No creo mucho en el calendario chino. Sin embargo, cuando hace un mes mi hermano Luis Federico –de paso por Lima– me habló con tanto entusiasmo del 2010 refiriéndose a él como el Año del Tigre, y repitiéndome hasta el cansancio que había que ser valiente y asumir las próximas alteraciones sin temor, me sentí persuadido por completo. Porque este atigrado 2010, no cabe duda, viene propiciando cambios por demás significativos (y estoy seguro de que no solo a mí).
1) El primer cambio, como saben, ha sido mi cambio domiciliario. Estoy por dejar la casa de mi mamá con una combinación de pena y orgullo, para morar en un apartamento del piso tres de un edificio. Aunque solo estaré separado de mi mamá, mi hermana y mis dos sobrinos por cuatro cuadras (hay quienes dicen que son tres, pero eso es discutible), no es difícil caer en la tentación de la nostalgia geográfica. Pese a la cercanía tangible, extrañaré mucho a mi familia, y cuando digo familia también estoy pensando en Vicenta, la chica que trabaja con nosotros, y por supuesto en Huesos, mi fiel perro sin velocidad ni pedigrí.
Apenas falta un detalle técnico-logístico para completar la mudanza: que me entreguen la cama y el colchón. Sin esos adminículos, no puedo todavía fundar mi reino ni declarar mi independencia.
2) El segundo cambio ha sido de corte, digamos, literario. Después de escribir poesía por muchos años, y de ejercitarme en la elaboración de relatos para Internet desde el 2007, acabo de lanzar mi primera novela (Nunca confíes en mí, con el sello de Alfaguara) y eso, sin duda, representa –además de una satisfacción– una mudanza de géneros narrativos.
No sé qué vendrá en el futuro (¿más poesía? ¿otras novelas? ¿más proyectos inclasificables?), pero el solo hecho de sentir que las opciones están abiertas me proporciona una oleada de entusiasmo, de ciega confianza. Debe ser por eso que ansío con vehemencia estar ya sentado en mi nuevo escritorio, cuya silla ergonómica, con refuerzos en la zona dorsal, compraré esta misma tarde. Tengo que elegir esa silla con cuidado, porque será allí donde piensa y escriba las próximas cosas que refuercen mi identidad literaria.
3) El tercer cambio es justamente el que motiva este post final: cierro el blog para abrir una modesta página web. Las razones son varias, pero podrían reducirse a un único comentario lapidario: ya–toca–ya.
Después de alimentar por tres años ininterrumpidos el Busco Novia (que ha sido, a pesar de algunos enemigos chúcaros, la bitácora más buscada, leída y comentada de la concurridísima web de El Comercio durante ese lapso), he optado por generar un espacio personal, temáticamente más libre, que sea algo así como una pequeña trinchera, íntima y pública al mismo tiempo. Un diario secreto pero compartido: el diario privado de RC.
Esta nueva bitácora está disponible desde este mismo instante. Apenas hagan clic ahí podremos prolongar la relación virtual iniciada en este sitio, al cual le estoy lógica y profundamente agradecido. Escribir durante tantos meses aquí ha marcado profundamente mi relación con el lenguaje, mi relación con la ‘idea’ del lector, con mi yo periodístico. Gracias a esa relación ha sido posible dotar al blog de una especie de ‘ánima’, y hacer que Internet parezca un territorio menos frío, menos árido, menos superficial.
Así como hay objetos que parecen tener vida propia y carácter, la complicidad de ustedes ha facilitado que este blog sea –por lo menos para mí– un lugar: algo así como un patio, un parque, una sala de estar, un bar gratuito donde provoca estar un rato.
[Por cierto, confío en que mis buenos amigos de la web de El Comercio mantendrán colgados siquiera por un tiempo los más de 130 post escritos hasta hoy, pensando quizá en el solaz esparcimiento de algunos nuevos lectores que, confundidos, aterricen por casualidad en el querido Busco Novia].
En esta fuga, por cierto, me acompaña el leal y temerario Robotv, que volverá a compartir con todos sus divertidos e inteligentes dibujos.
4) Finalmente, quiero anunciar –con ensombrecida alegría– que me mudo de trabajo. Dejo El Comercio después de haber trabajado allí por más de diez años, y me mudo al Grupo RPP. ¿Por qué lo hago? Pues porque tengo ganas de hacer radio, de explorar, de tener más tiempo libre para escribir, y básicamente porque quiero evitar un desgaste mayor.
De todos modos, algo –un sexto sentido– me dice que más que una ruptura definitiva e innegociable, este es un largo brake que nos tomamos El Comercio y yo para volver a necesitarnos en el futuro.
Quisiera subrayar el inmenso cariño que le guardaré siempre al diario (o mejor dicho, a las personas del diario, o mejor dicho, a ciertas personas del diario), porque allí crecí, me formé como periodista y coseché lo mucho o poco que tengo.
Si me animo a comentar mi partida en este espacio, es porque así también me ahorro la tentación de mandar uno de esos horribles mails comunales en los que la gente que renuncia a un trabajo dice cosas insulsas, gaseosas, aprendidas de paporreta, escritas con una engolada retórica de oficina que agrisa los sentimientos que, se supone, deberían aflorar en un momento de despedida. Seguramente han recibido más de un correo con paparruchadas del tipo “después de tantos años es hora de asumir nuevos desafíos en otros campos”; “mi decisión responde a motivos estrictamente profesionales”; o “quiero agradecer la oportunidad que me brindaron de conocerlos y de respirar el buen ambiente laboral y humano que caracteriza a esta empresa”. O sea, bla–bla–bla. Fururú, farará.
Lo peor de todo es que uno termina de leer esos mails tan teóricamente compungidos, se detiene en el nombre del flamante renunciante y se pregunta en voz baja: ¿pero quién carajo es este huevón? ¡Nunca lo he visto en mi vida!
Por eso, para evitar esos papelones electrónicos, escribo aquí, esperando que me lean los que deben leerme, los que, tal vez, algún día, en el comedor, en la redacción, en los pasillos, en las escaleras, quizá, con suerte, piensen en mí y hasta me extrañen.
[Ilustraciones y fotos: Alfonso Vargas Saitua (el inacabable Robotv). La escultura en plastilina es de Jean Pierre Deza, el papá del famoso Camote. Quedó buenísima, JP. Además, mi pene aparece robustecido e intimidante. Gracias por eso]
[Este es el excelente book trailer que mi amigo el director Daniel Rodríguez realizó para la presentación de "Nunca confíes en mí". Él y todo el equipo joven de Cinecorp hicieron un trabajo magnífico. Gracias, Daniel. Espero que sigamos trabajando juntos]
[Estas son las fotos del detrás-de-cámaras del trailer. Nuestro modesto 'behind the scenes'. Quiero agradecer de corazón a los actores Milene Vásquez, Alessandra Denegri y Daniel Neuman, que hicieron de Amanda, María Pía y Gabriel, respectivamente]
[Gracias a todos los lectores que fueron al Bar Ayahuasca el miércoles 24 de febrero y me acompañaron en la presentación de la novela, que ya está disponible en librerías y supermercados. Mención especial para Patty del Río, que estuvo perfecta. Este viernes 12 de marzo estaré en la librería LA FAMILIA (en Diagonal, frente al Parque Keneddy de Miraflores) a las 6 p.m. firmando ejemplares a los que puedan pasar por allí. Los espero]
[Por último, quiero aclarar públicamente que el personaje de la novela María Pía Arbulú no está inspirado ni tiene nada que ver con María Pía Arbulú Mazzini, quien me escribió al Facebook muy contrariada por la homonimia. Se trata de una coincidencia faltosa, pero involuntaria. Sorry y gracias por la comprensión]
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Busco novia (Renato Cisneros)
Explorador impertinente y curioso. Tengo 34 años. Asumo este reto de exposición pública con la intención altruista y filosófica de encontrar una mujer que me aguante. En su defecto, me conformo, aunque sea, con entenderlas un poquito más y prolongar la vida de soltero hasta que el cuerpo resista o alguien diga lo contrario. Más sobre mí en www.alfredorusca.com