Partió con sus tres hijos a EE.UU. huyendo de la pobreza, al año los mandó de regreso (su entorno allá era muy negativo). Trabajó por ellos, se rompió el lomo, no quería pensar (le dolía recordarlos). Aprendió el oficio en el que aquí –junto a su prole- hoy destaca (y ello, pese a que tantas veces pagaron mal a su confianza)

Llegó a Nueva York y trabajó de niñera, al tercer año regresó al Perú como cosmiatra. Brilló en el salón de belleza de Gisela Valcárcel, un lustro después se prestó mil dólares y se independizó. Nuevo Milenio, su centro de estética, es hoy –además- una atractiva franquicia. El mes pasado Gladys Dubois recibió –en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno- el Premio Presidente de la República, que reconoce la constancia y coraje de la peruana y del peruano emprendedor.
¿Qué es ser pobre?
Ser niña y no poder comprar chocolates… Yo recuerdo que decía: “Cuando sea grande, voy a comer ¡todos los chocolates!”. Éramos muy pobres, pero tuve unos padres maravillosos.
¿Dónde vivía?
En Chorrillos, en Alto Perú.
Zona de pescadores, ¿su papá lo fue?
No. Mi padre fue una persona muy culta, conducía un colectivo de la línea 96; después fue chofer de Genaro Delgado Parker, pero eso fue ya cuando yo estaba casada. Yo siempre digo: “No interesa dónde vivas, sino la formación que te dan papá y mamá”. Mi mamá era una persona que nos pegaba mucho. No salíamos, solo para ir al colegio.
Debido a la falta de dinero trabajó un verano para tener con qué comprar sus útiles.
Sí, a los 15 años trabajé en una fábrica en Surquillo. Terminé mi quinto de media y regresé. Trabajaba mucho porque quería salir de ahí (de su barrio); y con mis tres hermanos, lo logramos. Nos llevamos a mis papás a la avenida Huaylas, a un departamentito alquilado. Fue un cambio total.
Se casó, fue madre. ¿En qué momento decidió partir con sus tres hijos a EE.UU.?
Durante el primer gobierno de Alan García.
¿Qué tan crítica era su situación?
No había para comer… La mayoría de la gente comenzó a salir del país. Mi hermana estaba allá, me dijo que fuera; lo hice y me terminé quedando tres años.
¿Quién pagó los pasajes?
Mi hermana. Ella me ayudó, pero no me acostumbré a ese país.
Llegó a Nueva York, la violencia que había en su barrio determinó que decidiera mandar a sus hijos de regreso a Lima.
No era lugar para ellos: desde la ventana veías cómo los muchachos se drogaban… No. Yo decía: “En este mundo no voy a vivir”.
¿Por qué no regresó con ellos?
Tenía miedo a la pobreza, a que mis hijos volvieran a pasar por lo mismo. Aquí yo no tenía nada. ¡Nada! Si regresaba hubiera tenido que empezar de la nada. ¡No! Los mandé a ellos y –con todo el dolor de mi corazón- me quedé allá dos años trabajando.
El mayor tenía 8 años…
El segundo 7 y, mi enana, 5 años.
¿Cómo vivió esa separación?
Lo que tienes que hacer es no pensar. Trabajaba de seis de la mañana a una de la mañana, incluso domingos. No le daba oportunidad a mi mente de pensar. Trabajaba. Nada más... Me convertí en un robot.
De lo contrario…
Me ponía a llorar. Cada vez que los llamaba por teléfono, lloraba. Pero tenía que sacar fuerza, era lo único que podía hacer, porque el beneficio era para ellos.
Fueron dos años.
Y regresé, tal como se los prometí.
Allá trabajó de nana…
Planchando camisas… Hasta que entré a trabajar en un salón de belleza y comencé a estudiar. Ahí conocí mi labor… Tuve la suerte de conocer a una coreana muy buena. Ella me acogió, me enseñó. Era una mujer de edad, yo le decía mamá; ella tuvo mucha paciencia conmigo, pero yo también le devolvía, le agradecía quedándome a trabajar más tiempo del debido.
Fue ella quien la formó.
Ella me preparó, y de ahí fui a un instituto en Nueva Jersey.
Aprendió equivocándose en su salón de belleza.
Sí. Ella me corregía. Yo le caía bien: yo era muy callada. ¡Mi familia me acostumbró a eso! Podía vivir en un sitio, pero eso no significaba que yo vaya a estar andando por ahí.
Reprodujo en ese barrio bravo de Nueva York sus días en Alto Perú.
Parece mentira, pero fue así. Por eso yo estoy convencida de que la formación de papá y mamá es muy importante para los hijos.
Regresó al país el 92. ¿Cómo fue eso?
Regresé y… Uno confía en las personas, y a veces las cosas no resultan como uno espera… Pasaron tantas cosas… Regresé trayendo algo de dinero, al tercer día me di cuenta de que no me podía quedar así, que yo tenía que trabajar.
¿A qué se refiere con quedarse así? ¿Cómo ama de casa, dice?
No, a quedarme en la situación en la que estábamos viviendo.
¿Cómo estaban viviendo?
Nada bien. Prefiero no entrar en detalles… Pero al tercer día dije: “Tengo que seguir luchando”. Agarré, me subí a un taxi y dije: “Lléveme a la mejor peluquería de Lima”; y el taxista me llevó a Amarige. Pregunté por la persona encargada, pedí una entrevista, hablé sobre todas las técnicas nuevas que había aprendido en EE.UU.; me dieron la entrevista, de ahí hablé con Gisela (Valcárcel, la dueña de ese salón de belleza), ella me ofreció pagarme un porcentaje de cada trabajo, pero yo –pensando en mis niños- le pedí un sueldo fijo.
Temió que no fuese a irle bien.
Sí. Pero ella fue muy justa. “Gladys –me decía-, no tengas miedo, te va a ir muy bien”.
No se tenía confianza.
Es que habían pasado tres años, yo no sabía cómo funcionaban las peluquerías en Lima. Lo único que quería era tener un sueldo con qué vivir. Pero ella me dijo: “No, ten confianza. ¡Te va a ir bien!”; y en tres días, porque yo empecé un miércoles y ella me pagó un sábado…
¿Había ganado lo que pedía por un mes?
Sí… Ella fue muy buena conmigo, por eso siempre la llevo en mi corazón. Ella me dio trabajo en el momento en que yo más lo necesitaba, confió en mí y yo no la defraudé: le hacía facturar muy bien, mucha gente comenzó a llegar por mí; y ella me siguió ayudando, comenzó a darme préstamos para que pudiera viajar y seguir capacitándome, luego yo le traía técnicas nuevas.
Fue tal su éxito, que Amarige cerraba sus puertas y usted adentro seguía atendiendo.
Me quedaba hasta atender a mi última cliente.
¿Qué era de sus hijos? Se suponía que había regresado para estar con ellos.
Ese fue mi error: sacrifiqué a mis enanos. Ahora lo entienden, pero en ese momento… Tampoco me daba cuenta, lo único que yo quería era que no pasaran por lo que yo había pasado.
Ese es un hecho muy recurrente en los emprendedores que han salido de abajo: se rompen el lomo para que sus hijos no repitan lo que ellos han vivido, sin percatarse de que lo que ellos más quieren es estar con ustedes.
Claro… Yo quería que tuvieran la suerte de pisar una universidad, un buen colegio, de que tuvieran sus comodidades. Ahora me comprenden. Además, si bien yo trabajaba todo el día, ni bien terminaba volaba a la casa. Yo no tenía tiempo para diversiones. Para mí, eran mi trabajo y mi familia.
Siguió repitiendo el modelo de casa, en el que fue forjada por sus padres.
Sí, y mi motor eran mis hijos. De no haber sido por ellos, yo me hubiera quedado en Estados Unidos.
Si en tres días ganó lo que pidió como salario mensual y atendía durante tantas horas, económicamente le iba muy bien.
Por supuesto. Pero cometí errores…
Gastó en la construcción de una casa hermosa que finalmente no habitó.
Que no es mía… ¡No me interesa! Me acabo de comprar un departamento que está frente a un parque hermoso... Justo anoche, uno de mis hijos me preguntaba por qué no salgo, por qué no vuelvo a iniciar una relación. Yo le dije: “Mira hijo, mi tesoro es mi libertad, mi independencia. Yo soy feliz así”. Y es verdad.
Fue por eso -que invirtió equivocadamente su dinero- que cuando decidió independizarse tuvo que prestarse mil dólares.
No tenía dinero…
¿Por qué no siguió en Amarige?
Porque llega un momento en el que tú quieres ser independiente.
Pero no le quedaba nada de todo lo que había generado.
Pero me lo presté. ¡Y lo logré! Ni lo pensé: como en Amarige me iba bien, tenía a mis clientas, sabía que me iba a ir bien.
Empezó en un local de 42 metros cuadrados.
Que me alquilaron por cien dólares.
¿Cuánto tardó en saber que la haría?
Una semana (ríe)… Mi error fue haber invertido todo mi dinero en esa casa, pero lo hice pensando en mis hijos: para mi hija, ¡el cuarto más bello! Con mamparas, lo que nunca había tenido yo; el cuarto de mi hijo, con su biblioteca… Construí la casa de mis sueños, con su piscina, el jardín, con todos los detalles. Todo lo que trabajé se quedó ahí, pero eso no era más que una casa; dentro no había una familia, un hogar… Y ahí se quedó.
Ni usted ni sus hijos la disfrutaron.
Ahí se quedó.
Ni bien abrió su local, también comenzó a dictar clases.
Sí. Siempre ponía en mis tarjetas de presentación: clases personalizadas; y la gente venía de Huancayo, de Arequipa, de todas partes; y unos años después me puse a pensar: “¿Qué va a ser de mí en mi vejez?”. Así que comencé a indagar, hice un proyecto y puse mi escuela de cosmiatría. Yo soy muy perseverante. Después puse la de Los Olivos.
Comparte su tiempo entre el trabajo y sus hijos, que ya son adultos. ¿Qué hay del espacio para el disfrute?
Eso es lo que dicen mis hijos: “Mamá, ¡basta de trabajar! ¡Vive un poco! Te vas a morir y esto no te lo vas a llevar a la tumba”; pero yo no lo hago por lo material, sino porque ¡me encanta! Además, yo no soy de salir. Disfruto de mis nietos, cuando viajo; aunque siempre por estudios, nunca por vacaciones. Yo no sé lo que es un viaje de vacaciones, nunca lo he hecho (ríe)…
Ya está formateada así.
Sí. ¡Ojalá cambie! Ya en mi otra vida seré diferente.
Hace un mes, en una ceremonia en Palacio de Gobierno le concedieron el Premio Presidente de la República, el cual reconoce a las MYPE.
Sí, es un premio al esfuerzo, a la perseverancia. ¡Es un logro!
Sin embargo señala que hasta entonces usted no sabía valorarse.
Es que si yo he trabajado siempre ha sido por mis hijos. Pero ahora, con este premio, me he dado cuenta de que hay gente que valora lo que yo he hecho.
Pero si ha salido de abajo, creció en un barrio difícil, asumió riesgos, se ha fajado trabajando, ¿cómo entender que recién después de un premio comience a ver cuánto vale?
No lo sé… No sé qué contestarte, solo sé que ahora sí sé que mi esfuerzo, mi lucha, tienen un valor muy grande. No sé cómo explicarlo…
De niña soñaba con ser doctora, hoy tiene a médicos trabajando para usted.
Sí, tengo un staff de médicos; y somos un equipo de trabajo.
¿Esa ha sido una revancha que le ha cobrado a la vida?
No. De repente, de haber tenido menos compromisos, de no haber tenido que sacar adelante a una familia, quizás me hubiera dedicado a seguir mi carrera; o quizás si hubiera sido soltera… Pero Dios me puso esto. Ya en mi otra vida ya seré médico.
¿Cuál ha sido el peor trabajo de su vida?
Botar basura… Por ser la nueva en el salón de belleza en Nueva York tenía que –al final- juntar todo lo que había en los tachos y botar la basura. Decía: “¡Yo no he venido para esto!”. Pero tenía que hacerlo… A todas las cosas que nos pasan –malo o bueno- hay que sacarles lo positivo. Esa fue una de las tareas que yo tuve que cumplir, pero aprendí; y cuando abrí mi centro de estética supe cómo debía distribuir las funciones entre mi personal… Si algo malo me pasa, me puedo derrumbar, llorar, pero después ¡le saco lo bueno!
FICHA
Nombre: Gladys Elvira Dubois Doribal.
Colegio: Brígida Silva de Ochoa, en Chorrillos.
Estudios: Cosmiatra con estudios en el país y en el extranjero.
Edad: 56 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Nuevo Milenio SAC.
Nuevo Milenio
Centro de cosmiatría que Gladys abrió con un préstamo de US$1.000. Empezó sola -en 1999-, en un local alquilado y con una sola camilla.
Crecimiento
El 2010 facturó S/.450.000, ha lanzado la franquicia de su centro y además posee dos escuelas de cosmiatría y cosmetología en Surco y en Los Olivos.
En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía & Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!
Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de "Mujeres Batalla" (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.
15 Comentarios
Me siento muy identificada con este ejemplo a seguir de la Sra. Gladys Dubois, de constante lucha, esfuerzo y fe en que cada día sera mejor, ya que mi madre es una mujer emprendedora, que busca en el día a día algo mejor para sus hijos. Muchas bendiciones para la Sra. Gladys, ya que casos como estos ayudan a los demás a no dejarse vencer por las adversidades.
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me parece una verdadera comedia la vida de la señora, solo habla sobre la pobreza q vivía, para resaltar sus éxitos... lo único que da a notar es la poca clase y nivel que tiene y la verdadera pobreza mental en la que vive...
Me fascinan las historias esperanzadoras. Como dice la canción, la cosa es aprender "que la vida por todo lo malo algo bueno te da". Mirar para adelante y nunca dejar de luchar por los hijos: allí está la clave. Gracias, Antonio, disfruto mucho de tus textos...
No estoy de acuerdo con tu comentario Claudia, no creo q sea una comedia y menos pobreza mental, parece q es envidia de tu parte el no tener la capacidad de lograr lo que la Sra. ha logrado. Es una realidad, y creo que si la Sra. Gladys se sacrifico tanto fue por sus hijos, quienes deben estar orgullosos de su madre, pues debe haber sido muy dificil separase de ellos. Volvio, y volvio x ellos. Definitivamente la crianza que le dieron sus padres la hizo ser lo que es ahora, y como ella dice: la formacion es lo que importa, no donde vives. El luchar por ser mejor es bueno y todo padre quiere que sus hjos puedan tener mas de lo que uno tuvo en su niñez o juventud. No es cuestion de dinero, es tener ambiciones propias y para su familia, quien no quisiera tener la vision y confianza en arriesgar? Muchos nos frenamos y ella arriesgo, y ahi estan los frutos. Que mejor leccion de vida para sus hijos!
RPTA Muy bien dicho!
Cada comentario refleja la sabidura de quien lo escribe, y puedo decir que Claudia Figueroa tiene una gran pobreza mental. Cada persona tiene una historia de vida y hay que respetarla, sin importar la condicion. Es una lastima que aun haya personas que critican a otros sin mirar su vida primero.
...interesantes historia, vivencias y lecciones... la felicito Sra. Dubois, una madre coraje... la vida es heroismo y está llena de heroinas y heroes anónimos... me alegra que sus hijos vivan otras formas y que vean en Ud. la lección de que ante las adversidades, uno se crece... un abrazo...
Me parese mal y fuera de contexto el comentario de Claudia Figueroga. Por favor, como puede haber personas que piensen asi. El mensaje de esta señora es un ejemplo de vida, lucha, fuerza, perseverancia y constancia. Es asi como se sale adelante. Joder...
Que comentario tan pobre el de la Sra.Claudia Figueroa... No leyo el titulo del Blog? Aparte que este es un ejemplo digno de admiracion, que solo merece felicitaciones.
Enhorabuena señora Gladys, y muuuchos años más de éxito en LIBERTAD. He leido la entrevista varias veces, pues es realmente inspiradora. No es novela, es la vida real, y eso hace que muchos nos animemos a seguir siempre mirando para adelante. Un gran abrazo a la distancia y que pase unas lindas y divertidas Fiestas Patrias..!!
todos me escriben a mi, parecen ser la misma persona con distinto nombre y tratan de dejar bien a la señora, pero no es asi como se logran las cosas. ¿por que no me contesta la señora? yo quisiera hacerle unas preguntas.
se supone que es un blog, y ella deberia contestar...
RPTA Claudia, este no es el blog de Gladys Dubois, soy yo quien lo administra. Has releído tu comentario inicial sobre este caso? Si así lo haces, seguro entenderás el por qué de la reacción de los lectores contra lo que escribiste. Como comprenderás, ellos tienen el mismo derecho que tú a expresar su parecer. Saludos, Antonio.
Lo maximo la señora Gladys, todo esfuerzo siempre trae su recompensa. A seguir adelante y con mucha humildad, felicitaciones.
Sra. Dubois, le felicito por su perseverancia y por darnos una lección de vida, de que de la pobreza se puede salir con trabajo y sacrificio.
Tatiana.
Senora, toda su historia me parece muy interesante. En todo momento da a entender que usted todo lo que hizo fue para no recordar la vida que tuvo, es como si le diera verguenza, y alli esta lo malo. Uno jamas debe de avergonzarse de lo que nuestros padres no nos dieron. Quizas ahora sus hijos decidan no trabajar demasiado para no dejar solos a sus hijos y pasar con ellos más tiempo. Usted tiene mi edad y dejeme decirle algo: desde el momento que uno sale de su pais, lo hace pensando en lo que quiere hacer de su vida, en el caso suyo con hijos, solo penso en hacer dinero. No hay pais que malogre a los hijos, son los padres los responsables de que eso pase. Por qué? Porque para que se cumplan sus deseos materiales (dinero) y sin suficiente preparacion, tiene que trabajar en dos turnos, los 7 dias de la semana, logicamente para hacer eso tiene que dejar a sus hijos solos, sin supervision; y que hacen los chicos solos? Juntarse con otros chicos sin orientacion ni control y asi se dedican no solo a las drogas sino a ser vagos. Entonces, no es el pais el que malogra, son los padres que trabajan, trabajan y nunca tienen tiempo para sus hijos. Yo sali a USA con mi familia (mi esposo y mis cuatro hijos pequenos) y aqui me nacio un hijo mas y, sabe que? A Dios gracias los 5 son profesionales exitosos y muy felices, pero ellos siempren recuerdad que cuando tenian que ir a una actividad academica, deportiva o de ayuda a la comunidad, siempre nosotros sus padres estabamos apoyandolos. El pais no lo cambia a uno senora, son los padres. Disculpeme, pero me senti en la necesidad de explicar a los lectores que ningun pais es malo o malogra a nadie, uno tiene la libertad y oportunidad de escoger lo mejor y tambien lo peor para sus hijos, pero para eso hay que poner en una balanza qué es lo mas importante: estar con mis hijos y hacerlos profesionales o hacer dinero y nada más que dinero.
No estoy de acuerdo con el comentario de Lourdes Zanabria, desmereciendo el sacrificio de las madres que trabajan para darles lo mejor a sus hijos como la señora de la nota. Quizá ella prefiera quedarse en casa viendo la novela y dandole "calidad de tiempo" a sus hijos que darles un buen futuro profesional, eso depende de cada quien. Creo que la mayoria de profesionales exitosos son hijos de padres que les han dado el ejemplo de lucha y trabajo, es bien facil quedarse en casa y estar atras de los hijos, el verdadero sacrificio es darles lo mejor que se pueda. Exitos para Gladys, y los envidiosos, que sigan en el sofa.
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