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19.07.11 5

Isabel Franchini: “¡Tienes que vivir tu Perú!”

Con su esposo forjó una empresa que exporta productos de madera a tres continentes. Él a cargo de la parte operativa, ella de la administración, su secreto era el diálogo. El 2000, él falleció. A sus espaldas murmuraban que ella no era capaz de sacar adelante el negocio. Con su trabajo le ha tapado la boca a todos

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Ella secretaria de gerencia, él jefe del Departamento de Producción de Textil Amazonas; Isabel y Giacomo se conocieron y se casaron en 1961. Nacido en Iquitos, él siempre había sido atraído por la madera y, el 68, inició un negocio al que ella en el acto se sumó. Desde entonces juntos saborearon los embates y las alegrías. Maderas Peruanas estaba rompiendo el mercado cuando Giacomo falleció. Con sus hijos, ella siguió adelante. Siempre recia, hoy afirma que ya no hay crisis que la tumbe.

Asumió el control del negocio el 2000, a raíz de la muerte de su esposo. Esto, sin embargo, no era nuevo para usted.
Así es, ya lo conocía. Mi esposo siempre fue bien participativo. Nunca me limitó, y eso fue lo que me hizo aprender.

El mundo de la madera, empero, es recio.
No solo eso. Yo, mujer, ¿metida en una competencia internacional con cualquier cantidad de países? Tenía que hacerlo. Aquí no había que me tocó un mal gobierno, ¡esta es tu industria! Y nosotros nos hemos sabido mantener pese a todas las debacles, porque cada mal gobierno que hemos tenido ha acarreado un atraso. De no ser por eso, hoy tendríamos una industria moderna, pero… Entraba uno, y diez años de atraso; entraba el otro, ¡y diez años más! Ahora, al menos Alan García está concluyendo su periodo honrosamente; y, en consecuencia, todos nos hemos beneficiado.

¿Cómo se hizo espacio en medio de tanta rudeza?
Igual que cualquiera. ¡Tienes que competir, pues! Hay una cosa básica, ¿sabes qué es? Que tú conozcas tu producto, de principio a fin; debes conocer todas las especies forestales que tienes para ofrecer al mercado, y tienes que estar atento. “¡Qué ha salido nuevo! ¿Color rojo? ¡Busca una madera de ese color!”. Tiene que ser así, porque si está en boga la madera clara no vas a decirle al cliente que eso solo hay en Europa, pues; en el Perú hay un montón de variedades, tienes que buscarle los equivalentes. Cuando tú conoces cuáles son tus ventajas, ¡vendes! Aquí viene un cliente del extranjero y no creas que se va a ir en cinco minutos, se puede quedar todo el día. ¿Sabes por qué? Porque hablamos el mismo idioma. Su conocimiento es tan vasto como el mío; y el mío es aún más completo, porque el que viene sabe de madera, pero no de la industria. Yo, en mi condición de dama, les llevo ventaja; y les doy seguridad, porque si ellos van a vender (en el exterior) un producto tuyo, tienen que estar convencidos de que pueden confiar en ti.

¿Cómo era la industria veinte años atrás, cuando ustedes empezaron?
Mucho más sencilla. Nosotros vendíamos pisos, pero cuando te conviertes en una industria… Si tú quieres trabajar en la selva tienes que empezar en un aserradero, y ahí las máquinas son enormes, lo mismo que los espacios, porque, ¿para que un cargador frontal te movilice una troza (un tronco)? Imagínate, la llanta nomás es más grande que uno.

Usted venía de Lima, ¿no le chocó enfrentar ese mundo?
Yo vivía en Lima, y cuando iba a Pucallpa era para estar con mi esposo. Los dos trabajábamos en lo mismo. ¿Por qué hemos llegado adonde estamos? Porque siempre hubo conversación entre nosotros, cada uno estaba perfectamente enterado de todo. Cuando trajimos la primera maquinaria para hacer pisos de madera y comenzarlos a exportar a Europa, eso no lo decidimos en un día, sino durante semanas de conversación.

Él la conoció siendo secretaria. ¿En qué momento dio usted el salto?
Cuando nos casamos, porque tú se sumas, pues. Si eres inteligente, ¡tú te tienes que sumar! A partir de ahí, hay compatibilidad en todo; porque, yo no me iba a quedar como secretaria siendo mi esposo un industrial, pues. Hubiésemos sido dos idiomas distintos.

Diez años antes de que él falleciera usted ya lideraba la operación en Lima. ¿Cómo así?
Yo soy administrativa, él era industrial. Nuestros campos estaban bien definidos.

¿Esa es la razón del éxito de su empresa?
Así es. Eso fue.

Él escuchaba siempre su opinión.
Como yo la de él. Éramos dos campos, pero trabajábamos unidos, y cada uno dominaba su sector. Tuvimos la suerte de que los conocimientos de uno no fueran los mismos que los del otro. Entonces, eran dos campos que se respetaban mutuamente.

¿Cuál fue su peor momento?
Un mal gobierno casi nos hace quebrar: el primero de Alan García. El de Velasco ya nos había hecho padecer, pero el de García fue ¡peor! Nosotros habíamos traído nuestras maquinas de Alemania, y cuando solicitamos una carta de crédito para la importación de repuestos, ¡nones! ¿Por qué? País inelegible… Comenzó el atraso.

Si usted estaba atenta a la parte administrativa, debo entender que el 81, cuando decidieron exportar, ¿usted fue quien dio la idea?
Sí… era mi trabajo (ríe)… Claro, contaba con que me hacían (su esposo y su personal, allá en Pucallpa) un buen producto. Porque tú puedes ser un buen vendedor, pero ¡vendedor de qué! ¿De algo que no sirve? Eso lo puedes hacer una vez, ¡nada más!

Ahora lo tengo claro: Giacomo fue el gestor y, usted, quien le dio cuerpo al negocio.
Claro, ¿no te digo que siempre hemos conversado? Y desde que nos hemos casado, siempre hemos hablado de lo mismo. Yo nunca me opuse a nada. Por ejemplo, si él decía: “Tengo que comprar tal máquina”. “Ya, listo”, y me encargaba de buscar la forma de financiarla.

Confianza absoluta.
Sí.

Entonces, cuando él falleció…
Yo estaba completamente involucrada, y mi hijo tomó posesión.

¿Qué edad tenía él?
33 años. Él también ya estaba comprometido con esto.

El 2009, a raíz de la crisis financiera mundial, cayeron sus pedidos de Europa.
Sí, pero te voy a decir que Europa es una mixtura: tan pronto se cae un mercado otro se pone en pie. Eso me pasó: cayó el mercado italiano, pero no el francés, que sí nos siguió comprando. O sea, siempre tuve a quien vender.

Eso no es suerte.
Claro. ¿Sabes? La atención es una balanza que define tu negocio. Si tú atiendes bien, eres solidario, conoces, informas, tendrás un mercado para siempre. Y siempre hay que estar actualizado.

Fue a partir de entonces que miraron el mercado interno y decidieron entrar a Villa El Salvador.
Sí, porque viendo lo que pasaba, tenías que ponerte ¡pilas! El mercado bajó, había que entrar al mercado nacional.

Introdujeron piezas para ensamblar muebles.
Estamos trabajando para que la gente entienda que, a diferencia de como hoy fabrica, si usa tarugos es mucho más sencillo armar un mueble. Se van sumando los consumidores, pero el proceso es lento. Están acostumbrados porque, además, su mano de obra es barata. No les importa. No saben que al ensamblar con tarugos el trabajo les sale más rápido.

Tiene 64 años, una edad que mucho trabajador dependiente espera con ansias para poder jubilarse y descansar.
No pues. Mira, yo toda la vida he trabajado, en consecuencia, para mí, eso de que se me acerca el año de la jubilación, ni lo pienso. Yo me he dado cuenta de un detalle: mientras estés ocupado, tus enfermedades son ¡mínimas! Yo trabajo todos los días hasta las ocho u ocho y media de la noche, ayer me tocó jugar voleibol –tengo una cancha en mi casa-, y jugamos hasta las once. Esa es mi distracción.

Habiendo sido el diálogo tan fluido entre ustedes, debo entender que lo mismo sucede con sus tres hijos.
Claro, es por eso que dos de ellos trabajan conmigo; y uno de ellos se encarga de una fábrica grande.

El error común de quienes han salido de abajo es evitar que sus hijos pasen por lo que ellos vivieron…
Eso no va con nosotros. ¡Tienes que vivir tu Perú! Si tú conoces algo, se lo tienes que transmitir a tus hijos. ¿Cómo los vas a involucrar en otra cosa? si eso lo llevan en la sangre… Toda la vida nos han escuchado hablar de eso, desde muy pequeños ellos han visto lo que es la madera.

A la muerte de su esposo debió oír voces anunciando la quiebra de la empresa.
Eso lo dijeron todos… Incluso amigos míos, que hasta no hace mucho me han dicho: “Yo pensaba que tú no ibas a poder con eso”. No conocían, pues, ¡la madera de la que yo estoy hecha! (ríe)… Una vez que tú ya te formaste, no hay crisis que te tumbe, ¡ya tú ves cómo afrontas!

¿Qué sentía cuando escuchaba esas voces?
“Pobrecitos”. No están bien informados, pues. No saben que cuando uno está acá, palpa, siente lo que es tener una cosa así; y te sientes obligado a seguir adelante. Porque, como murió mi esposo, tengo una casa propia, ya, chau, lo dejo ahí… No. Un industrial no piensa así.

¿Qué habría sido de usted si no se casaba con Giacomo?
Hubiera seguido en el ramo administrativo, trabajando de secretaria, contadora… Pero fue mi suerte, pues.

Y supo sacarle el jugo.
Así es. ¿Sabes lo que pasa? Tu comportamiento determina tu retribución. Pero, si estafas como los chinos, reclamas de más como los chinos…

Casi quiebran durante el primer gobierno de García. ¿Cómo superaron la crisis?
Sufriendo. El ingreso era mínimo, y con eso vivíamos; pero hicimos todo el esfuerzo para que nuestros hijos siguieran en sus mismos colegios… Tú te sacrificas, pero no a los muchachos.

FICHA
Nombre: Isabel Montero viuda de Franchini.
Colegio: Empezó en el Instituto Nacional de Comercio N.4 Las Toledo y concluyó en el George Washington.
Estudios: Contadora mercantil del Instituto de Comercio Garbín y alumna libre de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional Agraria La Molina.
Edad: 64 años.
Cargo: Gerenta general de Maderas Peruanas.

Maderas Peruanas
Produce y comercializa productos de madera. Su esposo la creó en Pucallpa en 1968. Él asumió la parte operativa y, ella, la administración del negocio.

Crecimiento
El 81 comenzaron a exportar, hoy están en América, Asia y Europa. Tiene más de 120 trabajadores, una facturación promedio anual de S/.10 millones.

5 Comentarios

19.07.11

Felicitaciiones por tener tanto coraje y emprender con mucha fuerza tus proyectos. Vivo en Argentina hace 20 años, un saludo grande.

Publicado por: jorgevargas
19.07.11

Es un gran honor conocer a personas con gran talento y empuje, que siven de ejemplo a todos los compatriotas y son estandartes del esfuerzo y despegue económico de nuestro pais. Aqui tenemos el ejemplo para nuestros jóvenes. VIVA EL PERU¡¡¡

Publicado por: Percy A. Ramirez Robles
20.07.11

Esta señora es como un árbol, de pie frente a las tempestades y vientos en contra. Toda mi admiración..!!

Publicado por: Anonymous
21.07.11

No se habla sobre el impacto ambiental. Ojalá que por cada árbol que corta siembre otro.

Publicado por: Cla
5.08.11

"¿Qué habría sido de usted si no se casaba con Giacomo?" Ya veo si al esposo le hubieses preguntado lo mismo. Cuidado con el machismo encubierto.

Publicado por: Janet

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ACERCA DEL AUTOR

En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía & Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!

Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de "Mujeres Batalla" (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.

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