Si me hubiera acordado de pedir un deseo al soplar las velas invisibles de los 34, este sin lugar a dudas hubiera sido que me traigan otros 34 de lo mismo. No pido con esto que se reencarnen las mismas historias, que se reimpriman las hojas ya escritas ni que me reconforten las mismas canciones, sino que lo que sea que tenga que venir a partir de ahora lo haga envuelto de la misma pasión y cargado con las mismas ganas de siempre. Aun cuando tenga que seguir golpeándome ahí arriba en el bobo y allá abajo en los cojones, Aun cuando ese rebote pendular que se desprende de los actos temerarios del corazón me siga pateando con la esperanza de que algún día aprenda la lección.
Pueden estar pensando que el bendito email, - tan esperado por ustedes y ciertamente en su momento, por mí - , traería noticias esclarecedoras. Pueden estar diciendo ”¡qué salado es Rusca!” y alucinar que el correo demorón y misterioso traería respuestas fatales, inapelables, devastadoras, que arrasarían con lo poquísimo sembrado en el breve tiempo que pasamos juntos y que pisotearían como colilla de pucho de dos por china al polémico y vilipendiado Blind Date.
Explorador impertinente y curioso. Tengo 34 años. Asumo este reto de exposición pública con la intención altruista y filosófica de encontrar una mujer que me aguante. En su defecto, me conformo, aunque sea, con entenderlas un poquito más y prolongar la vida de soltero hasta que el cuerpo resista o alguien diga lo contrario. Más sobre mí en www.alfredorusca.com