Salía feliz de haberse comprado un café latte, cuando al cruzar la pista se le cae el envase al suelo. Cuál sería su sorpresa cuando, al regresar a comprar otro, el vendedor rellena el envase y no le quiere cobrar. “¿Pero si se me cayó en la calle?”, atinó a decir, no queriendo beneficiarse indebidamente. “Nosotros no vendemos café”, fue la respuesta, “en Starbucks vendemos una experiencia”. ¡Y qué grata! Tanto así que la compartió con familiares y amigos.
Además, un estilista sabe que no corta el cabello sino que vende belleza y la casera tiene claro que no vende frutas y verduras sino confianza. La confianza de saber que estás comprando algo fresco, al peso correcto, de quien te da yapa y hasta te fía. Esa confianza hace muchas veces que uno esté dispuesto a pagar más, desplazarse hasta donde la casera o a esperarla si no tiene lo que buscamos. Y ella, como Starbucks y el estilista, invierte, cuida y valora esa confianza.
Andahuasi, las renuncias en el Ministerio de Cultura, los incidentes en el Congreso indicarían que esa noción de servicio muchas veces se desconoce en nuestro sector público. Quizás conscientes del poder que creen tener o del monopolio que ostentan, muchos de nuestros funcionarios públicos olvidan que venden confianza. Entenderlo significa, como en el caso del Starbucks, “ver” más allá del café para entender, apreciar e interiorizar el valor que tiene para el otro lo que uno hace. Y el Estado Peruano hace mucho, ¡y puede hacer mucho más!
Así, las oficinas de registro de propiedades no deben limitarse a inscribir inmuebles y marcas, sino otorgar valor a la inversión inmobiliaria y a la creación intelectual, y como tales deben velar por eliminar toda barrera que afecte ese valor. Los juzgados civiles no se limitan a resolver pleitos, sino que deben garantizar que se cumpla la palabra empeñada, buscando que cada vez menos peruanos quieran ganarse “un alguito” litigando. Los municipios no emiten licencias sino que deben cuidar la calidad de vida en el distrito. La Sunat no se aboca a cobrar impuestos, sino que debe facilitar la solidaridad y la inclusión social, debiendo promover y facilitar todo tipo de trabajo gratuito (pro bono).
En suma, el poder del Estado está para servir, no para servirse de él. Harían, pues, bien nuestros funcionarios públicos en interiorizar que son vendedores de confianza.
Categorías:
EstadoEtiquetas:
Confianza
Escribir un comentario