
El Día Internacional de la Mujer acaba de pasar. Recuerdo que antes renegaba diciendo: ¿por qué nosotras tenemos “un” día para celebrar nuestra existencia y los hombres no? Luego me enteré que este día no era la celebración de las mujeres como género en sí, sino que servía de fecha para dar a conocer los avances (o denunciar los retrocesos) logrados contra la discriminación de género. ¿Qué ésta existe en el Perú y con roche? Claro que sí y puede notarse con sólo darle un buen mordisco a una deliciosa y grasosa hamburguesa.
Leer másEsta no es una historia nueva. De estas, hay versiones del mismo cuento en cada paradero de combi alrededor del mundo. La pregunta es: ¿por qué a pesar de existir señales obvias nos hacemos los locos en vez de aceptar de una vez por todas que nos están sacando la vuelta? Con cariño, para todos los que son o han sido presas del bicho de la desconfianza. Como ex miembro honoraria del Club, desde ahí les mando las batíseñales. Prevenidos están.

Todos somos distintos. Tenemos cualidades maravillosas que pueden volver loco de amor a cualquiera, así como también horrorosos hábitos, actitudes y defectos adquiridos o de fábrica que, por lo menos yo, he decidido no volver a soportar. Mujer aplicada, he hecho mi lista de quién no va ni irá a ninguna parte conmigo.

He descubierto algo y quiero contárselos. No he descubierto la pólvora ni el multiorgasmo asegurado, menos cómo encontrar a la persona perfecta o adelgazar comiendo Eskimos; he descubierto, entre las últimas semanas del año pasado y las primeras de este, que se puede elegir cómo tratar a la soledad. Existen dos formas: temiéndole como al cuco o haciéndote su mejor amiga. Elija usted. Los resultados son catastróficos o beneficiosos para la salud (mental), según el voto.

Así como lo leen. Me enamoré y comencé una relación con el chico al que llamé “tímido”. No piensen que no se los iba a contar. Lo tenía “escondido” por dos razones. Una, lo quería guardar como sorpresa para este post navideño; y dos, la más importante, porque quería estar segura del amor del uno por el otro y de que se trataba de una relación en serio, no algo pasajero ni fugaz. Si me comprometía a amar a alguien iba a ser porque se trataba de algo verdadero, y así lo hice. La ironía es perversa.
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YO SOY “SOFÍA”.
Hoy, 24 de noviembre, es el día de la No violencia contra la mujer. Aunque para muchos esta sea una fecha desapercibida pues hasta ahora el tema de la violencia doméstica –a pesar de esfuerzos de diferentes asociaciones-- no es más que material para tristes titulares de la prensa amarilla que llenan de morbo al lector, con cosas como: “le metió bala por celos del vecino”. ¿Por qué algo así vende periódicos y no genera algo más en quienes los leemos?
Las fechas están hechas para recordar lo que no debemos olvidar, mi día personal es el 14 de noviembre, el día en que la violencia desapareció de mi vida. Les pido disculpas si hace dos años me encubrí detrás de una persona inventada para hablar sobre mí misma. Mi única razón es que en ese entonces no podía. Ahora sí puedo y voy a hacerlo.
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CON DEFECTOS Y MANÍAS ¿TE AMARÉ?
Siempre hablamos de amor como la quintaesencia de la vida. Seguro lo es, pero ni cagando lo es todo el tiempo. Palabra de scout. Sin amor, o sin su encarnación en un ser humano llamado “mi amor”, nos condenamos a ser una triste y aburrida media naranja a punto de podrirse, seres incompletos, vacíos, con un monstruo tamaño Cloverfield en el interior que nos convierte en bichos raros en una sociedad en la que el emparejamiento funciona como un salvavidas social, un salvavidas sexual y por qué no, un flotador emocional que nos salvará del pantano venenoso de… ¡Oh, por Dios!, la soledad. Ay, que horror. Hay que enamorarse ya, sino no somos nada.
¿Acaso nos olvidamos que, como todo en esta vida, tener novio algunas veces es una joda? Pues, como dice Control Machete: ¡Sí señor!
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ADIÓS A LOS PATRONES.
La otra tarde caminaba por una calle escuchando música cuando vi a una señora que caminaba vendiendo, literalmente al paso, trozos de torta mármol; sí, esa de chocolate mezclado con vainilla. Sin embargo, lo que llamó mi atención no fue el postre en sí, sino la forma del molde en el que lo habían horneado. Era de esos clásicos con un hueco en el medio. De pronto, una imagen vino a mi mente seguida de un pensamiento que me remeció: al iniciar una relación ¿elegimos siempre personas que parecen hechas en el mismo molde?
Ustedes dirán ¿qué tiene que ver eso con la vendedora ambulante de torta mármol? Pues mucho.
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CUANDO DE PROMESAS SE TRATA ¿SOMOS DE OÍDO FÁCIL?
Dicen que los hombres son seres visuales, mientras que nosotras somos auditivas. Lo que yo creo es que algunas (temporalmente o por siempre jamás, depende del caso) tenemos un dispositivo instalado en los oídos para creer lo que no es una promesa ni un juramento, sino simples y llanas palabras de dudosa veracidad. Y ojo, el poder que ejerce este alocado sistema auditivo se multiplica cuando se trata de palabras como amor, lealtad, fidelidad, futuro y eternidad. ¿Verdadero o falso?
¿Solo creemos lo que queremos escuchar? y, en más de un caso, ¿nos hemos vuelto adictas a las mentiras? Veamos.
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LOS HOMBRES NO SON LOS ÚNICOS QUE LE TIENEN MIEDO AL COMPROMISO ¿O SÍ?
Dicen que los hombres solteros apenas escuchan la palabrita compromiso salen volando a velocidad “patitas para qué las quiero”. Yo también lo creía de buena parte de los habitantes de reino de la testosterona. Pero ahora que me encuentro en una posición muy diferente, solo me queda preguntarme: ¿Solo los hombres caen en el saco de tan popular cliché?, ¿quién dijo que el terror a comprometerse en una relación era propiedad exclusiva de del género masculino? Con un poco de vergüenza, he de admitir que hoy, por primera vez en mi vida, comparto ese miedo del que tanto he rajado, y me he visto reducida a dos opciones: o las mujeres también sentimos ese pánico a ser presas de caza y metidas de cabeza a una relación o simplemente ¿me estoy convirtiendo en hombre?
Hace cinco años volví a Lima y me gusta. Escribo desde niña en cuadernos que un día cambié por una laptop. Tengo 36 años. Vivo sola, soy tímida, me gusta escribir, vestirme de negro, reír, las bancas de parque, el cine, los besos en la boca, la música, los desayunos largos, coleccionar cajitas antiguas y conversar.Tengo tres trabajos, dos me gustan. Y como si fuera fácil, busco novio.