Extraña manera de terminar este Blog, o al menos la versión Rusca. Las expectativas sobre su futuro, ahora que ando felizmente enamorado, se fueron tornando con el paso de los días difusas y bipolares. Creo que finalmente la meta ha sido alcanzada y es momento de despedirse, de decir adiós.
Siempre que bailo “Candy” hago un poco de roche. La siento tan intensamente que no me contengo y me muevo por toda la pista como si fuera el único ser humano bailando en el mundo. Puedo sentir en la voz de Iggy Pop una bronca demoledora y alucinar en Kate Pierson a esas mujeres que después de ser víctimas de tantas desilusiones amorosas terminan tan curtidas que les importa un rábano si a alguien se le caen las lágrimas.
No hay mucho que decir cuando se vuelve a casa; prendes una vela, le das play a un disco, te sirves un trago, buscas un rincón y piensas en el viaje largo del que acabas de volver y en lo que hay que encarar, que, sino fuera por algunas pequeñas cosas, es como la nada
Punky conocía una versión bastante sesgada del roche y claro que cuando alguien solo oye la opinión de una de las partes es fácil parcializarse. A la gente como que le gusta tomar partido y hacer suyo al enemigo. Sea como sea, ahí saltando como monos aproveché para explicarle los hechos con mayor precisión.
No sé exactamente en qué momento reapareció su descolorida imagen en mi memoria. Pero al menos puedo decir con certeza que fue en uno de estos viajes largos e interminables, ya que en los cortos, o en Lima, los misterios permanecen siempre en la impunidad. De una forma u otra es así, Hesse dice, - al que cito en la exacerbación de este momento (y por motivos francamente inexplicables) - que todo el que quiera volver a nacer primero tiene que destruir un mundo.
El amor, o al menos la idea de amor que yo trato de cocinar, a fuego lento, sin protegerme del calor, sin evitar quemarme, sabe más o menos a un amor libertario, anarquista, a un amor incondicional. Se confunde con egoísmo el desapego con el que algunos buscamos amar. Pero es al entregar sin esperar nada a cambio, sin condiciones y sin obligaciones, que uno mismo se fortalece y se enriquece, porque ese gozo, ese placer, solo reside en uno, solo depende de uno. Al final está la muerte, una luz que ha sido oscurecida culturalmente con el propósito de que nos aferremos a lo que nos han acostumbrado y olvidar que somos tan únicos y transitorios como los rayos del sol en un atardecer de verano.
(Escenas del capítulo anterior: Llega finalmente a su fin, valga la redundancia, las peripecias de este blogger incansable que, en su odisea canadiense por conquistar el corazón de Jane, ha dado sucesivas vueltas al pasado revelándonos con nostalgia y desenfado el origen íntimo de sus aciertos y desaciertos. Después de la entrañable historia de Sophie nos volvemos a encontrar con Jane en el preciso instante en que le cuenta a Rusca el sexy e inusual episodio en el que conoció a su novio y futuro esposo. ¿Podrá Rusca concluir satisfactoriamente esta cacería?, ¿Volverá nuevamente a ser el conejo?, ¿Habrá aprendido a comer hamburguesas?. No se pierdan este esperadísimo capítulo final que promete ser una incursión inolvidable por los recovecos más insólitos e intrincados del amor.)
Joe es de esos tipos equilibrados que se toman la vida con calma. A pesar del divorcio que de hecho todavía le afecta no pierde la tranquilidad ni la compostura. Sentado solo en la esquina de la barra con una botella de Canadian, su rostro muestra un alma amigable y sonriente, tal vez lleva la procesión por dentro y contrariamente a lo que refleja está pasando un mal rato, no lo sé, pero me da la impresión que es de los que le encuentra la sabiduría incluso a los golpes y a las tragedias.
Sobre la silla de ruedas improvisada de mi escritorio me deslizo de la cocina al comedor, la pierna en alto con el yeso luce pálida y sin pelos. No voy a dejar que me lo firmen, tampoco me provoca hacer un drama al respecto, con la Papelera fue suficiente. Aprovecharé la inmovilidad para pensar y trazar nuevas metas y replantear mi conducta emocional, que es la única materia en la que me han jalado con roche en el 2010.
Si un ”One night stand” es un fogonazo, una salva iluminando la noche cerrada, tenerlo con alguien comprometido es adrenalina pura, fuegos artificiales, el cielo en llamas.