, por qué no podemos hacerlo los peruanos? Yo lo he vivido en carne propia, con miembros de mi familia y hasta con algunas de mis ex parejas. Gracias por su testimonio, usted vale un Perú! Que sea ejemplo para otras mujeres, para que por supuesto eduquen a sus hijos fuera de la cultura machista.
Tengo gratos recuerdos del restaurant, ya que hace unos ocho o nueve años trabaje alli y solo puedo decir que se come muy bien y que todo se hace cuidadosamente. Algun dia volvere a Lima y, obviamente, visitare el local.
Felicitaciones Sra. Chavez, Ud. sí que vale y más que un Perú!! Triste y penosa la realidad que cuenta acerca de las mujeres, su ausencia en el mundo laboral por cuestiones machistas... La ausencia de políticas de conciliación entre la vida familiar y laboral (red de guarderias públicas, por ejemplo), la falta de educación en la igualdad de géneros y oportunidades sigue aún hoy discrimando, marginando, relegando y condenando a las mujeres a la crianza de hijos y a fungir de amas de casa cuando como cualquier otro ser humano tienen capacidades y aptitudes para superarse y hacer otras actividades paralelas. En fin, ojalá con éstos nuevos políticos las cosas empiecen a cambiar y que nosotros, por nuestra cuenta, nos eduquemos en la igualdad, fraternidad y solidaridad entre hombres y mujeres! Un abrazo.
Felicitaciones y éxitos en el negocio, soy una cliente de El Rocoto y me gustan los buenos potajes que se preparán ahí. Un abrazo Blanquita.
Blanca he leido con mucha atencion tu trayectoria y nunca me lo imagine... de verdad que eres un ejemplo de mujer soñadora que a cada momento te repetira "SI SE PUEDE, SE PUDO Y SE PODRA". Felicidades y que sigan los exitos.. te lo mereces.
Este domingo en el parque de la amistad, por ahi estare.
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