Resultados correspondientes a “terror en la primera cita” de Busco Novio
19
2009

YA ERA HORA.
El Chico Tímido iba a pasar por mi casa a las 9 p.m. para llevarme a cenar. Claro, no contaba con esas sorpresivas coordinaciones de trabajo que tuve que resolver a última hora mientras miraba el reloj. Creo que rompí todos los records de velocidad en la Vía Expresa y llegué a mi casa a las 8:47 p.m. Tuve 13 minutos exactos para vestirme y arreglarme para la tan esperada cita. Cuándo no, la Ley de Murphy comenzó a jugar en mi contra. Lo único bueno del apuro es que no me dio tiempo ni de ponerme nerviosa. Arranqué con los dientes la etiqueta de un vestido nuevo, mientras me ponía las medias y tiraba las cajas de zapatos al suelo, buscando los que ya había elegido en mi mente. Corría al baño a tapar los rezagos del agotamiento de los últimos días con maquillaje, cuando unos golpes en la puerta me sobresaltaron. El Chico Tímido fue muy puntual.
Cuando le abrí la puerta, pensé que no era el mismo que mi memoria recordaba.
13
2009

¿EN DÓNDE ESTAMOS EXACTAMENTE?
El fin de semana anterior salí dispuesta a confirmar mis supuestas teorías sobre la muerte del romance; de paso era una buena excusa para ver a un grupo de amigas a las que no veía juntas desde hacía un tiempo. Qué mejor lugar que una fiesta. Aunque mi observación participante se limitó a bailar y hablar con gente, no pude evitar confesarles a mis amigas un secreto que tenía por ahí bien guardado. Yo también vivía una historia fácilmente clasificable en el file de las relaciones ambiguas. Después de darme la bienvenida al club “A”, comenzó esa infernal noche.
25
2009

¿DESESPERADA YO?
Acabo de cumplir 36 años y sé que para muchos ya pasé aquel “período de gracia” que existe entre los temidos 30 y los 35; años de “tardía juventud” en la que aún hubiera podido pescar a un divorciado, a un casado de esos que siempre andan “separados”, algún despistado chibolo de 30, o a algún madurito de corazón joven. Pero no. Contra todo pronóstico, dieron las doce y no me convertí en una momia de lo que un minuto antes fue una mujer, no salí calata corriendo del bar en busca de algún tipo que quisiera “hacerme el favorcito” de ser mi novio, ni tampoco me compré una mecedora, un gato o mi primer juego de palitos y lana para empezar a tejer chompas para mis sobrinitas.
Nada de eso pasó. Al día siguiente solo tenía una resaca horrorosa. No tenía pegado un nuevo código de barras que algunas mentes suelen ponerte encima sin pedir permiso. Para ellas ahora soy el clásico modelo de soltera sin novio "géminis 36” a la que ya pueden llamar sin ninguna vergüenza: “mujer desesperada”. ¿Por qué creen que nos pueden chantar este repelente apelativo? Simple: porque las mujeres desesperadas existen y son ellas mismas las que siguen alimentado su propia leyenda. Yo no me declaro inocente.
26
2009

¿Y SI YA NO QUIERO BUSCAR NOVIO?
Estas semanas he estado pensando en la posibilidad de tirar la toalla en esto de mi búsqueda del amor. Estaba en el chat con un amigo con el que me río, reniego y lloro a veces, al que le decía que estaba harta. Especialmente de los hombres o, mejor dicho, de mi relación con ellos. Estaba a punto de tipear que estaba a una mala cita de dejar de buscar novio, cuando me dijo que era una “love junkie” (adicta al amor) y que seguro pronto me enamoraría otra vez, y poco después le estaría contando del baboso ese que me había hecho tal o cual cosa. Sentí que me cayó un gancho derecho.
-¿Esa es, en una línea, la historia de mi vida? -le pregunté, ocultando mi terror, buscando con la mirada una botella de vodka en la cual zambullirme y no salir nunca. Segundos después, yo sola me respondí (y de paso, a él). Escribí dos palabras y apreté enter: no creo. Pero creo que él tiene algo de razón al no creerme que vaya a dejar de buscar novio, aunque sigo pensando que algo debo estar haciendo mal. Me sobran las razones. Éstas son. A ver para qué lado se inclina la balanza.
06
2008

¿QUIÉN NO HA METIDO LA PATA LA PRIMERA VEZ QUE SALE CON ALGUIEN?
He de confesar que me costó mucho tomar la decisión de salir con alguien. Me encontraba bien acompañada de mí misma y me parecía que extender mi soledad era una buena idea. Estaba leyendo más, viendo más cine, escuchando música nueva, comprando tonterías para romper con el blanco y negro de mi casa. Hasta ir al supermercado se convirtió en un extraño placer. Hasta que pasó lo que esa frase trillada dice: el que no busca, encuentra. De pronto, aparecieron chicos que me invitaban a salir por todos lados. Yo, desde mi cueva-hogar, los iba tachando con una crayola imaginaria y les decía amablemente: “no gracias” y, algunas veces, ante la insistencia, les soltaba un tímido “algún otro día”, que en castellano bien entendido significa: “olvídate, jamás voy a salir contigo”.
Hasta que hizo su aparición el Sr. Anónimo. Y la verdad, no pude resistirme. Puse en una balancita a mi soledad, a mi temor de salir con alguien nuevo y salir herida en el intento, y del otro lado la inteligencia, buen humor –de ese bien negro, como me gusta- y divertidas conversaciones a través de Internet (que ya traspasaban la línea del flirteo) con este chico que solo conocía a través de lo que escribe y un muy lejano café en vasos de papel reciclado. Pero no puede escoger peor momento. La realidad me enseñó una vez más que las primeras citas no son como andar en bicicleta, uno sí se olvida de cómo hacer bien las cosas.
Seguro he metido la pata innumerables veces en innumerables citas; pero aquí va mi recuento actualizado -y en versión extendida 12 pulgadas, reloaded con extras y bonus tracks- de los errores que dos personas (en este caso él y yo) pueden cometer esa temible primera vez.
25
2008

LLEGÓ EL MOMENTO DE VENCER EL MIEDO (¿O NO?)
Este es el panorama: has conocido a alguien que te gusta, ha pasado cierto tiempo y quizás pueda pasar a ser algo más, punto. Bueno, lamentablemente, por lo menos para mí, ese punto medio –ése, el terrorífico, tantas veces anhelado, mil veces maldecido, el tan necesario para poder decidir con la mente clara- no existe. En su lugar vienen en desfile: signos de interrogación (varios, mejor dicho, interminables), paréntesis (a veces, ahora no), signos de exclamación (sí, claro, estamos en plena época en la que todo tiene olor a fresco, todo es nuevo, tanto que admito haberme despertado una mañana y reír sola como una orate al recordar los besos de la noche anterior), punto seguido (cuando ese “todo” parece tener una continuación), una optimista coma (cuando aún hay que ver “que pasa”), comita (cuando hay sospechas de que lo que pase después no es lo que queremos, o la certeza de que nunca pasará), o de arranque, un triste –o feliz- y definitivo punto final.
Por más que lo he buscado, nunca he encontrado el punto medio, ese que, supuestamente lo equilibra todo. Cuando ese alguien te empieza a llamar más seguido y sin motivo, cuando las citas se hacen más seguidas, cuando comienzas a desarrollar todo un comportamiento ajeno al habitual, en mi caso: un aumento en el guardarropa para la(s) siguiente(s) cita(s), un cara a cara con la tortura de la depilación con cera, la inclusión del kit de maquillaje de emergencia (yo que no me maquillo usualmente) de manera perpetua en la cartera, las miradas extrañadas en la oficina cuando te ampayan cantando mientras trabajas, una extraña y súbita desaparición del mundo de tus amigos y familiares, y una, no menos sorpresiva, aparición en un mundo de gente, actividades, rutinas y horarios que no conoces. ¡Qué ganas de caminar dando saltos de niña con un algodón de azúcar en la mano!, ¡qué paja sería estar en el colegio otra vez para tener tres meses de vacaciones y tener todo ese tiempo para estar disponible y poder verlo! Pero ese flotar en nubes de colores, no dura mucho. Hay cosas que en una te bajan los pies a la tierra, o mejor dicho, te obligan a decidir dejar tu muy querido, y necesitado, cepillo de dientes en un baño ajeno.
01
2007

EL TERROR ES PROPIEDAD COMÚN.
Miedo. ¿Quién no lo ha sentido? Yo le tengo miedo a muchas cosas, algunas fáciles de reconocer como El Exorcista I -en la parte en la que Linda Blair habla con la voz de la madre del Padre Karras-, El resplandor -en especial en la que aparecen los fantasmas de dos gemelas al fondo del corredor del hotel-, una pesadilla recurrente en la que una ola gigante me cae encima (claro, siempre me despierto antes de ahogarme), la oscuridad, a veces, las cucarachas y la voz de mi padre cuando me llama Alicia y no Ali, -eso significa siempre que estoy en problemas-. Hay otros temores, muy difíciles de reconocer, pero lo haré.
16
2007

¿QUIÉN LO QUIERE JUGAR? YO NO.
Me acuerdo de cuando estaba en el colegio y las primeras chicas de la clase comenzaban a tener enamorado, claro, de esos que duraban como dos horas, o a lo más, un día; un mes, era ya era una relación consolidada, y había una regla clara. No sé quién la inventó, pero ahora me gustaría saber quién lo hizo y si era consciente de sus terroríficas consecuencias futuras: hacerse la interesante.
Todavía escucho las palabras de mi mejor amiga explicándome, mejor dicho advirtiéndome: cuando un chico te caiga, dile que lo vas a pensar. Para mí, el colegio fue un laberinto de rituales, códigos y demás cosas que se me hacían un laberinto en la cabeza (de paso, cabe mencionar, que esa es una de las razones por las que al colegio no voy más). Además, en esa época no se me pasaba por la cabeza que algún chico me fuera a "caer" ni tener que pasar por todo ese trámite de decirle que lo iba a pensar o algo parecido. Y ahora que reflexiono, al momento en que escribo, me pregunto: ¿qué tendría que haber pensado? A los once, doce o trece años ¿qué vas a pensar? Por supuesto que nada.
04
2007

SEÑALES DE ALERTA PARA LA ILUSIÓN TEMPRANA
¿Cuántas veces te has encontrado, de regreso a tu casa en un taxi, una combi, tu auto, o quizás acostándote, levantándote, trabajando, estudiando o simplemente caminando por una calle, o mirando a la nada en la mesa de la cocina, con una sonrisa involuntaria que aparece en tu cara? Sí, has conocido a alguien, que además, te gusta. Hasta ahí, todo está bien, todo bajo control. Hasta las chispitas mariposa que revientan en tu interior y esos pequeños vértigos al recordar un momento, un beso o una imagen, no son más que el presagio de un posible nuevo comienzo. Empezamos a inflar un globito secreto en nuestro interior. La ilusión.
Pero justo en este momento lleno de ansias y emoción, en el que uno espera una llamada, una primera, segunda o tercera cita (según el caso), correo electrónico, mensaje de texto o una señal de humo, puede ocurrir de todo. Sin embargo dentro de ese todo, puede estar también la posibilidad de que la persona en cuestión te dé alguna señal, indirecta o bien directa, que por lo general no se ven, no se perciben con claridad o uno rechaza de pleno verlas (porque tenemos al bendito globo en la mano y nos da esa sensación tan nueva, que no es amor, pero se le parece un poquito), de que no quiere o no va a querer tener "algo más" contigo.
Aquí, breves claves sobre las que he reflexionado por experiencia propia, observación participante e innumerables conversaciones con amigos, casi siempre en medio de graves crisis de duda, nervios y, algunas veces, furia. ¿Por qué? Porque alguien les reventó el globo, la cabeza, o en casos más extremos, el corazón.
01
2007

FERSCHTEHE ICH NICHT!
(Y ADEMAS, NO TE QUIERO VOLVER A VER)
Siempre me ha molestado cierto tipo de comentarios de tías, amigos, conocidos y, en especial de mis padres, por la cuestión de tener o no tener novio. Es como un juego en el que nunca se gana. Si tienes novio la pregunta es: ¿para cuándo?, es decir, (¿cuando se casan, formalizan, tienen hijos y un interminable etcétera), y cuando no tienes novio, por lo general, los cuestionamientos van acompañados de un gesto que no he terminado de descifrar, una mezcla de lástima y una fingida condescendencia: ¿y (ya) tienes enamorado/galán/novio/futuro esposo?
Al volver de visita a Lima la primera vez descubrí una nueva variante de la llamada "presión social", aún más terrorífica: ¿Ya conseguiste a tu español? Las primeras veces no podía ocultar mi irritación porque no solo considero una indiscreción inmiscuirse con total atrevimiento en un aspecto tan personal y privado como el emocional, sino porque además son excluidas, de forma automática, todas las aspiraciones, intereses y experiencias que conllevan vivir fuera del país. Hasta llegó un momento en el que pensé que para evitar dar explicaciones, para mí innecesarias, podría imprimir volantes informativos que en resumen dirían: me fui a estudiar, no a "conseguir" un hombre y le agregaría en letras chiquitas: además estoy sola y bien, gracias por su preocupación. Pero luego, mi lado racional le atribuyó estos cuestionamientos acerca de mi falta de pareja a la preocupación, que se acrecienta con la acumulación de años, de que pudiese quedarme (me cuesta escribir esta palabra) "solterona" y no a la mala onda de nadie. Que yo no piense de la misma manera, ese es otro rollo. Mi rollo.
13
2007

Hace poco le confesé un affaire pasado a una amiga. No se lo había dicho antes porque conocí al chico en cuestión a través de ella, ambos son buenos amigos, y en su momento no tuve la oportunidad de contárselo. Lo hice con la vergüenza que produce el haber guardado un secreto, pues estos siempre implican algo oculto. Me dijo, entre risas, que cómo se me ocurría haber tenido reparos en decírselo. A continuación, vinieron los detalles, y lo primero que pasó por mi mente fue un recuerdo muy claro de los besos que nos dimos él y yo.
Yo ya tengo bien claro que me gusta besar, que me besen y en la boca. Y esa conversación me hizo pensar en que hace tiempo que alguien no me besaba tan bien. Y no solo fue el momento (inesperado, por supuesto), el espacio (un sitio en el que nunca había estado, y que seguro voy a recordar como el lugar más dulce y extraño donde me han besado), el primer intercambio de información (hecho de la manera más original y divertida que he vivido) y los coqueteos previos (un poco más comunes pero, no por ello, menos excitantes): así todo haya ido aumentando la expectativa, estoy segura de que no hubiera sido lo mismo si los besos no hubieran sido los que fueron. Claro, también influye el factor sorpresa: cuando es la primera vez que besas a alguien y no resulta como lo imaginabas, sino mejor aun, es increíble. Mi memoria reciente es un desastre, además sé que soy una persona distraída y me la paso olvidando nombres, autores, llaves, billeteras, tarjetas de crédito; pero estos primeros besos de Javier, ese es su nombre, se quedarán en un sitio reservado de mi mente para lo que desde ahora llamaré Los besos de la Javier Prado. No es tan fácil de explicar esa mezcla entre ternura y erotismo.
10
2007

Santiago, uno de los chicos más guapos de la facultad -según muchos y muchas compañeras de estudios y juergas universitarias-, a mí nunca me gustó. Nos hicimos amigos en el último año a través de mi novio Héctor. Cuando nos veíamos no solo en la universidad, sino también en bares, discotecas y conciertos, no entendía su jale con las mujeres. Cada fin de semana tenía una nueva historia (hasta ahora no sé si estas fueron reales, inventadas o exageradas), pero me consta que muchas de las chicas que yo conocí pasaron por sus brazos, labios y sabe dios qué más.



