Sus carteras se exhiben y venden en museos de arte de Lima y París, tiene por socios a artesanos de alejadas comunidades y de penales de máxima seguridad. No estudió para esto, siguió más bien Literatura, Filosofía y Geografía. Antes de aterrizar su idea de negocio pasó cinco años volando como aeromoza de American Airlines

Como estudiante de Geografía Susan Wagner recorrió el país y desde un principio los textiles, bordados y tejidos atrajeron su atención. Ya casada, partió a Arizona, y viendo los bordados mexicanos decidió experimentar. Partió a España, para entonces ya había dado a luz a Eliseo. Una vez en Lima lanzó una colección de carteras. Ocurrió el 2005, año que en ella determinó un volver a empezar. Su nombre es hoy su marca, y es además sinónimo de una tendencia que cada vez tiene mayor aceptación: la moda ética.
Ingresó a la Católica para seguir Literatura y Filosofía y terminó llevando además cursos de Geografía, pero lo dejó todo para irse de aeromoza durante cinco años; de ahí regresó a la universidad, pero antes de terminar se casó y partió a vivir a EE.UU. y después a España. ¿En qué momento se dio esta aparente pausa en su vida?
Siempre fui nómade, y me estabilicé cuando regresé al Perú ya con Eliseo. Ahí paré, dije: “Acá me quedo, y ¡ya!”.
Con su esposo forjó una empresa que exporta productos de madera a tres continentes. Él a cargo de la parte operativa, ella de la administración, su secreto era el diálogo. El 2000, él falleció. A sus espaldas murmuraban que ella no era capaz de sacar adelante el negocio. Con su trabajo le ha tapado la boca a todos
Ella secretaria de gerencia, él jefe del Departamento de Producción de Textil Amazonas; Isabel y Giacomo se conocieron y se casaron en 1961. Nacido en Iquitos, él siempre había sido atraído por la madera y, el 68, inició un negocio al que ella en el acto se sumó. Desde entonces juntos saborearon los embates y las alegrías. Maderas Peruanas estaba rompiendo el mercado cuando Giacomo falleció. Con sus hijos, ella siguió adelante. Siempre recia, hoy afirma que ya no hay crisis que la tumbe.
Asumió el control del negocio el 2000, a raíz de la muerte de su esposo. Esto, sin embargo, no era nuevo para usted.
Así es, ya lo conocía. Mi esposo siempre fue bien participativo. Nunca me limitó, y eso fue lo que me hizo aprender.
No era feliz, sufría siguiendo una carrera solo por complacer a sus padres. En busca de alivio, probó el yoga. Vio la luz. Hubo un cataclismo el día que anunció que no ejercería su profesión. Al llegar a casa, su pareja la encontraba dando clases en la sala. Hoy él es su socio, juntos están sembrando salud

Alex vestía saco y corbata y, los fines de semana, el fútbol era su pasión. Hoy, día de semana y en plena hora de oficina, viste sandalias y un polo fuera del pantalón. Gabriela Sologuren, ella es la feliz responsable de la transformación del padre de sus dos hijos. El yoga le salvó la vida, y ella ahora vive para difundirlo (y, cómo no, también para beneficiarse de esta disciplina que resulta urgente en estos días de alta tensión). Lima Yoga, así bautizó a su empresa. ¿Sabe alguien qué fue del cartón ese que la certifica como bachiller en Biología?
Y entonces, la Biología quedó en el camino.
Quedó en el camino. Aunque se relacionan (con el yoga), porque si yo acepté seguir Biología fue por el tema del ser humano, del funcionamiento del cuerpo, de la naturaleza; y el yoga es eso: cómo te relacionas con tu cuerpo, cómo te relacionas con la naturaleza y con el medio ambiente.
Partió con sus tres hijos a EE.UU. huyendo de la pobreza, al año los mandó de regreso (su entorno allá era muy negativo). Trabajó por ellos, se rompió el lomo, no quería pensar (le dolía recordarlos). Aprendió el oficio en el que aquí –junto a su prole- hoy destaca (y ello, pese a que tantas veces pagaron mal a su confianza)

Llegó a Nueva York y trabajó de niñera, al tercer año regresó al Perú como cosmiatra. Brilló en el salón de belleza de Gisela Valcárcel, un lustro después se prestó mil dólares y se independizó. Nuevo Milenio, su centro de estética, es hoy –además- una atractiva franquicia. El mes pasado Gladys Dubois recibió –en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno- el Premio Presidente de la República, que reconoce la constancia y coraje de la peruana y del peruano emprendedor.
¿Qué es ser pobre?
Ser niña y no poder comprar chocolates… Yo recuerdo que decía: “Cuando sea grande, voy a comer ¡todos los chocolates!”. Éramos muy pobres, pero tuve unos padres maravillosos.
En mayo del 2004, cuando aún no estallaba la euforia actual por haber nacido en esta hermosa tierra del sol, apareció Ejecutivas, página de entrevistas en la sección Economía & Negocios a mujeres emprendoras que, precisamente, pretendía doblarle el brazo a la torpe creencia de que ser peruano era, en realidad, una maldición. Desde entonces han desfilado más de 200 emprendedoras, más de 200 ejemplos que han servido de inspiración no solo a sus congéneres. ¿Cómo entenderlo? Sencillo... es que ellas ¡valen un Perú!
Antonio Orjeda
Periodista de El Comercio y autor de "Mujeres Batalla" (Editorial Norma, 2007), libro del que este año ha sido publicada su segunda edición.