Debe haber sido casi la una de la mañana cuando me levanté para callar a mi sobrino Rodrigo, que desde su cuarto emitía una serie de gruñidos que no me dejaban dormir. Cuando llegué al umbral de su puerta, vi que el pobre niño estaba desvelado, insomne, tan despierto como si fueran las dos de la tarde. Antes de que lo resondrara, Rodrigo hundió su cara en la almohada, fingiendo estar amodorrado.
Leer másMi viejo amigo Jaime Z me llama en la madrugada al celular. Son casi las dos de la mañana. El telefonazo me toma por sorpresa, sacándome por completo de la lectura de la novela en la que estoy metido hasta las narices: Leviatán (Paul Auster).
“Estoy afuera de tu casa. Dime por favor que estás aquí. Necesito hablar contigo. Es urgente”.
Le pregunto qué le pasa. Me dice “ahora te cuento”. Lo noto tan ansioso y preocupado que le pido que me dé unos minutos para cambiarme el pijama (short sucio + polo viejo) por un atuendo algo respetable (short viejo + polo sucio).
Explorador impertinente y curioso. Tengo 34 años. Asumo este reto de exposición pública con la intención altruista y filosófica de encontrar una mujer que me aguante. En su defecto, me conformo, aunque sea, con entenderlas un poquito más y prolongar la vida de soltero hasta que el cuerpo resista o alguien diga lo contrario. Más sobre mí en www.alfredorusca.com