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Ejecutivas

Agosto 2011

30.08.11 7

Katia Pásara: "“Ahora sé que las cosas van para arriba”

Creó juguetes de madera que fueron sensación en Dédalo, diseñó ropa para niños que brilló en Saga, ninguno de sus emprendimientos prosperó. Contra ella conspiraba su nulo talento para el marketing. Persistió. Hizo granola, también movilidad escolar. Hoy, con productos orgánicos, ha dado con la tan ansiada alternativa

Katia Pásara está convencida de que, de ser por ella, Mi Parcelita hace rato habría quebrado. Tras años ejerciendo mil oficios, hoy se siente feliz, dice haber encontrado la chamba a la que piensa dedicarse de ahora en adelante. Junto a ella labora la responsable de que este servicio de envío a domicilio de frutas, verduras y demás productos orgánicos, sea pura sonrisa: Jeni Martin. Katia confiesa que aún le cuesta relacionarse con los clientes, lo suyo es la logística, el trato con los proveedores. Juntas, llevan nueve meses invadiendo esta plástica ciudad con productos 100% naturales.

Cinco años atrás, a raíz de una serie de alergias que empezó a desarrollar su hijo fue que usted se interesó por el mundo de los alimentos orgánicos.
El médico me dijo: “Tienes que suprimirle tales y tales alimentos, Lucas tiene que comer todo orgánico”. Así empezó; y yo comencé a consumir orgánico –¡todos en casa!-, y no solo las alergias de Lucas, yo también me comencé a curar de las mías. Alergias con las que yo ya me había acostumbrado a vivir.

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23.08.11 16

Claudia Amico: "Empiezo a ver los frutos de tanto trabajo"

Si Alan García hubiese hecho por Pisco lo que ella ha hecho, en el universo no habría cupo para su ego colosal. Estudió arquitectura en Londres, trabajó en el empoderamientode las mujeres en Senegal; el terremoto que tumbó el puerto peruano, la capturó. Llegó como voluntaria, tiene un proyecto que es la revolución.

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Foto: Juan Ponce

Lima soporta días de intenso frío. En Pisco, niños que hace cuatro años tenían una casa, duermen entre esteras. Allá, tras el terremoto del 15 de agosto del 2007, aún hay 48 mil familias viviendo en esas condiciones. Sí, todos ellos podrían llenar el hoy remozado y bello Estadio Nacional.

Espacio Expresión es una asociación sin fines de lucro que se creó en Pisco pocos meses después de ocurrido el siniestro. La psicóloga Zurín Díaz se dedicó a contrarrestar los cuadros de salud mental que este generó; la arquitecta extranjera Elizabeth Ontaneda llegó para poner en práctica sus conocimientos en desarrollo organizativo. Ambas se unieron a Claudia Amico, quien en octubre del 2007 se hizo presente en el lugar también para brindar ayuda. Con Narda Devescovi fundó Espacio Expresión. Claudia tenía solo meses en el país. Tenía 9 años cuando con su familia partió a España. Ellos regresaron el 2001, mientras ella se hacía arquitectura en Inglaterra. Llegó en junio del 2007, tras haber pasado siete meses en Senegal preparándose –sin ella saberlo- para lo que se le venía…

¿Dónde estaba el 15 de agosto del 2007, cuando empezó el terremoto?
En un onceavo piso, en el departamento de mi hermana. La estaba visitando, su hija tenía una semana de nacida (ríe)… No pasó nada, felizmente. El edificio se iba de un lado para otro y yo les decía: “Está bien que se mueva, tiene que absorber el impacto. Vamos a pararnos debajo de una puerta, y ya”.

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16.08.11 30

Julieta Calvo: "Es bueno saber que uno no sabe"

Empezó a trabajar a los 17. A los 21 se casó y no laboró más sino hasta hace cuatro años en que decidió asumir la fábrica que había gestado su esposo y desarrollado su hijo. El sentido común, el buen gusto y la obsesión por los buenos acabados, son sus armas. Ella sabe que se ha ganado el cariño de su gente, pese a que a veces estalla

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Foto: Richard Hirano

Julieta tenía 21 años cuando con su hermana decidieron visitar La Habana antes de aterrizar en EE.UU. Allá las acogería una tía lejana. Una amiga de esta comprometió a sus hijos para que las lleven a pasear. El menos interesado era Salvador. Cuando la vio, se disculpó por estar en mangas de camisa, pidió que lo esperen, que no se vayan, que regresaba en un minuto. “Se fue a poner la cosa más elegante que uno se ponía en La Habana: una guayabera (ríe); y nos llevaron a El Tropicana… Después de la tercera noche, le dije a mi hermana: ‘Mira, me voy a quedar porque me gusta el de lentes’. ‘Oye, ¿no te has fijado en que los tres usan lentes?’… Y dos meses y medio después, nos casamos”. Era el verano de 1953.

Salvador había iniciado una fábrica de colchones con su padre y hermano. La hermana de Julieta trabajó allá con él cuatro meses. Ya en Lima acompañó a su padre a tentar un negocio con el gerente general de Sears. Terminaron ella y él hablando de colchones. En el Perú no había entonces quien los fabricara con resortes. Entonces el ejecutivo supo de Salvador. Julieta y su esposo dejaron La Habana en 1955. En Recuay 855, Breña, él abrió su primera planta. La demanda fue tal, que cuatro años después ya operaba en la actual, en el Callao. En 1983, falleció. José, el tercero de sus hijos, justo acababa de graduarse de administrador de empresas en la Universidad de Tulaine (EE.UU.), y asumió la entonces ya reconocida fábrica de colchones Komfort. Hasta entonces, Julieta no había tenido mucho que ver con esta, salvo en el período entre la partida de Salvador y el arribo de José, cuando tuvo que supervisar la culminación de un área de la planta. Todo cambiaría décadas después, el 2005, y aún mucho más el 2007, cuando decidió asumir la gerencia general. Hecho que, según hemos podido comprobar, sus trabajadores agradecen. Detalle adicional: en estos últimos cuatro años con Julieta al timón de Komfort, las ventas han crecido en un 81%. ¿Qué tal?

Está por cumplir 80 años…
¡No pues! Di que todavía tengo 79, si pones 80 van a creer que se trata de una señora con bastón.

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9.08.11 16

Ana María Bugosen: “Yo tenía que ser heladera”

Estudió comunicaciones pero partió a Chile y desarrolló una empresa automotriz. Estando en la universidad abrió una tienda de confecciones y después una fuente de soda en el Centro de Lima. Sin que ella supiera, su padre compró una heladería. Sin que ella supiera, la vida tenía planeado traerla de nuevo al país.

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Su padre es libanés y tendría 15 años cuando se escapó de una misa en su colegio y se fue a pasear por los jardines. Un cura lo vio, un importante visitante estaba por retirarse pero antes quería tomarse una fotografía con un alumno. El cura lo llamó. Cuando la revelaron, entre ellos aparecía un espectro. Aseguran que se trataba de San Charbel, un santo de ese país. A la fecha esa debe ser la imagen más reproducida en el Líbano. Desde entonces el papá de Ana María Bugosen a toda empresa que crea le pone el nombre de ese religioso. Entre ellas, Alimentos San Charbel, dueña de la cadena de Cafeladerías 4d, la cual tomó Ana María en 1998, cuando esta era un caos. Hoy, gracias a ella, esta marca ha recuperado y expandido el brío de sus primeros y mejores años.

¿Si su papá no compraba 4d usted jamás habría terminado en esto?
Igual hubiera sido heladera, porque cuando me casé y me fui a vivir a Chile -allá yo tenía un hermano que trabajaba en el sector automotriz, al que entré y terminé mandando combis al Perú, Argentina y Bolivia-, yo le paraba diciendo a mi papá: “Quiero abrir una heladería, ¡siento que soy heladera!”. Él me decía: “¡Ana María! Cuando estabas en la universidad decías que te querías ir a París a estudiar pastelería, ahora que estás en Chile y estás en el sector automotriz ¿me dices que quieres abrir una heladería?”. “Sí, papá”.

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2.08.11 11

Blanca Chávez: “El Rocoto es mi quinto hijo”

No había terminado el colegio y ya estaba casada. Si iba a tener hijos, para qué quería estudiar, sentenció su esposo. A escondidas vendió lápices de labios, tras sazonadas broncas puso una bodega, hizo movilidad escolar… El 85 abrió un restaurante sin prever que este se terminaría convirtiendo en una institución

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Jueves 28 de julio. La arequipeña Blanca Chávez ha regresado del velorio de Teresa Izquierdo. La mayor lección que le dio quien forjara “El Rincón que no conoces” fue su humildad, sostiene. “¡Cállate! Yo soy una cocinera ¡y nada más!”, le contestaba cada vez que la llamaba maestra. Y es que varias de las recetas que Blanca sabe como pocos preparar las aprendió siendo ya madre de cuatro chicos y después de haber tentado mil y un formas de dejar atrás la pobreza. Tenía buena sazón, sí, pero además un ingrediente vital: entrega total. Así, lo que ella inició con la idea de que fuera una pundonorosa picantería hoy es un restaurante que la ha convertido en pieza clave de la selección nacional de nuestra gastronomía. Con ustedes, la dueña de El Rocoto.

¿En qué momento se dio cuenta de que su obra era uno de los mejores restaurantes del país?
Aunque no lo creas, fue hasta que en una conversación, en un directorio de AHORA (la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Afines) –hace tres años, no más-, comenté que me habían dicho para aparecer en la publicidad de un producto; y uno de los miembros, el dueño de la agencia de publicidad Mayo, me dijo: “Blanca, ¿tú estás loca? ¿Tú sabes lo que significas para nosotros?”. “Claro, soy una amiga”. “¡No! Eres mucho más, tú eres muy importante para la cocina peruana…”. Me hablaron ¡tan lindo! “Tú no puedes aceptar, a menos que te paguen tanto”. Uno siempre siente que vale para sus hijos, para su familia, para sus amigos, pero ¿tanto valgo?

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ACERCA DEL AUTOR

En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía & Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!

Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de "Mujeres Batalla" (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.

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