03
2009
Creció entre herramientas, viendo a su padre reparar camiones gigantescos. Él es su héroe, asegura. Un día, su héroe le pidió ayuda. Su taller se estaba derrumbando. Ella asumió. Ella lo rescató
Eusebio Caycho quedó huérfano y, a los 7 años, llegó a Lima. Un tío lo acogió. Diez años después, ya era maestro de taller. Experto en reparar sistemas eléctricos, en especial de vehículos de gran tamaño, le ofrecieron trabajo en Alemania. Su mujer y sus dos hijas tendrían que aguardar por él. Eusebio se negó. Abrió un taller, su nulo conocimiento de marketing, de administración, pudo haber conspirado contra su talento. Fue entonces que la menor de sus princesas entró en acción. Miryam asumió la conducción en agosto del año pasado. Ahora él, el hombre, el artista, su superhéroe, como ella lo llama, puede entregarse plenamente a lo suyo. Ella vela por él.
¿Qué hace una mujer metida en un tema de hombres?
¡Es que me apasiona!
27
2009
No tenía 30 años cuando el destino le jugó una mala pasada a la mayor estrella de pimpón que ha tenido el Perú. Su vida era perfecta, la tuvo que rehacer. En otra cancha, ella volvió a brillar
Mónica Liyau era en los 80 la Sofía Mulanovich de hoy. En Latinoamérica no había quien pudiera con ella en un duelo de pimpón. En Buenos Aires, en un Sudamericano, conoció al mejor de Brasil. “Flechazo”. Casados, campeones en el país de Kaká, tenían un próspero negocio. Lo tenían todo. Él falleció. Mónica regresó al Perú con su hijo de 5 años, asumió una empresa familiar, la transformó. “La energía está determinada por la inspiración, por un motor; y mi motor era mi hijo”. Su motor tiene hoy 18 años. En casa, tiene ahora otro de dos. Vuelta a casar, superó el rato amargo. Golozzini, el nombre de su empresa. Todo lo que el deporte le enseñó, Mónica lo volcó a esta (y claro, es la número uno del mercado).
¿Qué edad tenía cuando en el ránking mundial de pimpón fue considerada la mejor de todo Latinoamérica?
Fue el 87: 21 años.
¿Cómo ha marcado su vida ese deporte?
El pimpón ha sido todo para mí.
20
2009
Nadie creía en ella. Tenía una buena idea, una que podía gestar una revolución (alimenticia). El 98, en un parque de Miraflores, abrió su primera trinchera. Hoy, cientos se lo agradecen
¿Quién no conoce el mercado ecológico del parque Reducto? Ahí, una década atrás, Silvia Wu sembró una utopía. Tenía una misión: lograr que cada vez más personas se alimentaran mejor.
Hoy, no solo en Miraflores, también en Surco, Cieneguilla, Huancayo, Piura, Arequipa, Huanuco y Abancay, se realizan estas bioferias. Ahí, usted puede adquirir productos libres de químicos, libres del hambre de industrias cuya oferta no es saludable. Diez años después, la paciencia china de Silvia está rindiendo frutos. Al frente de la Red de Agricultura Ecológica (RAE), Silvia está cosechando.
¿Qué es un mercado ecológico?
Es el espacio donde confluyen ofertantes y demandantes de productos ecológicos.
13
2009
Partió a París enamorada. Allá, su esposo la apoyó hasta que agarró viada. Una década después, han regresado. Ella, al timón de su empresa, lo está apoyando mientras él se termina de adaptar.
Fue por sus hijos que decidió regresar. Gretel Castro lo tenía todo en París. Felizmente casada, era además el brazo derecho de Antoine Fauger, un exitoso empresario dedicado a la importación de frutas y verduras frescas. A.M.S. European es la empresa que él lideraba cuando a Gretel se le metió en la cabeza que a sus hijos les hacía falta el calor familiar con el que ella había aquí crecido. Fauger no estaba dispuesto a dejarla ir, le propuso abrir aquí una filial. A.M.S. Latina se llama, ella está al mando y cerrará su segundo año de operaciones facturando más de un millón de dólares.
Han pasado diez años desde que se casó y partió a París. ¿Qué tanto ha cambiado su vida desde entonces?
Radicalmente. De ser la hija de papá y mamá, estudiante, me fui a una vida diferente, y además casada. O sea, completamente independiente; ¡y había que desarrollarse!
Se enamoró de un francés y se fue. Dejó sus estudios de Derecho, también su sueño de vivir en el Cusco. Usted partió a una aventura.
Sí. Y aposté por esta aventura por amor. Al final, lo más factible era irnos para allá, donde él tenía su vida, su trabajo…
Él era contador, tenía hecha su vida allá. Usted llegó sin saber el idioma, ¿cómo fueron sus primeros días?
Fue terrible. Por suerte la familia de él es encantadora. Son bien unidos y me acogieron lindo, pero igual: no reemplazaban. Me decían: “Yo voy a ser como tu madre”. Pero como mi madre nada más hay una (ríe)…
06
2009
A ella y sus hermanas, mamá les enseñó desde siempre a ser unidas. Casi tres décadas atrás, mamá abrió un puesto en el mercado. Hoy, ella y sus hermanas lo han convertido en un gran negocio
Carmen Delgado es una mujer de pocas palabras pero de amplia sabiduría (y esta, parece ser inconsciente). Sin pretenderlo, ella ilumina, ella marca el camino. Prueba de ello es el puesto de abarrotes y verduras que arrancó su madre y que gracias a la dirección de la mayor de sus cuatro hijas –y al trabajo en equipo- es ahora el muy conocido Megacentro D’Carmen.
Todo empezó con un puesto en el Mercado de Productores.
Sí.
Fue su mamá quien lo abrió. ¿Por qué?
Quería apoyar a mi papá.
29
2009
A los 8 vendió marcianos para ayudar a sus papás. A los 17 administró la avícola que su familia forjó. A los 23 buscó lo suyo (la persona en la que más confió, la estafó). Ella ha vuelto a brillar
El apellido materno de Sherry Ramírez es Batidas. “¡Cómo Micaela!”, le decimos. “Sí, es mi tía”, sonríe esta emprendedora y, tras conocer su historia usted verá que no es broma, pues desde niña Sherry ha demostrado tener tanta garra como nuestra valerosa prócer de la independencia.
A los 17 asumió el negocio familiar. Hubiera querido ir a la universidad, pero no tenía tiempo, además, había decidido hacerse cargo del futuro de sus dos hermanos menores. Hoy tiene 33 años, dos hijos, cuatro tiendas de abarrotes en Minka y, ya se dijo, una poderosa historia que contar.
Cuando abrió su tienda de abarrotes, el 99 y a los 23 años, debió ser la menor de todos los comerciantes que apostaron por este lugar.
Claro.
Sin embargo, quienes la verían trabajar ni imaginaban que usted ya tenía años de experiencia en la administración de negocios.
A los proveedores les llamaba la atención mi juventud. Pero yo, a la par, tenía la avícola.
22
2009
El dolor tras la pérdida de su segundo hijo la llevó a no querer trabajar más. Así fue. En casa, sin pretenderlo, se involucró en la alicaída empresa textil de su marido. Hoy exporta sin parar
AREQUIPA. “No eres la misma de antes”, cuenta Rosario Flores que le ha dicho su marido. Once años atrás, ella decidió iniciar P&P, su empresa textil. Desde entonces, su autoestima, su seguridad, su sonrisa, son otras. El 95% de su producción se va para Europa, Australia y Japón. Once años atrás, su vida no era así. Sí, su marido tiene toda la razón. Hoy, ella es feliz.
Todo empezó con una pequeña tienda de ropa a la que usted prácticamente no le daba bola.
Así fue al principio. Es que yo trabajaba en un estudio de abogados.
¿Qué hacía ahí?
Era la secretaria del doctor, del dueño del estudio.
15
2009
Desde siempre vio a su padre iniciar uno, dos, varios negocios y, siempre, en rubros que lo apasionaban. A los 19, ella decidió hacer lo propio. En lo suyo, hoy es la líder en el mercado.
Es muy probable que esa taza de cerámica en la que usted toma su café y lleva el nombre de algún banco, hotel o AFP, haya salido de los hornos de Terranova, la empresa de Martha Pajuelo. Años atrás, la ruda competencia china la puso contra la pared y la obligó a idear una alternativa. Así dio con un rubro en el que ella ahora reina: la cerámica utilitaria publicitaria.
Su padre la respaldó desde el principio, la ayudó a enfrentar sus primeras derrotas. Hoy, Martha siembra el ejemplo que recibió de él en sus dos menores hijas.
Ustedes son los líderes del mercado. El año pasado la competencia se ‘jaló’ a su ingeniero estrella. Al respecto, usted dijo: “Ellos creen que el éxito se debe a un buen trabajador, no saben que la empresa somos todos”.
Cuando eso pasó, mucha gente dijo: “¿Y ahora? ¡Morirán!”. Pero no, muchas veces el desconocimiento hace que te arriesgues y termines haciendo cosas que otros nunca hicieron.
Su competidor creyó que le estaba robando el secreto del éxito.
Y no fue así: En la empresa –de una u otra manera- todos colaboramos para que las cosas vayan saliendo adelante. No hay una persona que tenga el conocimiento de todo. No. Si se va uno, te mueve el piso, pero igual –con creatividad- sales adelante.
08
2009
En una vereda, al paso, ella inició la conquista. Tres décadas después, reina en un enorme local al que acuden miles de amantes del chicharrón. Tenía 9 meses cuando le diagnosticaron polio.
AREQUIPA. En Arancota, avenida que cruza la campiña de esta ciudad, está La Quequita, el restaurante-chicharronería que con un coraje a prueba de todo forjó Angélica Díaz. Para un simple mortal puede sonar increíble que este tenga por origen un lugar mínimo donde no había sitio ni para sentarse, y es que hoy puede atender -en una- a más de mil comensales. Para lograrlo, Angélica, a quien su madre desde siempre llamó Quequita, asumió riesgos que habrían hecho temblar al más plantado. Esta es su historia. Lea e inspírese.
Se casó a los 21 y decidió crear su propio negocio.
A raíz de eso me independicé de mi mamá y salí a vender a la puerta con mi cocinita.
¿Por qué lo hizo? ¿No era más fácil seguir con su mamá?
No, yo ya tenía un hogar. Tenía que valerme por mis propios medios.
¿Cómo comenzó?
Sacamos una cocinita afuera del restaurante de mi mamá, por donde pasaba la gente, y cocinábamos ‘en vivo y en directo’: el señor veía las presas, escogía la que le gustaba y se la preparábamos para que se la coma ahí o para llevar.
¿Cómo fue el primer día? ¿Sintió algún temor de que la gente no le fuera a comprar?
Temor, no. Como ya tenía experiencia en la cocina, no sentí temor… Vendí poco –la mitad-, pero seguimos persistiendo.
01
2009
Cachivachera desde niña, estudió pintura y, un lustro atrás, abrió la primera tienda de ropa independiente del país. Tiene 28 años y no hay quien la pare (tiene mil proyectos por concretar)
Eliana Otta cree a muerte en la amistad y, siempre en medio de la más honesta alegría, le ha sabido dar vida a diversas -y siempre osadas- ideas. Cinco años atrás, en un espacio de 15 metros cuadrados, abrió un bazar. Pulga, lo llamó y sin pretenderlo terminó imponiendo una tendencia en Lima, aunque esto a Eliana le interesa poco o nada, pues lo que ella requería –y Pulga se lo está dando- era tranquilidad económica para poder continuar zambulléndose en más -y siempre osadas- aventuras.
Cuando estudiaba Arte jamás imaginó que iría a poner la primera tienda de ropa independiente del país.
Nunca lo imaginé como algo concreto, pero lo gracioso es que –al final- todo se termina armando con las cosas que a uno siempre le gustaron, porque yo, desde niña, me iba sola a los bazares del barrio: vivía en Jesús María y tomaba mi micro para ir al mercado de Magdalena…
En la universidad, usted y sus amigas comenzaron a confeccionarse su propia ropa y accesorios.
Sí, en esa época, Anita –que creó la marca Anat-, Brunella –que creó Tuna-, Sharon Lerner –que ahora estudia en EE.UU.- y Natalia Revilla –que es artista y diseñadora- también hacían ropa. Éramos unas siete las que constantemente estábamos haciendo ropa, aretes, carteras.


